Hoy se cumplen seis meses del accidente ferroviario
La carta de unos padres que perdieron a su hijo en Adamuz: «Es una herida imposible de cerrar, una ausencia que rompe el alma para siempre»«Deseamos que el tiempo nunca borre el recuerdo de Álvaro, ni el de las otras 45 víctimas de aquella tragedia, ni el sufrimiento de los más de 150 heridos»
Regala esta noticia Añádenos en Google Álvaro García, tenía 32 años y era capitán enfermero de La Legión. 18/07/2026 Actualizado a las 00:40h.«A nuestro hijo y hermano:
El 8 de abril de 1993 nació nuestro primer hijo, Álvaro García Jiménez. Aquel día cambió para siempre nuestras ... vidas. Llegó la mayor alegría que una joven pareja puede recibir, por fin éramos padres.
Álvaro creció rodeado del cariño de su familia. Era un niño alegre, noble, responsable y lleno de vida. Con esfuerzo, sacrificio y una enorme vocación de servicio se graduó en Enfermería. Apenas dos años después, el 18 de julio de 2018, vio cumplido uno de sus grandes sueños: convertirse en Teniente Enfermero de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas.
Aquel fue un día inolvidable, de emociones, satisfacción, de alegría y felicidad, un orgullo inmenso para toda la familia. Con solo 24 años comenzaba una vida llena de ilusiones, proyectos y futuro.
Su primer destino fue el Arsenal de la Armada de Las Palmas de Gran Canaria. Allí encontró grandes compañeros, hizo amigos que conservaría para siempre y desempeñó su trabajo con la entrega, la profesionalidad y la humanidad que siempre le caracterizaron. Tres años después se despedía de ellos para incorporarse a un nuevo destino.
El 3 de septiembre de 2021 se incorporó a la IV Bandera del Tercio Duque de Alba 2.º de La Legión, en Ceuta. Era exactamente donde quería estar: en su amada tierra y en la unidad que tanto admiraba. Allí fue recibido con los brazos abiertos y dejó una huella imborrable por su compañerismo, su alegría, su cercanía, su espíritu de sacrificio y su amor por La Legión.
Álvaro amaba la vida. Disfrutaba de su familia, de sus amigos, del deporte, de viajar y de descubrir otros países, sus culturas, sus costumbres y su gastronomía. Le apasionaba ejercer su profesión y compartir el día a día con sus compañeros de las Fuerzas Armadas. Vivía intensamente, siempre con una sonrisa.
Pero el destino quiso arrebatárnoslo de la forma más cruel.
Tras regresar de unas vacaciones en Costa Rica, el retraso de su vuelo a Madrid le obligó a cambiar sus billetes. Aquel cambio de última hora hizo que subiera a un tren que jamás debió coger.
El 18 de enero de 2026, a las 19:45 horas, se produjo el trágico accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba). Nuestro hijo viajaba en uno de aquellos trenes.
Las primeras horas fueron una auténtica pesadilla. Nos aferrábamos a la esperanza de que estuviera entre los heridos. Lo buscamos sin descanso, llamándolo una y otra vez con la esperanza de escuchar su voz. Pero el teléfono nunca respondió.
Fueron cuatro días eternos de angustia, incertidumbre y desesperación, hasta que finalmente apareció su cuerpo.
No existen palabras capaces de describir el dolor de unos padres cuando pierden a un hijo. Es una herida imposible de cerrar, una ausencia que rompe el alma para siempre. Ningún padre ni ninguna madre deberían tener que despedir a un hijo.
Desde aquel día nuestras vidas dejaron de ser las mismas. La felicidad, la tranquilidad y la ilusión desaparecieron de golpe. A veces seguimos despertándonos esperando que todo haya sido una pesadilla de la que aún podemos despertar, pero la realidad siempre vuelve, cruel e implacable.
Desde el primer momento en Córdoba sentimos el inmenso cariño de nuestra familia: Jorge, Juanita, Rocío, Rosa, Almudena, Pedro, Rosita, Ulrich y César. También el de nuestros amigos: Adolfo, Enrique, Laura, Jorge y Antonio.
Y, cómo no, el de su querida Legión, representada por el Teniente Coronel Javier Veiga, el cabo primero Jalib y el cabo Rabed.
A todos vosotros os estaremos eternamente agradecidos. Gracias por sostenernos cuando ya no teníamos fuerzas para mantenernos en pie. Gracias por vuestro cariño, vuestro respeto y por no dejarnos solos.
Hoy se cumplen seis meses de aquel trágico día.
Seis meses que han pasado demasiado deprisa para el calendario y demasiado despacio para nuestros corazones.
Deseamos que el tiempo nunca borre el recuerdo de Álvaro, ni el de las otras 45 víctimas de aquella tragedia, ni el sufrimiento de los más de 150 heridos. Detrás de cada una de esas personas hay una familia rota para siempre: cuarenta y seis familias cuya vida cambió en un solo instante. Porque cualquiera de nosotros podría haber ocupado aquel asiento.
Nosotros hemos perdido a un hijo maravilloso.
Vosotros habéis perdido a un amigo.
Sus compañeros del Ejército y de La Legión han perdido a un hermano. Y el mundo ha perdido a una persona irrepetible.
Pero, Álvaro lo más preciado, LA VIDA
Desde aquella noche en Adamuz vivimos una lucha diaria contra la ausencia. Recordamos aquellas interminables horas llamándolo una y otra vez, esperando una respuesta que nunca llegó. Poco a poco la esperanza se fue apagando, hasta dejar paso al dolor más profundo que unos padres pueden conocer.
Álvaro era una persona extraordinaria: cariñoso, humilde, generoso, alegre y profundamente humano. Siempre estaba pendiente de su gente, en especial de sus padres y de su hermana. Sabía escuchar, aconsejar y tender la mano a quien lo necesitaba. Su profesión reflejaba perfectamente cómo era: una persona entregada a cuidar de los demás, sensible, comprometida y llena de valores que hoy echamos tanto de menos en nuestra sociedad.
Te echamos de menos cada día.
Te echa de menos tu familia.
Te echan de menos tus amigos.
Te echan de menos tus compañeros.
Y también tantas personas que, sin haberte conocido personalmente, han aprendido a quererte a través de quienes tuvimos la suerte de compartir la vida contigo.
Nuestro hijo perdió la vida aquel 18 de enero.
A nosotros nos rompieron la nuestra.
Intentamos aprender a seguir caminando, pero jamás volveremos a ser quienes éramos.
Álvaro, allá donde estés, deseamos que hayas encontrado la paz. Cuidanos como nosotros seguiremos cuidando de tu recuerdo. Te queremos con toda nuestra alma.
Sé feliz en el cielo; mientras nosotros vivamos, jamás dejaremos que tu nombre caiga en el olvido.
Tu familia, con todo nuestro amor, orgullo y respeto»
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