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La defensa como industria

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España cuenta con extraordinarias capacidades que pueden desempeñar un papel relevante en el nuevo ciclo inversor, en un sector que emplea a 369.000 personas

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La defensa como industria

España cuenta con extraordinarias capacidades que pueden desempeñar un papel relevante en el nuevo ciclo inversor, en un sector que emplea a 369.000 personas

JOSÉ IBARROLAJUAN PABLO RIESGOSOCIO RESPONSABLE DE EY INSIGHTS

Miércoles, 11 de marzo 2026, 01:00

... razones fundamentales: en primer lugar, porque su consumo no es excluible; si un país está protegido, ningún ciudadano puede quedar al margen de ese beneficio. Y, en segundo lugar, porque no es rival; el hecho de que una persona disfrute de seguridad no reduce la protección de la que disfruta otra. Esta caracterización, que puede parecer meramente académica, ilustra no un fallo de mercado, sino la inexistencia propia del mercado, lo cual resulta en realidad esencial para comprender por qué la defensa ha ocupado históricamente un lugar nuclear en el sentido mismo de la existencia del Estado y en su intervención en la economía. Desde esta perspectiva, la provisión de seguridad y defensa no es un elemento accesorio de la acción pública, sino uno de sus pilares constitutivos.

Sin embargo, el entorno estratégico y económico actual está experimentando transformaciones profundas. Varias megatendencias están reconfigurando nuestras economías y nuestras sociedades. La transición demográfica dibuja un mundo en el que las economías desarrolladas envejecen aceleradamente, mientras que otras regiones experimentan explosiones demográficas. A ello se suman la transición digital y la transición ecológica, que implican cambios estructurales en los modelos productivos, en las cadenas de valor y en la competencia por recursos críticos. Estas dinámicas están generando tensiones crecientes en la búsqueda de materias primas estratégicas y en el acceso a tecnologías clave.

La UE sabe de la urgencia de reforzar su capacidad en seguridad

El resultado es un escenario de modificaciones profundas en el orden social, económico y político. Los Estados, ante esta nueva realidad, intensifican la búsqueda de autonomía estratégica. Surgen guerras comerciales y tecnológicas, se agudizan las rivalidades geopolíticas y persisten —cuando no se multiplican— los conflictos bélicos que, lejos de desaparecer, continúan acompañando la evolución del sistema internacional.

En palabras del informe de apertura de la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial y liderado por Estados Unidos está en demolición y, paradójicamente, el principal exponente de ese proceso de transformación es precisamente quien hasta ahora había ejercido como garante fundamental de dicho orden. Quien ejercía como garante internacional de la seguridad.

En este nuevo contexto, Europa se enfrenta a una realidad especialmente exigente. Con una guerra en sus propias fronteras geográficas y con focos de inestabilidad en su vecindad inmediata, la Unión Europea ha constatado la urgencia de reforzar sus capacidades propias de seguridad y defensa. La tradicional prioridad otorgada al desarrollo del Estado del bienestar debe complementarse ahora con una renovada atención a los bienes públicos puros que hacen posible su preservación: la seguridad y la libertad. 'Back to basics' en el rol de Estado en la Economía.

Incrementar la inversión en defensa implica desafíos presupuestarios, políticos y sociales de primer orden. Supone redefinir prioridades, articular consensos y explicar a la ciudadanía que la protección de nuestras sociedades es condición necesaria para sostener nuestro modelo económico y social. Pero, al mismo tiempo, esta exigencia estratégica abre una ventana de oportunidad sin precedentes para la industria europea y, en particular, para la industria española de defensa.

El refuerzo de las capacidades propias no solo implica mayores niveles de gasto, sino también el desarrollo de una base industrial y tecnológica sólida, competitiva y capaz de innovar. La apuesta por la autonomía estratégica europea exige fortalecer cadenas de suministro, impulsar la colaboración público-privada y fomentar la inversión en investigación y desarrollo en sectores clave. En este proceso, España cuenta con extraordinarias capacidades que pueden desempeñar un papel relevante en el nuevo ciclo inversor; 582 empresas vinculadas al sector, 396 con actividad directa y 186 con capacidades duales. Un sector que genera 369.149 empleos directos e indirectos y que por cada euro invertido en Defensa un retorno estimado de entre 2,4 y 2,5 euros en la economía.

La industria española de defensa se encuentra, por tanto, ante una coyuntura histórica. La convergencia entre un entorno geopolítico más incierto, la revisión del papel de Estados Unidos como garante último del orden internacional y la necesidad europea de asumir mayores responsabilidades en materia de seguridad configura un escenario de transformación profunda. Si se abordan adecuadamente los retos presupuestarios, regulatorios y de coordinación, esta etapa puede traducirse en un impulso significativo para el tejido industrial nacional, pudiendo llegar a multiplicarse por 2 la facturación del sector en 2030.

La defensa, en cuanto bien público puro, vuelve al centro del debate económico y político. Europa redescubre la necesidad de invertir en su propia seguridad para garantizar su libertad y su prosperidad. Y España, en ese marco, puede situar a su industria de defensa como uno de los vectores clave de crecimiento, innovación y prosperidad para las próximas décadas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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