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La brecha de los niños vulnerables en verano: casi un millón se quedan sin beca comedor y la mayoría no puede ir a campamentos

La brecha de los niños vulnerables en verano: casi un millón se quedan sin beca comedor y la mayoría no puede ir a campamentos
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El 34%, de los menores no se pueden ir ni una semana de viaje con sus padres durante las vacaciones, según datos de la ONG Educo. Más información: 450.000 niños en España viven al límite de la pobreza infantil: no pueden comer carne, pollo o pescado cada dos días

Ocho de cada diez niños de familias vulnerables no van a campamentos en verano donde se les asegura su alimentación. Istock

Historias La brecha de los niños vulnerables en verano: casi un millón se quedan sin beca comedor y la mayoría no puede ir a campamentos

El 34%, de los menores no se pueden ir ni una semana de viaje con sus padres durante las vacaciones, según datos de la ONG Educo.

Más información: 450.000 niños en España viven al límite de la pobreza infantil: no pueden comer carne, pollo o pescado cada dos días

Publicada 3 junio 2026 01:02h

Casi un millón de niños de familias vulnerables van a perder en verano la única comida completa y nutritiva que tienen asegurada cada día. Con las vacaciones estivales y el fin del periodo lectivo se quedan durante esos 80 días sin la beca comedor de la que son beneficiarios, denuncia la ONG Educo.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, y citados por la entidad, el 5,6% (unos 450.000) de los menores de 18 años no pueden comer carne, pollo, pescado o proteína vegetal cada dos días.

Para ellos y sus familias, disponer de esta ayuda supone un alivio económico enorme y la tranquilidad de saber que se alimentarán adecuadamente. Ambas desaparecen cuando llega el verano.

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Hablamos de hogares que ya tienen dificultades para llenar la nevera durante el curso escolar "y que ahora que los hijos e hijas están en casa a mediodía, tendrán que gastar más dinero en las comidas", dice Pilar Orenes, directora general de la ONG Educo.

"En el cole sé que mis hijos se alimentan adecuadamente", cuenta Mónica, una de las madres entrevistadas por la ONG para su informe. Allí comen pescado una o dos veces por semana, por lo que ella solo lo compra una vez al mes y, así, tiene dinero para cubrir otros gastos.

A estos menores hay que sumarle los 1,3 millones que, por su situación de vulnerabilidad, deberían recibir una beca comedor durante el curso y no la tienen. En verano, la inmensa mayoría tampoco dispondrá de ninguna ayuda para la alimentación.

Orenes explica que la mayoría de ellos pierde la beca comedor al pasar al instituto. Siguen necesitándola pero su instituto no cuenta con comedor. Solo el 18% de centros públicos de ESO tiene este servicio, lo que hace que se deniegue automáticamente.

Por otro lado, la inversión insuficiente de las autonomías y la complejidad burocrática agravan esta exclusión del sistema. Además, los baremos de renta exigidos son "excesivamente bajos" y muchas familias necesitadas quedan totalmente excluidas por requisitos administrativos estrictos, como es el caso de las familias migrantes no regularizadas, lamenta Orenes.

Sin acceso al ocio

Otra de las realidades que ha captado Educo es que más de un tercio, un 34%, de los menores no se pueden ir ni una semana de viaje con sus padres durante las vacaciones. Solo el 15% de los que sí lo hacen son de renta baja.

Esta es una de las primeras opciones en desaparecer de la lista cuando las familias experimentan dificultades económicas, afirma Orenes.

Gabriel González-Bueno, especialista en políticas de infancia de UNICEF España, reclama esto como "una de las experiencias fundamentales de los niños y niñas, alineado con su derecho al ocio, el tiempo libre y el acceso a actividades culturales".

Ricardo Ibarra, director de la Plataforma de Infancia, define ese dato como uno de los indicadores de privación material más infravalorados en el debate público. Algo que achaca a que, culturalmente, las vacaciones se perciben como un lujo en lugar de como una necesidad.

Sin embargo, sus consecuencias están documentadas y acaban produciendo una mayor desigualdad entre la infancia, añade. Los niños en estas circunstancias acumulan estrés y tienen menos oportunidades para su desarrollo.

En ese sentido, no poder disfrutarlas o no poder compartir tiempo con la familia "tiene su impacto en la vida, la socialización de los niños y en cómo se perciben respecto a sus compañeros".

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Ser conscientes de que su familia no puede permitirse salir de su entorno, perjudica a su autoestima y bienestar emocional, señala Orenes. "La sensación de desigualdad va calando, y ante esto se puede reaccionar de muchas maneras, como con tristeza, vergüenza o frustración".

Muchos tampoco tienen la oportunidad siquiera de acudir a campamentos o colonias en verano, advierten desde Educo. Ocho de cada diez niños de familias vulnerables no van a campamentos en los que se les asegura su alimentación.

Estas actividades, defienden desde la ONG, "contribuyen a su desarrollo educativo, social y emocional" y no poder contar con ellos ensancha, una vez más, la brecha con sus coetáneos que sí pueden.

Ibarra explica que esto incide en el desarrollo y las oportunidades de estos niñosy no solo por las carencias propias de su hogar (alimentación, ausencia de condiciones adecuadas de temperatura…).

El portavoz de la Plataforma de Infancia explica que en estos sitios también adquieren competencias como habilidades sociales, emocionales, físicas o, incluso, lingüísticas que se trabajan con la socialización y el proyecto educativo de cada uno de estos campamentos. Si no acceden a ellos, pierden esas experiencias.

Los efectos negativos no se quedan solo a nivel social y educativo. Con las altas temperaturas del verano, "participar en este tipo de actividades es ofrecer un refugio climático a la infancia", apunta la directora general de Educo.

Ante esta situación, muchos se ven abocados a pasar el verano solos en hogares sin una climatización y alimentación adecuadas y acompañados únicamente por las pantallas porque sus padres tienen que trabajar, lamentan desde la ONG.

Pedro Gorrotxategi, presidente de Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), cuenta que todas estas diferencias pueden repercutir a nivel social y emocional.

Esos efectos pueden ser devastadores "en la autoestima, la autoconfianza y las relaciones interpersonales de los niños". La falta de recursos materiales y el estrés asociado con la pobreza pueden generar sentimientos de vergüenza, ansiedad y depresión.

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"La infancia que más necesita salir de casa para compensar sus menores recursos son los que menos pueden hacerlo por razones de salud y seguridad climática", expone Ibarra.

Los docentes ya lo describen cada año, añade. "Hay un grupo de alumnos que en septiembre está más apagado, menos motivado, con menos cosas que contar".

No es pereza ni desinterés, sino el resultado de un verano sin estímulos, sin estructura y, en ocasiones, marcado por situaciones de estrés familiar. "Ese inicio de curso más lento tiene un coste en términos de rendimiento que se arrastra durante meses", avisa.

Pobreza estancada

En España, 1 de cada 3 niños, niñas y adolescentes viven en riesgo de pobreza y exclusión, un dato que lleva estancado más de una década y que refleja el fallo del sistema.

La cifra es una de las más altas de la Unión Europea, apunta Ibarra, y nos indica que los ciclos económicos no arrastran consigo a la infancia vulnerable, al menos no siempre. "Cuando el país crece, estos menores no lo hacen con él".

Estos fallos en la estructura son muy identificables y concretos, según el portavoz de la Plataforma de Infancia. En primer lugar, el apoyo es insuficiente e inestable: España solo invierte el 1,3% del PIB en prestaciones para la familia y la infancia cuando la media europea es del 2,4%.

En segundo lugar, el Ingreso Mínimo Vital no ha llegado a la infancia y aún menos el Complemento de Ayuda a la Infancia asociado. "Era una oportunidad histórica que no ha llegado a la gente que lo necesita, el 72% de los potenciales beneficiarios no lo reciben", denuncia Ibarra y agrega que faltan políticas universales.

Por último el director de la Plataforma de Infancia lamenta la ausencia de servicios públicos suficientes para los menores. Muchas familias tienen dificultades para cubrir servicios básicos como la educación 0 a 3, el dentista, el oculista, el comedor escolar, acceso a extraescolares, entre otros.

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Orenes expone que este es el reflejo de que las decisiones que se toman desde la política "no están poniendo a la infancia en el centro" y que las medidas que se han adoptado para reducir la pobreza infantil no están funcionando como deberían.

Para ellos, la solución pasa por invertir en educación y, especialmente, por considerar el comedor escolar como parte de ese derecho. "Es una medida concreta que tiene el foco puesto en los niños".

Ibarra está de acuerdo y subraya que el comedor escolar "no puede seguir siendo un servicio educativo complementario sujeto al calendario lectivo". Hace falta que la alimentación adecuada con financiación del Estado llegue a los municipios "independientemente de si hay, o no, clases"

Hay que avanzar en garantizar el acceso al comedor escolar para todas las familias en situación de vulnerabilidad, y garantizar cocinas propias en todos los centros escolares; incluida secundaria y bachillerato.

Desde Educo también piden que la infancia en situación de vulnerabilidad participe en verano en actividades de ocio educativo que incluyan la comida durante al menos 15 días y de manera gratuita.

Estas medidas no son solo una cuestión de justicia, sino de eficiencia en política pública, destaca Ibarra. Subvencionar estos servicios supone un coste marginal bajo si se compara con el gasto futuro por fracaso escolar, problemas de salud mental, menor empleabilidad y mayor dependencia de prestaciones sociales, concluye.

  1. Objetivo 1: Fin de la pobreza
  2. Objetivo 2: Hambre cero
  3. Objetivo 10: Reducción de las desigualdades

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