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«La democracia seguirá en declive si no redistribuimos mejor la riqueza»

«La democracia seguirá en declive si no redistribuimos mejor la riqueza»
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La investigadora y estratega de desarrollo sudafricana advierte en el Foro de Expertos de Europa y Países del Sur Globales de la Fundación eAtlantic sobre la relación entre el empleo de calidad y el auge de los neofascismos

Kate Philip

«La democracia seguirá en declive si no redistribuimos mejor la riqueza»

La investigadora y estratega de desarrollo sudafricana advierte en el Foro de Expertos de Europa y Países del Sur Globales de la Fundación eAtlantic sobre la relación entre el empleo de calidad y el auge de los neofascismos

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Alin Blanco

24/06/2026 a las 11:18h.

La investigadora y estratega de desarrollo sudafricana Kate Philip visitó recientemente Bilbao para participar en el Foro Expertos de Europa y Países del Sur Globales ... de la Fundación eAtlantic del exlehendakari Iñigo Urkullu que persigue iniciar diálogos entre autoridades y agentes subestatales de estas zonas del planeta para, conjuntamente, fomentar cuestiones de la agenda mundial como la migración, el cambio climático, los derechos humanos y laborales, así como el Derecho Internacional. Philip, Asesora de la presidencia de Sudáfrica en estrategias a corto plazo para la creación de empleo y con más de dos décadas de experiencia en el diseño de políticas sociales y económicas, ha liderado innovadores proyectos como el Programa de Trabajo Comunitario, para reflexionar sobre los grandes retos globales, entre ellos la migración y la integración laboral de las personas migrantes en Europa.

– Es una ruptura que se está dando a nivel global, es la fragmentación derivada del interés individual. La capacidad de solidaridad se está reduciendo y, esto a su vez, aumenta la desigualdad, también porque los recursos globales están siendo monopolizados por unos pocos. No es que el planeta no tenga recursos para todos, sino que el gran problema es la desigualdad. Y, pese al auge del individualismo –también entre los Estados–, esa desigualdad no puede abordarse a nivel local o individual, porque requiere un grado de consenso global.

– ¿Es el fin de la hegemonía occidental?

– Estamos viviendo una 'policrisis'. Atravesamos una crisis climática, económica, energética y geopolítica; tenemos guerras y conflictos de intereses que están relacionados entre sí y que se retroalimentan. La migración es otra de esas crisis, y deriva de una creciente sensación de inseguridad que lleva a la ciudadanía a inclinarse por opciones políticas más autoritarias.

– La ultraderecha está en auge tanto en América como en Europa. ¿Cómo se ve este fenómeno desde el Sur global?

– Permítame ser directa: el ascenso del autoritarismo y el fascismo en el mundo, incluida Europa, no es bueno para el sur global. Y creo que todos tenemos un interés común en encontrar soluciones.

– ¿Hasta qué punto el miedo y la desigualdad económica empujan ese auge?

– La relación es clara. Una de las soluciones pasa por crear empleos seguros, significativos e importantes, que den valor y sentido a la vida de las personas. Esto puede ayudar a reducir la sensación de inseguridad y el miedo que alimentan las narrativas de los movimientos de ultraderecha en el mundo.

– ¿Cómo se generan esos empleos?

– Con la creación de mecanismos institucionales que incluyan a la gente y les brinden seguridad, de modo que no vivan con miedo. Uno de los instrumentos que se necesitan es el empleo de componente social, que las personas sepan que pueden contribuir y participar en la economía. En Europa tenéis subsidios de desempleo, pero la ayuda económica por sí sola no basta para satisfacer a la población. La gente quiere participar en trabajos que marquen una diferencia en sus comunidades y en la sociedad. Por supuesto que necesitan que se cubran sus necesidades básicas y percibir un sueldo, pero también quieren sentirse útiles y reconocidos por su contribución.

Expectativas incumplidas

– ¿Qué está fallando entonces?

– Creo que la democracia no está cumpliendo las expectativas de la gente. Muchas personas no ven satisfechos sus deseos y aspiraciones debido a la desigualdad existente, que es consecuencia de haber permitido que los mercados y la economía funcionen al margen de la estructura democrática. Las sociedades tienen que determinar las reglas del juego por las que se rigen los mercados. La economía no es algo aislado, sino que forma parte de la sociedad y de la cultura y, por tanto, debe responder a las necesidades e inquietudes de la población. Sin embargo, no estamos diseñando bien esas reglas y, mientras tanto, ciertas personas están amasando enormes fortunas.

– ¿Cómo lo hacen?

– Los mecanismos de creación de riqueza han cambiado y las regulaciones han quedado obsoletas, no se han adaptado y no están a la altura de las circunstancias. Necesitamos nuevas formas de gestionar la redistribución de la riqueza. Si no redistribuimos mejor, la democracia seguirá en declive.

«Es mucho más fácil demonizar al otro y atribuirle la responsabilidad de los problemas propios, pero el problema real está en casa, dentro de nuestros Estados e incluso municipios»

– Esto coincide con una reconfiguración de las alianzas internacionales y con el cuestionamiento de instituciones históricas como la OTAN. Se habla cada vez más de un 'multilateralismo en crisis'.

– No podemos seguir intentando resolver problemas nuevos con soluciones antiguas. La historia nos enseña que es muy raro que se produzca un cambio verdaderamente transformador sin una crisis previa. Por eso el mensaje es claro: no debemos desperdiciar esta crisis. Tenemos que pensar qué cambios podrían volver a encender la imaginación de las personas para generar nuevas soluciones, impulsar las transformaciones fundamentales que necesitamos, modificar los patrones de distribución, lograr una mayor equidad y hacer que la gente vuelva a sentirse parte de la sociedad.

– ¿Y dónde encaja la migración?

–La crisis migratoria está totalmente relacionada con que las personas no se sienten dueñas de sus sociedades, sienten que no tienen control sobre ellas. En ese contexto es mucho más fácil demonizar al otro y atribuirle la responsabilidad de los problemas propios. Pero el problema real está en casa, dentro de nuestros propios Estados e incluso municipios. La gente ha perdido el sentido de comunidad y de pertenencia. No percibe los beneficios de la democracia y por eso se inclina hacia opciones autocráticas o simplemente se abstiene de participar. Muchos creen que votar no cambia nada en sus vidas. Ese es el problema principal que debemos resolver. Y no se solucionará únicamente abordando la migración, porque también tiene sus raíces en la desigualdad económica, una realidad presente tanto en el norte como en el sur global.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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