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El establecimiento lleva diez años en la calle Arenisca. La bocatería malagueña Ñam Ñam Poti Poti anuncia por sorpresa su cierreConocida por los camperos de más de un kilo y su afición malaguista, tiene dos meses de plazo para despedirse de la barriada Santa Cristina, aunque ya busca nueva ubicación
Lunes, 23 de febrero 2026, 00:00
... Ñam Poti Poti, la bocatería que regenta en la barriada Santa Cristina (cerca del Camino San Rafael). Apenas 24 horas después, la publicación se acerca a las 100.000 visualizaciones y los mensajes se agolpan en su móvil. «Esto es una locura, tengo cientos de comentarios y llamadas sin contestar. A mis 48 años, aquí me ves llorando con cada mensaje», reconoce a este periódico el empresario malagueño.«Hoy ha llegado un día que pensábamos que tardaría más en llegar, hoy escribimos para decir adiós (esperemos que sea un hasta luego) a partir del mes de mayo cerramos las puertas (el propietario ha vendido el local) han sido casi 10 años maravillosos, muchas gracias». Así lo anunciaba la familia, «sobre todo por avisar a nuestros clientes para que se fuesen haciendo a la idea porque en los últimos días nos veían un poco apagados y sentíamos que teníamos que darles una explicación».
«Ha sido algo inesperado»
Esta misma semana, el propietario del local que han ocupado esta última década en la calle Arenisca les confirmaba la mala noticia para ellos. «Ha sido algo inesperado porque es verdad que hace como un año nos dijeron que tenían un comprador pero en noviembre nos dijeron que no habían llegado a un acuerdo y nos quedamos tranquilos, hasta que hace dos semanas volvieron a avisarnos de que parecía que iban a cerrar la venta, y esta semana nos lo confirmaron», detalla José Cruces con una mezcla de pena y motivación ante la respuesta de los malagueños.
«Por una parte estamos tristes por despedirnos de esta forma pero, por otra, muy contentos por las muestras de cariño y apoyo que estamos recibiendo. Es lo que nos da fuerza para seguir luchando». Porque no tienen dudas: «Nos negamos a acabar así. Tenemos claro que en mayo estamos trabajando».
«Por una parte estamos tristes por despedirnos de esta forma pero, por otra, muy contentos por las muestras de cariño y apoyo que estamos recibiendo«
Quiere creerlo animado también por la cantidad de mensajes que está recibiendo de gente que ve locales disponibles para continuar con el negocio en otra ubicación. Incluso rostros conocidos como Tomas García se han sumado a los apoyos: «'Veniros al Puerto de la Torre', nos ha dicho, aunque lo ideal sería encontrar un sitio no demasiado lejos. Si fuera así, igual ni esperamos dos meses». Es el tiempo máximo que les queda para bajar la persiana.
Apenas ocho semanas y muchas emociones y recuerdos que se le vienen a la cabeza: «Aquí hemos echado muchas horas, hemos superado una pandemia y hemos visto crecer a niños que antes venían a por el menú infantil y ahora se piden cerveza. De lo que más me alegro es de que la gente no sólo ha repetido, sino que ha vuelto con más gente«.
«Hemos hecho muchos amigos aquí, y quizás por eso ha tenido esta repercusión la noticia porque siempre hemos intentado ser algo más que un sitio en el que comerte un bocadillo, un sitio en el que disfrutar y estar a gusto, por eso desde el minuto uno hemos querido ser diferentes con propuestas divertidas». Entre ellas, los camperos de más de un kilo o los bocadillos de medio. Un motivo más para que gente tanto de Málaga como de fuera se animaran a visitarlos. Aunque también por las patatas rancheras o las Poti con pollo asado, otros dos alicientes de las casi cien propuestas que ofrecen en la carta.
Prácticamente lo elaboran todo ellos de forma casera (salvo las bases de pizzas que proceden de un obrador artesanal). «Mi padre era cocinero y nos enseñó que las cosas había que hacerlas bien, si no mejor no hacerlas», cuenta José Cruces, que comenzó junto a sus otros tres hermanos con otro negocio similar en Eugenio Gross.
Aunque las necesidades de espacio les llevó al actual en Santa Cristina, donde se han convertido en parte del tejido social malagueño, colaborando tanto con el mundo cofrade (los bocadillos de La Esperanza llevan su firma), con el Carnaval y, por supuesto, con el Málaga CF. Incluso fueron patrocinadores durante un año y hoy se han convertido ya una «mini Rosaleda» con cada partido a domicilio: «Hasta tuvimos que comprar otra tele. Disfrutamos con el Málaga como niños chicos».
Inspirado en unos dibujos animados
De hecho, la camiseta malaguista va en el logo. Un logo que viene de la serie de dibujos animados 'Los Aurones' y del personaje Poti Poti, siempre hambriento. En él se inspira el nombre y la imagen. «Me vino mientras estaba en el coche en una caravana y al final se quedó», recuerda José Cruces, lamentando la forma en la que deben irse: «Nos están dejando sin comercios de toda la vida, cada vez más bajos de los edificios se están dedicando a apartamentos y se está perdiendo esa vida de los barrios. Pero bueno, en el fondo nosotros sabemos que nos vamos, no porque nos haya ido mal, al contrario, y eso te dan más ganas de seguir adelante y buscar otro sitio».
Asegura que tienen que hacerlo no sólo por la clientela que lo pide sino también por ellos mismos. «Somos cinco casas las que vivimos de esto y todavía nos queda mucho para jubilarnos», advierte este inquieto malagueño que no se ve aprovechando la coyuntura para tomarse un descanso, como le ha sugerido algún vecino.
«Estamos acostumbrados a la actividad, no podemos pararnos», añade confiando en más de un comentario que proponía la posibilidad de que sea una situación para ir a mejor. «Si la cocina es más grande, seguro que sí», apunta entre risas quien puede servir en una noche a más de un centenar de clientes. Su aspiración es llegar a más, a toda esa gente a la que le tiene que decir que no hay mesa. Empieza la cuenta atrás para despedir una etapa y para empezar una nueva.
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