La nueva versión sigue contando la historia de una familia de finales del siglo XIX que abandona su hogar para empezar de cero en el Oeste, pero está hecha para una audiencia del siglo XXI
Regala esta noticia Añádenos en Google 'La casa de la pradera'. (RC) 11/07/2026 a las 00:07h.Es extraño empezar a ver 'La casa de la pradera' (Netflix) y descubrir que no suena la sintonía original. Mi generación lleva aquella melodía y ... aquellas niñas bajando la colina entre la hierba grabadas a fuego en la memoria. También el ritual: terminar rápidamente la paella del domingo para sentarse todos juntos en el sofá a ver la serie, una mezcla de drama, comedia y 'western' generosamente espolvoreado de azúcar. El postre perfecto.
Ahora, una se sienta sola delante del portátil a ver la serie después de comer cualquier cosa. Y ya no solo no suena aquella música, sino que lo primero que piensa al ver unas imágenes tan bonitas, tan perfectas y tan instagrameables es si las habrá creado una inteligencia artificial. La nueva versión sigue contando la historia de una familia de finales del siglo XIX que abandona su hogar para empezar de cero en el Oeste, pero está hecha para una audiencia del siglo XXI, acostumbrada a consumir estampas tan hermosas como prefrabricadas. Será por eso por lo que desconfiamos de cualquier belleza que parezca demasiado perfecta. Definitivamente, hemos perdido la inocencia.
También la perdimos al descubrir que Michael Landon, actor, director y productor de la serie, era un granjero tan noble y sanote como Charles Ingalls. Pero, según relata en sus memorias Karen Grassle, la actriz que daba vida a Caroline Ingalls, Landon era un jefe sexista y controlador que disfrutaba humillando al reparto. En esta nueva adaptación, es el australiano Luke Bracey quien retoma el papel de Charles. Muy atractivo, tiene tanto pelazo como Landon, pero más conflictos emocionales. Crosby Fitzgerald interpreta a Caroline, menos sumisa que en la versión original y capaz de mantener reluciente su melena pelirroja incluso en mitad de la nada (¿qué productos capilares utiliza esta familia?). Y Alice Halsey encarna a Laura Ingalls, narradora de la historia y autora de los libros autobiográficos en los que se ha inspirado la 'showrunner' Rebecca Sonnenshine. Su adaptación concede mucho más espacio a personajes que apenas tenían presencia en la serie clásica, especialmente a los osages, el pueblo indígena que habitaba las tierras donde se establecen los Ingalls.
Netflix se las promete muy felices con esta nueva versión de 'La casa de la pradera'. Llega justo cuando Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su fundación (para quien prefiera una visión menos épica del asunto, tiene 'Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad' en HBO Max), y en un momento en el que el país está en las garras de un presidente que, conquistado el Oeste, ahora quiere conquistar el Norte (léase Canadá y Groenlandia), que vende una política errática y demencial bajo el disfraz de la familia, la patria y la libertad y que propugna una vuelta a los valores tradicionales. Quizá esta adaptación no sea más que un intento de recuperar esos valores adaptándolos, hasta donde resulta posible, a la sensibilidad contemporánea con su diversidad racial, su reconocimiento de culpa por la devastación de los pueblos originarios, sus nuevas masculinidades y su empoderamiento femenino. Pero ya no somos tan inocentes como antes.
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