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ReutersMiércoles, 4 de febrero 2026, 00:01 | Actualizado 00:20h.
... en Facebook hace unos días un comentario íntimo, que solo era una confesión de escritor, y me insulta un montón de gente que no conozco de nada. Escribo un artículo el 24 de diciembre deseando Feliz Navidad a todo el mundo y lo mismo, me topo con odio y desprecio irracionales. La concordia y la serenidad han desaparecido. También han sido condenados la ironía amable y el humor inteligente. Como escritor que soy tengo redes sociales, porque son útiles para difundir mi trabajo. Pues a mis redes vienen odiadores profesionales a machacarme. Felicité la Navidad a todos los escritores del mundo, vendan o no vendan libros. Pues los que no venden libros se sintieron insultados. Madre mía. Digas lo que digas serás culpable. Muchos amigos me dicen que es la envidia. Sí, es envidia. Pero ahora la envidia se ha convertido en odio, y eso se ve en las redes sociales, que permiten el linchamiento, el anonimato y los juicios sumarísimos. Y luego está la muerte de la verdad. La verdad se ha muerto. Por eso es muy necesario que nuestros políticos se lleven bien. Al menos que den muestras de amabilidad. Porque ellos son el espejo en donde nos miramos todos. Basta ya de llamar asesinos a los políticos, pero antes que otra cosa basta ya de políticos que no dimiten. Basta ya de odiarnos. Basta ya de insultarnos todos los días. Hay que dar ejemplo. La dimisión es una forma ejemplar de estar en política y en todas partes.Límite de sesiones alcanzadas
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