LA TRIBUNA
La calidad y los orinesTendremos turistas de calidad cuando la ciudad lance mensajes de calidad
Regala esta noticia Añádenos en GoogleSALVADOR MORENO PERALTA
ARQUITECTO
07/07/2026 a las 02:00h.La noche de San Juan es una de las clásicas muestras de las llamadas «fiestas de inversión» - bacanales, carnavales, saturnales, etc- en las que se ... da rienda suelta a esa cíclica necesidad de desfogarse que está en todas las culturas y en todos los lugares, sublimando mediante la fiesta o el sacrificio ritual la inquietud por fenómenos telúricos que no podemos controlar.
El alcalde, evidentemente alarmado ante un deterioro que se nos va de las manos, clama por que en Málaga aterricen muchos hoteles de calidad, llegando a proponer la prohibición de los establecimientos de menos de cuatro estrellas, pero nunca ha sido buena solución poner la carreta antes de los bueyes y esto, con todos los respetos, es como prohibir los mercados de barrio y obligar a los vecinos a comprar sólo 'delicatessen'. No es posible ignorar a estas alturas que el concepto de calidad hoy, referido al turismo en la globalización, está en las características del destino, del conjunto de la ciudad que se declara turística, y no sólo en la excelencia de unas instalaciones singulares. La globalización ha creado un perfil demográfico a lo largo de la Costa del Sol en el que los turistas y los residentes, ya sean foráneos o autóctonos, constituyen un espectro demográfico unido por la común condición de CIUDADANOS.
Hoy la costa es una ciudad continua con un millón y medio de habitantes y más de 160 nacionalidades diferentes
Hoy la costa es una ciudad continua con un millón y medio de habitantes y más de 160 nacionalidades diferentes, jalonado por una serie de núcleos urbanos que, a excepción de Málaga capital, han pasado de pequeños pueblos a ciudades importantes. En los comienzos del Turismo, un destino turístico era aquel que, por definición, aportaba siempre ese punto de fascinación por lo exótico, por lo distinto al lugar de origen, pero sin perder las confortables condiciones de este: el turismo tenía un poco de aventura... pero controlada y segura. Antes, un espacio turístico tenía que ofrecer exotismo y seguridad, pero ahora, en esta ciudad global de ciudadanos, el turismo tiene que ofrecer exotismo, seguridad... y calidad de vida.
Y la calidad de vida -término más fácil de percibir que de definir- apunta a lo que ya Castells y Borja en su 'Local/Global' de hace treinta años consideraban como los atributos de los lugares fuertes de la modernidad, es decir, aquellos que permitían simultanear en un mismo ámbito la residencia, el ocio, el trabajo, la sanidad, la enseñanza permanente, la cultura, la naturaleza, el patrimonio, la tecnología... y, por supuesto, el clima. En suma, 'Vivir' como algo más que un concepto existencial. 'Vivir' como un recurso económico para los lugares siempre que estos rezumen la calidad que se desprende de la fecunda interrelación de sus múltiples funciones, de esa cosa que se cuece al fuego lento de la excelencia continuada y que se llama 'prestigio'. Y ello, lógicamente, concierne a todo: a los hoteles, ya sean 'boutiques' o cinco estrellas gran lujo, pero también al ritmo pausado de la vida del barrio, a la limpieza del espacio público, a las buenas librerías, las oficinas y lugares de trabajo, al pequeño comercio, la vivienda tradicional, ... en definitiva, todo lo que traduce el verdadero triunfo de la ciudad aunque lo estemos sacrificando en el altar de la impostura, del turismo masivo y la invasión de esos caballos de Troya flotantes que son los cruceros.
Parece mentira que no nos hayamos dado cuenta de que la calidad turística de un lugar es la calidad de su vida urbana cuya oferta envía a la demanda unos mensajes de excelencia que acaba perfilando las actitudes de esta: tendremos turistas de calidad cuando la ciudad lance mensajes de calidad. Y los malagueños no hemos contribuido durante décadas a que esta ciudad sea mejor de lo que era para que ahora lancemos el mensaje de que, sin que pase nada, se pueda mear uno en los zócalos de los monumentos y en los prostituidos escenarios de la historia, en chanclas y con el torso desnudo y desafiante.
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