A pocos días de las elecciones del próximo domingo en Castilla y León, las encuestas dibujan un escenario inédito para la Unión del Pueblo Leonés (UPL). El partido leonesista, tradicionalmente confinado a un espacio político reducido, podría firmar su mejor resultado histórico: las estimaciones le otorgan hasta cuatro escaños -uno más que en la actualidad- y una subida de tres décimas respecto a 2022. De confirmarse en las urnas, el resultado superaría incluso el hito que el propio partido celebró entonces como récord desde su fundación en 1986.
Al frente de la candidatura se encuentra Alicia Gallego (Santa María del Páramo, 1973). Abanderada y conocedora plena de la política de "proximidad" y de la lucha por los "recursos municipales", la paramesa -jurista de profesión- fue la apuesta unánime del Consejo General de la UPL, que vio en su perfil una síntesis bastante fiel de la tradición municipalista del partido, para esta cita. "La gente quiere que esta voz del leonesismo llegue a donde puede cambiar el marco constitucional, donde se puedan revertir esos desequilibrios, donde se pueda dar esa cohesión económica y social que se nos ha negado", ataja rápida y firme al ser preguntada por los buenos augurios electorales.
"Somos un partido cercano a los ciudadanos", explica. "Tenemos un fuerte asentamiento en los territorios más pequeños, contamos con alcaldes, concejales y juntas vecinales donde sufren el olvido del PP". Esa idea de proximidad -o quizá de arraigo, que conoce a la perfección tras una década al frente de su municipio natal- constituye una de las claves del crecimiento de la UPL. No es un detalle menor en una provincia como León, que cuenta con 211 municipios, más de 1.200 pueblos y cerca de 1.000 entidades locales menores configuradas en juntas vecinales. Un entramado rural -alejado de centros de decisión como Valladolid- en el que han tejido su base política y donde ahora confían en consolidar un avance que, de producirse, aumentaría el peso del leonesismo en las Cortes.
Desde esa perspectiva, el conflicto que describe el leonesismo no se presenta solo como una cuestión identitaria -aunque también lo sea-, sino como un problema territorial y administrativo. En su relato aparece con frecuencia la idea de una comunidad excesivamente centralizada, algo que consideran especialmente gravoso para las provincias occidentales. Por eso la UPL -que se define como "constitucionalista y autonomista"- defiende la creación de una autonomía propia para León, Zamora y Salamanca, amparada por los artículos 143 y 144 de la Constitución española. La propuesta -conocida popularmente como Lexit- se plantea, según Gallego, como una herramienta de gestión. "La gente es consciente de que una gestión propia, con una autonomía y una utilización legal de los instrumentos, administraría mejor los recursos en beneficio de nuestros ciudadanos", señala.
Una postura amparada formalmente por 74 ayuntamientos de la provincia -35,5% del total- que aprobaron mociones favorables, en muchos casos con el respaldo de PSOE y Partido Popular.
Según los cálculos de organizaciones leonesistas, como Iniciativa Autonómica Leonesa (IAL), una comunidad autónoma propia permitiría manejar un volumen presupuestario sensiblemente mayor que el que recibe en la actualidad. El debate, en cualquier caso, se apoya también en cifras económicas que el movimiento leonesista utiliza para ilustrar lo que considera un desequilibrio creciente dentro de la comunidad. En las dos últimas décadas, mientras el Producto Interior Bruto (PIB) de Valladolid crecía cerca de un 68% (7.986 millones de euros en el año 2000 a 13.403 millones en 2020), León solo lo hacía en un 43,83% (de 6.496 millones en el 2000 a 9.343 millones en el 2020).
Unos números a los que se le une un supuesto déficit de 800 millones que no llegan a la provincia de León por parte de las cuentas del Ejecutivo de Mañueco, ya que como detalla la IAL en su informe publicado en enero de 2026, a León le correspondería, basándose en población y otras variables, 2.300 millones de euros frente a los 1.505 millones asignados por la Junta de Castilla y León.
Más allá de las cifras presupuestarias y la "deuda histórica" que dicen arrastrar desde el siglo XIX, en su discurso también señalan las carencias de infraestructuras y comunicaciones -como la constitución de la Vía de la Plata como eje vertebrador para el desarrollo de la región, la creación de nuevo suelo industrial de titularidad autonómica, la recuperación de los servicios ferroviarios en zonas como Ciudad Rodrigo o el arreglo de las autovías A-62 y A-66- que, a su juicio, han contribuido a agravar problemas ya crónicos como la sangría poblacional o la falta de empleo
Mientras que Abascal, a modo de campeador, ha recorrido la ancha Castilla (y León) y Mañueco se ha embarrado las botas y arrugado la camisa en la barra del bar de algunos pueblos, la UPL -como explica Gallego- confía en un argumento más sencillo: su arraigo previo en ese mundo rural, lo que les ha permitido que los ciudadanos entiendan que ellos son el partido para "mejorar la calidad de vida". "Han hablado de Sánchez, de Abascal y de Feijóo, pero se han olvidado de los problemas que tienen, por ejemplo, La Bañeza o Ciudad Rodrigo y eso la gente no lo olvida", apostilla Gallego, "todo es un contrasentido y una puesta en escena de políticas nacionales, olvidándose de las necesidades de territorios".
La percepción de una capacidad realista para llevar a cabo propuestas -inspiradas, en parte, de la escucha a la ciudadanía a través de asociaciones como León Propone- podría estar cristalizando en este crecimiento electoral inesperado.
LEONESISMO Y LA CHUNTA
El leonesismo se ha convertido ya en una suerte de paraje político -no demasiado extenso, pero sí cada vez más reconocible-, dejando de ser un territorio casi solitario ocupado solo por la UPL. Con el tiempo han aparecido otras formaciones para cohabitar y darle matices, poblando de sendas distintas con las que alcanzar la soñada, para muchos, Autonomía 18. Así surge Alantre, una formación de izquierda federalista que, además, mantiene vínculos de afinidad con la Chunta Aragonesista (CHA) y que pretende ofrecer una expresión distinta -"[la UPL] es un partido transversal, nosotros aspiramos al espacio de una izquierda territorial y propia", explica su portavoz Nel Martínez- a ese sentimiento leonesista que carecía, en las urnas, de traducciones ideológicas diversas. Una aparición nacida también de cierta desilusión de parte de la ciudadanía con partidos de ámbito estatal como Podemos, Izquierda Unida o Sumar. "De esa política ya está mucha gente cansada", explica Martínez, "sobre todo de las lealtades de la izquierda que no son más que un producto de allí [en alusión a Madrid]".
El portavoz de Alantre, Nel Martínez, en León.José AynáSin grandes aspiraciones en estos comicios, en Alantre miran más bien al largo plazo, a la posibilidad de consolidarse poco a poco en ese ecosistema político emergente. El sentimiento compartido de pertenecer a una «tierra de sacrificio» facilitó el acercamiento con la CHA, de donde han recibido asesoramiento altruista a la hora de estructurar propuestas y darles forma política. La consecución de un autogobierno "de primer orden" -"no sólo una descentralización administrativa"- funciona como el faro de este proyecto, acompañado de un ideario donde aparecen la "defensa del territorio", la "justicia social y territorial" y la construcción de una sociedad "diversa, inclusiva y solidaria".
En el fondo, lo que Martínez plantea es también un cambio más profundo, casi una cuestión de mirada. "Si existiera una agenda política propia, articulada a través de partidos territoriales capaces de ocupar distintos lugares del espectro ideológico", sostiene, muchos de los problemas que afectan a León podrían pensarse «desde aquí» y no desde los marcos que fijan las direcciones estatales. Según su diagnóstico, la política leonesa sigue demasiado condicionada por la agenda que llega de Madrid, y eso, explica, acaba instalando en la cabeza de muchos ciudadanos la idea de que lo prioritario sucede siempre fuera.
No obstante, la desatención de la Junta de Castillla y León hacia esta provincia -que, desde 1983, ha tenido una pérdida neta de casi 80.000 habitantes- esta presente en la cabeza de muchos ciudadanos que, desde sus peculiares fronteras, luchan en pro del leonesismo.
"El leonesismo ha evolucionado desde planteamientos teóricos sobre independencia hasta abordar problemas sociales y de abandono institucional", explica Lluis Nel Esteban, miembro de la Asociación Pro Identidad Leonesa. Una de las decenas de organizaciones existentes en la capital provincial que no cesan en su lucha vital por el carmesí y el león rampante. "Esta implicación local choca con la indiferencia y el centralismo de los partidos nacionales, limitando la capacidad de acción real de los habitantes".
"El sentimiento está y ha aumentado en los últimos 40 años, pero hay menos participación activa que antes", analiza Esteban, "la gente percibe que la historia de León ha quedado diluida y que ha habido una marginación". Para él, el desafío para el triunfo del leonesismo pasa en acabar con el vértigo de muchos a "dar el paso definitivo" frente a unas urnas, un miedo al que le busca un parecido en la lejana Escocia en 2014. Allí, las encuestas previas a la cita del referéndum señalaban un porcentaje de sentimiento favorable a la secesión muy superior al del No, pero a la hora de materializar su sentir, el 55,3% dijeron No a la independencia.
Estas son tres voces diferentes de un mismo sentir hacia una tierra y de un dolor ante el menosprecio que, creen, sufren desde la constitución de la autonomía en 1983. Hartos de los partidos tradicionales, también se muestran escépticos con las promesas de Vox que han encandilado a muchos vecinos. "Defiende una idea esencialista del Estado español, seguro que nuestros valores culturales como leoneses los consideran folclóricos", remata Martínez.