El hijo de Lim hace caso a Javier Solis y fulmina a toda la 'estructura' deportiva tras sentir la vergüenza del palco en sus propias carnes
Kiat Lim en una Junta de accionistas del Valencia.VCF- DIEGO PICÓ
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La familia Lim llevaba siete años sin pisar Mestalla. No es casualidad que el presidente del club, el hijo Kiat, tuviera que salir corriendo del palco tras la humillación sufrida por el equipo y por su apellido en el partido ante el Barcelona y poco después haya decidido pasar la catana por toda la estructura deportiva que le vendió su amigo y farsante Ron Gourlay. Un amigo valencianista de mucho tiempo me advirtió hace unos meses. "El escocés que han traído es un actor". Hoy mismo sigo con la duda. A Kiat le tocó el orgullo tener que salir de Mestalla a la carrera y con la cabeza gacha delante de un amigo de la familia como Joan Laporta y ese día decidió que Corberán y Gourlay estaban amortizados. Regresó a Singapur a pedir permiso a papá y gastarse los cerca de seis millones de euros que cuesta despedirlos a todos y una vez Peter dio el ok bajó la catana sin ningún tipo de remordimiento. A la calle y otro 'proyecto' nuevo.
Era evidente que con la dupla Corberán-Gourlay era imposible salvar la categoría. Entre ambos han confeccionado el equipo más mediocre de la historia del club y claro incluso el hijo de Lim, que muy avispado no parece en cuanto al mundo del fútbol se refiere, se ha dado cuenta de que le estaban timando. Gourlay dijo hace una semana que todo era un paraíso, que el equipo estaba creciendo y mientras el club se desangraba a ojos de todos. La visita de Kiat al partido del Barça fue un golpe para aguantar la gran mentira ante los ojos del hijo del dueño y claro, no ha habido más oportunidades.
El único que ha salvado la cabeza es Javier Solís, el director general al que alejaron del fútbol salvándole la cabeza. Todo apunta a que fue él el que susurró al oído de Kiat que o echaba a todos o fuera preparando una legión de trolas para que su padre no le riñera al volver a su país.
Corberán y Gourlay nunca debieron empezar la temporada. En un club normal nunca lo hubieran hecho. Pero se aferraron a la mentira de que todo iba sobre ruedas y no hemos superado mitad de septiembre y ya están en la calle. Se lo han ganado a pulso.
Ahora el problema es empezar de cero con una plantilla magullada y sin nivel. Los que vengan tienen un reto mayúsculo por delante, pero a poco que trabajen un mínimo el Valencia debe enderezarse. Si eres entrenador y no ganas te echan, si eres CEO de fútbol y no trabajas te echan... aunque la familia Lim esté al mando.