La pequeña, nacida en el Materno Infantil de Málaga, recibió con solo cinco meses la donación en vida de parte del hígado de su tía en un trasplante pionero realizado mediante cirugía robótica en el Hospital Reina Sofía
Regala esta noticia Añádenos en Google La pequeña Laura en brazos de su tía, junto a sus padres David Jiménez de la Plata y María de Haro, su hermana y un familiar. (SUR) 03/06/2026 a las 00:33h.A la pequeña Laura le encanta hablar, aunque a veces solo la entiendan quienes conviven con ella. Tiene curiosidad por todo, no para quieta y ... cada día encuentra algo nuevo que explorar. Corre, juega, protesta cuando algo no le gusta y pone a prueba la paciencia de sus padres como cualquier niña de su edad. «Es pura alegría», dice su madre, María de Haro. «Es luz. Ella entera en sí misma es un poquito de luz en nuestras vidas».
La bebé nació en el Hospital Materno Infantil de Málaga con atresia de vías biliares, una enfermedad congénita poco frecuente en la que los conductos encargados de transportar la bilis no se desarrollan correctamente. La acumulación progresiva de esa bilis termina dañando el hígado y puede derivar en cirrosis. En estos casos, el trasplante hepático es la única opción terapéutica.
Al principio, la enfermedad se presentó de forma parecida a otras situaciones habituales en recién nacidos. La niña tenía ictericia. Su piel mostraba un tono amarillento y recibió los tratamientos habituales. Sin embargo, las semanas pasaban y la mejoría no llegaba.
La preocupación fue creciendo hasta que la familia recibió una llamada que cambiaría todos sus planes. A los dos meses de nacer la pequeña debían desplazarse al Hospital Reina Sofía de Córdoba para realizar nuevas pruebas. «Íbamos preparados para estar tres días y al final fueron tres meses», recuerda María. La biopsia realizada en abril del pasado año confirmó la gravedad de la situación. Los médicos determinaron que la niña necesitaba un trasplante urgente y fue incluida en la lista prioritaria nacional. El tiempo corría en su contra. «Nosotros no éramos conscientes de hasta qué punto estaba mal», admite su madre. «Pero si nuestra niña no era trasplantada, se iba».
Y su tía no dudó en dar un paso al frente. «Le dije a mi hermana: me voy para Córdoba y mañana, si hace falta, nos trasplantamos». Y así llegaron los análisis, las pruebas de compatibilidad y las evaluaciones psicológicas exigidas en cualquier proceso de donación en vida. Pero la decisión ya estaba tomada. Laura de Haro, farmacéutica y nutricionista clínica de 40 años, resultó compatible. Ni su padre, David Jiménez de la Plata, ni su madre pudieron convertirse en donantes por motivos médicos.
Técnica pionera
La intervención se realizó el 21 de mayo de 2025 en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Actualmente, solo cuatro hospitales españoles cuentan con capacidad para realizar la extracción hepática de donante vivo: La Paz, La Fe, Vall d'Hebron y Reina Sofía. La operación incorporó además una técnica especialmente avanzada. La cirugía robótica aplicada a la extracción hepática de donante vivo comenzó a utilizarse en Córdoba en 2024 y fue la empleada en este caso tanto para la donante como para la receptora.
Tía y sobrina, donante y receptora, llevan una vida normal. (SUR)Laura de Haro recuerda poco del quirófano y mucho de la recuperación. Sufrió una anemia importante, varios meses de baja laboral y una rehabilitación prolongada para recuperarse de la intervención. «Claro que duele», dice. «Quien diga que no, miente, pero el dolor se pasa».
Mientras tanto, la pequeña Laura retomaba una vida que apenas había empezado cuando se truncó. Tras la operación permaneció varios días sedada. Su cuerpo necesitaba tiempo para adaptarse al nuevo órgano. Los médicos vigilaban cada evolución, cada análisis y cada respuesta de un organismo que apenas tenía cinco meses de vida. Su madre recuerda que incluso entonces la niña parecía empeñada en seguir adelante.
El postoperatorio estuvo marcado por las curas, las revisiones y una larga lista de medicamentos que la familia aprendió a administrar con precisión casi milimétrica. Con el paso de los meses, aquellas pautas fueron reduciéndose. «Cada vez que le quitaban una medicación era una alegría», explica María. «Significaba que ella estaba bien».
Hoy la rutina sigue teniendo algunas particularidades. Antes de comer debe tomar una medicación específica y toda la organización familiar gira en torno a esos horarios. «Nos hemos adaptado. Si ella tiene que cenar a las ocho, cenamos todos a las ocho». Más allá de esos cuidados, la vida se parece mucho a la de cualquier otra familia con una niña pequeña. «Si no le contamos a nadie que está trasplantada, nadie lo sabe», afirma su madre. «Tiene sus berrinches, sus cosas, sus pocas ganas de comer lo que no le gusta. Es una niña absolutamente normal».
«Mi hermana le ha regalado una nueva oportunidad a mi hija para el resto de su vida»
María de Haro
Madre de la bebé trasplantada
Las revisiones médicas confirma además una evolución favorable. Su crecimiento se encuentra dentro del percentil que corresponde a su edad y la respuesta del trasplante está siendo «muy positiva». Pero para María el aprendizaje va mucho más allá de los informes clínicos. El paso por el hospital cambió la forma de mirar a los demás y también la manera de entencer los problemas cotidianos. «Empatizamos muchísimo más con la gente que pasa por una situación parecida», explica. «Hemos aprendido qué es realmente un problema y qué no lo es».
La experiencia también reforzó los vínculos familiares, los de la pequeña con su tía, pero también entre las hermanas. Cuando María de Haro habla de Laura, la emoción aflora: «Es lo más bonito que han hecho por alguien nunca», dice. «Mi hermana le ha regalado una nueva oportunidad a mi hija para el resto de su vida». Y antes de despedir la conversación telefónica con SUR, María no deja pasar la oportunidad de expresar todo lo que siente: «No creo que vaya a tener vida suficiente para agradecerle tanto».
Una familia con arraigo en El Palo
La historia de Laura de Haro y su hermana María está profundamente ligada a El Palo, el barrio donde su familia ha dejado una huella imborrable a través de la enseñanza. Hijas de Francisco de Haro, maestro de Educación Especial, pertenecen a una saga de educadores encabezada por su abuelo, también llamado Francisco de Haro, una figura muy querida en la zona y que da nombre a una glorieta del barrio. De los ocho hermanos de aquella generación, la mayoría ejercieron la docencia, consolidando una tradición familiar dedicada a la formación de varias generaciones.
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