Gelephu es el ambicioso proyecto del 'rey dragón' para llevar a este pequeño país asiático al siglo XXI. Hablamos con la arquitecta que le da forma
Regala esta noticia Gelephu tendrá el primer aeropuerto construido con madera contralaminada del mundo. (BIG) 02/05/2026 a las 18:41h.Es inevitable. Cuando alguien piensa en la ciudad del futuro, a la mente vienen bosques de relucientes rascacielos y junglas de asfalto futuristas, a menudo ... surcadas por los coches voladores que prometían las películas del siglo XX y que no se han materializado aún. Quizá lo que más se acerca a ese imaginario colectivo de lo que debe ser el urbanismo de próximas décadas sean las artificiales megalópolis de Oriente Medio –Dubái, Abu Dabi, Catar o Riad– y los monstruos que ha construido China –como Shenzhen o Chongqing–.
Sin embargo, el 'rey dragón' de Bután, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, tiene una idea muy diferente, y mucho más optimista, de lo que tiene que ser la ciudad del futuro. El líder de ese pequeño país del Himalaya, un territorio del tamaño de Dinamarca acorralado por dos gigantes como China e India y en el que prefieren medir la riqueza en términos de felicidad y no de producto interior bruto, arrancó su reinado en 2006, tras la abdicación de su padre. Con solo 26 años, lo primero que hizo fue impulsar la democratización del Estado. Ahora, dos décadas después, ya tiene los planos para lograr que su legado sea también físico.
Solo se urbanizará el 4% del suelo y, aun así, puede llegar a albergar un millón de habitantes
Las excavadoras han comenzado a trabajar en los cimientos de Gelephu, una localidad en la frontera con India, que podrá alcanzar una extensión de hasta mil kilómetros cuadrados y que nace con la ambición de convertirse en el elemento sobre el que pivotará el desarrollo de Bután. Pero esta ciudad del 'mindfulness', un término que hace referencia a la conexión con el presente y el entorno en plena consciencia, es la antítesis de Dubái. Se levanta pensando en la sostenibilidad desde las diferentes acepciones del término y siempre con el ser humano y el entorno que le rodea en mente.
Los reyes de Bután.«Todo surge en el verano de 2023, cuando el rey de Bután, después de haber asistido a la coronación de Carlos III en Londres, se encontraba de visita en Copenhague. Buscaba estudios de arquitectura, se reunió con nuestro fundador –Bjarke Ingels– y nos invitó a visitar su país», recuerda en una entrevista exclusiva con este diario la socia del estudio BIG Giulia Frittoli. «Pasamos mucho tiempo en Bután para entender el lugar, la cultura y qué quería el rey. Es un mundo completamente diferente, bellísimo», comenta.
A las faldas del 'techo del mundo', el monarca les explicó las dificultades para expandir la capital, Timbu, encajonada entre gigantescas montañas que convierten la aproximación aérea a su aeropuerto en una experiencia no apta para pasajeros con problemas cardíacos, y la necesidad de levantar de cero una ciudad que facilite el crecimiento del país y se adapte a las necesidades del siglo XXI para evitar el éxodo de la juventud, que a menudo busca oportunidades laborales fuera.
Diferentes recreaciones de Gelephu.. (BIG)«Hay pocos líderes con su capacidad de liderazgo. Quiere diseñar una ciudad que salve al país», apunta Frittoli, que dirige el proyecto para crear una zona económica especial capaz de atraer innovación. Entre sus puntos fuertes se encuentra la energía hidroeléctrica, que incluso exporta a India y que podría servir de cebo para empresas tecnológicas que gestionen grandes servidores o requieran de una gran potencia de computación, ya que es un sector con un gran consumo energético.
Una ciudad para la felicidad
Bután es uno de los pocos países del mundo negativos en carbono. O sea, que atrapa más CO2 del que emite. Y, en gran medida, eso es posible gracias a que el 99% de su energía es renovable. A nadie se le escapa que la vecina India es una potencia tecnológica en auge, y que la política de visados entre los dos Estados facilita la circulación de sus ciudadanos, por lo que el proyecto puede resultar especialmente interesante para las multinacionales indias.
Pero el primer elemento de Gelephu que subraya Frittoli es que será «una ciudad totalmente butanesa». Además, se alineará con los nueve valores sobre los que pivota el particular 'índice de felicidad' del país, entre los que destacan el bienestar psicológico, la salud, la educación, el equilibrio entre trabajo y vida personal o la vitalidad de la comunidad. «Y la sostenibilidad medioambiental, porque Bután es pequeño pero lidera en este ámbito. De hecho, es el único país que protege el 60% de su territorio en la Constitución», señala la arquitecta, cuyo estudio es autor de obras como la ópera de Hamburgo, el museo de Suzhou, el estadio Athletics de Las Vegas o, más cerca, el edificio Gastronomy Open Ecosystem (GoE) del Basque Culinary Center en San Sebastián, que se ha levantado en colaboración con el estudio bilbaíno BAT.
En el diminuto país asiático, el ambicioso proyecto arrancará con la construcción de un aeropuerto, que será el primero levantado con madera contralaminada. «Es esencial para el éxito de Gelephu como centro de negocios, y también es un elemento vital para la seguridad nacional de Bután, especialmente para un país sin litoral. Se convertirá en un centro de aviación clave», avanza BIG.
A su alrededor, la ciudad irá tomando forma por fases. «Lo primero que vimos desde lo alto fueron ríos. Y, a diferencia de lo que se suele hacer, apostando por esconderlos a través de la canalización, les daremos más espacio y dejaremos que discurran con un espacio de seguridad para posibles inundaciones, asegurando la viabilidad futura de la ciudad incluso con los efectos que pueda tener el cambio climático, y sin entorpecer el tránsito de animales como los elefantes y creando corredores para los tigres», explica Frittoli, haciendo hincapié en que, a pesar de urbanizar solo el 4% del terreno, en el futuro Gelephu podrá albergar un millón de habitantes. «Es una capacidad máxima, pero queremos que vaya creciendo de forma orgánica y, ahora que nos centramos en los detalles, pensamos en 250.000. La primera fase es incluso más pequeña», explica.
No se puede olvidar que se trata, en esencia, de un centro de negocios. Eso sí, completamente diferente al resto de los que salpican el mundo. Para empezar, será sobre todo verde, no gris. Y el equipo de Frittoli ha decidido lidiar con los 300 metros de desnivel como se suele hacer en esta parte del planeta, utilizando la técnica de los bancales. Esas terrazas seminaturales en las que a menudo se cultiva cereal. «Aprovecha espacio y gestiona bien recursos clave como el agua», señala la responsable del proyecto.
Materiales locales
Sin duda, las recreaciones por ordenador son espectaculares. A pesar de que no hay coches voladores. Y la arquitecta promete que serán muy fieles al resultado final, en el que la espiritualidad y el respeto serán clave. El 'mindfulness', un concepto que la propia Frittoli considera muy manido y excesivamente ligado a prácticas como la del yoga. «Pero en realidad es mucho más». Se priorizará el uso de bambú y de piedra locales, tratando siempre de evitar el transporte de materiales para reducir su huella de carbono. Y se limitará el volumen de hormigón, concentrado sobre todo en los cimientos. «Porque no podemos olvidar que esta es una zona de actividad sísmica». Además, se ha impuesto un límite de seis alturas a todos los edificios. No habrá ni un solo rascacielos.
«Esperamos tener finalizado el aeropuerto en 2030», avanza Frittoli. Será la piedra angular. Podrá llegar el turismo primero, y las empresas después. Si tiene éxito, la arquitecta está convencida de que servirá de inspiración para muchos otros países en vías de desarrollo, desde Uganda hasta Indonesia. «Creo que funcionará como negocio inmobiliario. Y esperamos que también se convierta en tractor para el resto del país», señala, optimista. El principal objetivo es evitar que se convierta en uno de esos grandes proyectos megalómanos que no responden a una necesidad real y que, por lo tanto, acaban rebajando su ambición o convertidos en esqueletos vacíos. En Gelephu la visión es superlativa, pero su materialización se hace desde la modestia.
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