España llegó a los Oscar de 2026 con dos nominaciones para 'Sirāt', la película de Óliver Laxe sobre un padre buscando a su hija en una rave del desierto marroquí: Mejor película internacional y Mejor sonido (que no ganó, por cierto, en ninguno de los dos casos). Era, sobre el papel, un hito con todo lo que los hitos conllevan en términos de titulares y cobertura. Pero la historia que acabó circulando por redes sociales y redacciones de todo el mundo no era ninguna de esas. Era la de una riña de madrugada en un karaoke.
La bronca. El New York Times publicó días antes de la ceremonia un extenso reportaje que usaba ese incidente como hilo conductor para explicar el estado del cine español. Una noche de septiembre, Laxe se enfrentó a Rodrigo Sorogoyen (previamente nominado al Oscar) en un bar de karaoke del norte de España porque había sabido que este último había criticado 'Sirāt' en una cena privada. Sorogoyen lo reconoció sin rodeos: la película no le convencía, Laxe no prestaba suficiente atención a sus personajes y había tomado una decisión técnica errónea en una escena crucial.
Laxe respondió calificando esas críticas de "la cosa más estúpida que he oído en mi vida" y soltó, en tono de broma, que su interlocutor no era un buen director, o como se ha dicho en otras versiones apócrifas de la anécdota, que era "un gran realizador". La réplica de Sorogoyen, rebosante de veneno: "Gracias a Dios que estoy seguro de mí mismo. Porque si no, me mataría".
En Xataka
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Cotilleo con subtítulos. Lo notable no es el intercambio en sí, que ambos directores minimizaron después como un desacuerdo informal. Sorogoyen se rio de los rumores de que hubieran llegado a las manos, y Laxe dijo que los dos habían bromeado con la idea de escenificar una pelea. La diferencia artística era "sana", dijo Laxe, porque "el ecosistema del cine español es diverso", decía en el 'New York Times', que curiosamente lo consideró el mejor gancho posible para hablar de industria cinematográfica.
Las dos Españas. El reportaje usaba la anécdota del karaoke como síntoma de una teórica división en el cine español: Laxe defiende un cine trascendental y sensorial, y Sorogoyen, un dramatismo más realista. Sus diferencias artísticas, según los propios directores y expertos consultados por para el artículo, son la señal de un cine español sofisticado y maduro.
Cómo hemos llegado hasta aquí. El artículo hace un interesante repaso a la trayectoria del cine español en las últimas décadas. Durante muchos años hemos vivido la herencia de la dictadura, primero como ruptura visceral, luego como procesamiento de la memoria histórica. Cuando hace veinte años emergió una nueva generación de cineastas con menos deuda con esa parte de nuestra historia, no había industria que los sostuviera.
En los últimos años han convergido varias corrientes que han hecho que la cosa cambie: subvenciones que han incorporado perspectivas femeninas o minoritarias al sector, coproduciones europeas y plataformas de streaming que han financiado más y proyectos más arriesgados (como Movistar+ ha hecho con la de Sorogoyen)... Nombres propios como los de los mismos Laxe o Sorogoyen, Carla Simón (Oso de Oro en Berlín en 2022) o Alauda Ruiz de Azúa (Concha de Oro en San Sebastián en 2025) son algunos de sus muchos representantes.
En cualquier caso, lo gracioso de la anécdota no solo es que 'The New York Times' lo interprete como un termómetro de la buena salud industrial del cine español, sino que desde España nos hayamos quedado con esa parte del artículo. Porque sí, el cine español es muy español y mucho español, pero no tanto como una bronca de madrugada en un karaoke en las afueras.
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La noticia
"La cosa más estúpida que he oído en mi vida": España no ha ganado ningún Oscar pero sí un beef entre Oliver Laxe y Sorogoyen
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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"La cosa más estúpida que he oído en mi vida": España no ha ganado ningún Oscar pero sí un beef entre Oliver Laxe y Sorogoyen
De los Oscar no hemos sacado nada, pero de una bronca en un karaoke ha salido el mejor cotilleo del cine español en años
España llegó a los Oscar de 2026 con dos nominaciones para 'Sirāt', la película de Óliver Laxe sobre un padre buscando a su hija en una rave del desierto marroquí: Mejor película internacional y Mejor sonido (que no ganó, por cierto, en ninguno de los dos casos). Era, sobre el papel, un hito con todo lo que los hitos conllevan en términos de titulares y cobertura. Pero la historia que acabó circulando por redes sociales y redacciones de todo el mundo no era ninguna de esas. Era la de una riña de madrugada en un karaoke.
La bronca. El New York Times publicó días antes de la ceremonia un extenso reportaje que usaba ese incidente como hilo conductor para explicar el estado del cine español. Una noche de septiembre, Laxe se enfrentó a Rodrigo Sorogoyen (previamente nominado al Oscar) en un bar de karaoke del norte de España porque había sabido que este último había criticado 'Sirāt' en una cena privada. Sorogoyen lo reconoció sin rodeos: la película no le convencía, Laxe no prestaba suficiente atención a sus personajes y había tomado una decisión técnica errónea en una escena crucial.
Laxe respondió calificando esas críticas de "la cosa más estúpida que he oído en mi vida" y soltó, en tono de broma, que su interlocutor no era un buen director, o como se ha dicho en otras versiones apócrifas de la anécdota, que era "un gran realizador". La réplica de Sorogoyen, rebosante de veneno: "Gracias a Dios que estoy seguro de mí mismo. Porque si no, me mataría".
Cotilleo con subtítulos. Lo notable no es el intercambio en sí, que ambos directores minimizaron después como un desacuerdo informal. Sorogoyen se rio de los rumores de que hubieran llegado a las manos, y Laxe dijo que los dos habían bromeado con la idea de escenificar una pelea. La diferencia artística era "sana", dijo Laxe, porque "el ecosistema del cine español es diverso", decía en el 'New York Times', que curiosamente lo consideró el mejor gancho posible para hablar de industria cinematográfica.
Las dos Españas. El reportaje usaba la anécdota del karaoke como síntoma de una teórica división en el cine español: Laxe defiende un cine trascendental y sensorial, y Sorogoyen, un dramatismo más realista. Sus diferencias artísticas, según los propios directores y expertos consultados por para el artículo, son la señal de un cine español sofisticado y maduro.
Cómo hemos llegado hasta aquí. El artículo hace un interesante repaso a la trayectoria del cine español en las últimas décadas. Durante muchos años hemos vivido la herencia de la dictadura, primero como ruptura visceral, luego como procesamiento de la memoria histórica. Cuando hace veinte años emergió una nueva generación de cineastas con menos deuda con esa parte de nuestra historia, no había industria que los sostuviera.
En los últimos años han convergido varias corrientes que han hecho que la cosa cambie: subvenciones que han incorporado perspectivas femeninas o minoritarias al sector, coproduciones europeas y plataformas de streaming que han financiado más y proyectos más arriesgados (como Movistar+ ha hecho con la de Sorogoyen)... Nombres propios como los de los mismos Laxe o Sorogoyen, Carla Simón (Oso de Oro en Berlín en 2022) o Alauda Ruiz de Azúa (Concha de Oro en San Sebastián en 2025) son algunos de sus muchos representantes.
En cualquier caso, lo gracioso de la anécdota no solo es que 'The New York Times' lo interprete como un termómetro de la buena salud industrial del cine español, sino que desde España nos hayamos quedado con esa parte del artículo. Porque sí, el cine español es muy español y mucho español, pero no tanto como una bronca de madrugada en un karaoke en las afueras.