Pequeñas infamias
La 'credu-incredulidad' Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarmen Posadas
03/07/2026 a las 11:04h.Como reliquia del Jurásico que soy, no recurro demasiado a la IA, pero me interesó averiguar qué opina este sistema de un fenómeno que desde ... hace tiempo me tiene entre atónita y aterrada. Hablo de la credulidad de la gente. Credulidad y, a la vez, incredulidad, porque coexisten y se retroalimentan. Así, una persona declara creer a pies juntillas que la Tierra es plana y, al mismo tiempo, descreer de las vacunas porque, en su opinión y contra toda evidencia científica, «producen autismo». Fascinante esto de la 'credu-incredulidad'.
Según nuestra amiga la IA, «la razón principal es que la Red permite que la desinformación, las teorías de la conspiración y las pseudociencias se propaguen muy rápido». Sí, de acuerdo, eso parece evidente, ¿pero, exactamente, qué causa el fenómeno?, pregunto. Y entonces la IA me regala una analogía que me parece brillante. Compara Internet con un enorme mercado de comida. «Antes, uno, después de ir al mercado, tenía que cocinar por sí mismo los alimentos (es decir, buscar datos en libros, periódicos, etc.). Hoy, en cambio, nos regalan comida rápida y atractiva que ya está precocinada (informaciones falsas) y, como uno tiene mucha hambre (curiosidad y prisa), no repara en cuáles son los ingredientes (las fuentes de información) y acaba enfermando (creyendo falsedades)».
De no existir Internet, ¿cuántos harían caso a los bebedores de lejía para curar dolencias?
Interesante, ¿no? Yo, de mi cosecha, añadiría que la sobredosis de información hace que, consciente o inconscientemente, acabemos buscando fuentes que confirman lo que ya pensamos de antemano. Eso explicaría por qué el mundo está cada vez más polarizado con personas que renuncian a consultar otras fuentes y contrastar opiniones. Es lo que llaman 'sesgo de confirmación'. La gente, en vez de usar su sentido crítico, prefiere ver y oír lo que apoya su forma de pensar, tanto en el terreno político como en cualquier otro. Y luego está el maldito algoritmo. Ese que premia y prioriza aquello que es estrambótico, inusual, que causa estupor o enojo dando la sensación de que eso es lo que a la sociedad le gusta y/o valora.
Hablemos ahora del hecho de que gente culta y bien formada crea bulos disparatados. En ese sentido, los sociólogos apuntan a otro fenómeno interesante. La llamada 'ilusión del conocimiento', que está relacionada con la soberbia y que hace que personas de alto nivel educativo e intelectual prioricen su punto de vista (soy más listo y más preparado que nadie) y renuncien a informarse y a sopesar otros enfoques. Pero esto no explica exactamente cómo pueden coexistir credulidad e incredulidad. Una teoría posible es lo que llaman 'ahorro de energía cognitiva'. El cerebro tiende a dar por bueno, sin reflexionar demasiado, aquello que su entorno da por bueno. Somos gregarios. Preferimos pensar igual que todos, no sea que el grupo nos rechace. Además, pensar y analizar datos requiere un gran gasto de energía, por eso –y aquí viene una cuestión que me asombra especialmente– muchas personas reservan su pensamiento analítico para temas vitales o sospechosos. La IA no explica qué quiere decir con 'sospechosos', pero imagino que se refiere a que, inconscientemente, orientamos nuestra incredulidad a asuntos que son más o menos irrelevantes. Como a negar que la Tierra es esférica o porfiar en que existen los extraterrestres y viven entre nosotros. Porque da color a una vida gris convertirse en adalid de extravagancias e ir un poco –solo un poco– a contracorriente.
Y luego está el esnobismo. El placer de no considerarse de la parte de la plebe y, para que se sepa, mostrarse suspicaz, crítico y superoriginal, pero solo sobre temas contingentes. Nada de esto tendría importancia si no fuera porque las redes sirven de amplificador de dislates. En el terreno de las credulidades locas y, de no existir Internet, ¿cuántos harían caso, por ejemplo, a los bebedores de lejía que prometen curar así diversas dolencias? ¿Y a los que aconsejan asolear el ano para mejorar la 'energía corporal'? Y, en el terreno de las incredulidades peligrosas, como en el caso de los antivacunas, ¿se habría producido el regreso de enfermedades que creíamos erradicadas como la viruela sin la visibilidad que dan las redes a estas peligrosas bobadas?
Decía Umberto Eco que, en las sociedades hiperconectadas, se han 'democratizado' las opiniones; todo vale, todo es defendible, hasta lo más loco o perjudicial. Y el mayor peligro de esta situación es que, contrariamente a lo antes ocurría con el tonto del pueblo que soltaba sus simplezas en la plaza pública y, al cabo de un rato, la gente lo mandaba a pastar, ahora resulta que al tonto se le ha dado un megáfono y perora para millones de personas.
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