- MICHAEL POOLER
La primera vuelta de las elecciones aumenta la posibilidad de una victoria espectacular de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente.
Flávio Bolsonaro está a un paso de lograr un notable regreso familiar, después de que la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil lo convirtiera en el gran favorito para ganar a finales de este mes.
Hace poco más de un año, su padre, Jair Bolsonaro —expresidente y líder del movimiento populista de extrema derecha en Brasil—, fue encarcelado por planear un golpe de Estado con el fin de revertir su derrota electoral de 2022 frente al veterano político de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.
Sin embargo, a pesar de una campaña marcada por escándalos y disputas públicas en el seno de la familia, Flávio Bolsonaro desafió los sondeos y se impuso en la primera vuelta, quedando en una posición privilegiada para ganar la segunda vuelta contra Lula el 25 de octubre.
Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, obtuvo el 47% de los votos, mientras que Lula consiguió el 45,2%.
Aprovechando una ola política regional favorable a los candidatos de derecha y hostil a los gobernantes en ejercicio, Bolsonaro —de 45 años— declaró el domingo por la noche que aquello suponía "el fin de la era" del Partido de los Trabajadores de Lula.
Si el joven Bolsonaro resulta vencedor el 25 de octubre, el país más grande de América Latina pasará a estar liderado por un aliado del presidente estadounidense Donald Trump, en un momento en que Washington busca ejercer mayor influencia en la región.
Esto también podría abrir la puerta a una grave crisis institucional, ya que Bolsonaro ha prometido intentar liberar a su padre de lo que sus aliados denuncian como una persecución política. Jair Bolsonaro fue sentenciado a 27 años de prisión por el Tribunal Supremo por planear un golpe de Estado.
Los analistas señalaron que el buen resultado de Bolsonaro, a pesar de una campaña con altibajos, se debe más al desgaste que ha sufrido su oponente que a sus propias cualidades.
Murilo Medeiros, politólogo radicado en Brasilia, afirmó que el inesperado ascenso de Bolsonaro en la recta final fue impulsado por el voto táctico y el deseo de cambio. "No fue una ola a favor de Flávio. Ante todo, fue un voto anti-Lula: un rechazo al *statu quo* y un deseo de cambio de poder", añadió.
El político de izquierdas, que aspira a un cuarto mandato no consecutivo, es una figura polémica para muchos brasileños tras haber sido encarcelado por corrupción (aunque las condenas quedaron anuladas posteriormente).
Los analistas señalan que no se puede descartar un regreso de Lula, sobre todo si surgen nuevas revelaciones sobre un escándalo bancario que ha sacudido la campaña electoral durante meses.
Sin embargo, consideran que Bolsonaro tiene más posibilidades de alzarse con la victoria, ya que los tres candidatos siguientes en la primera vuelta —que en conjunto obtuvieron el 7,3% de los votos— se sitúan entre el centro y la derecha, por lo que es más probable que transfieran sus votos a él. En cambio, no hubo otros candidatos serios de izquierda o centroizquierda, lo que dejó a Lula con pocos simpatizantes de su propio espacio político.
El programa de Bolsonaro es una mezcla de promesas favorables a las empresas, valores tradicionales y mano dura contra la delincuencia. Siguiendo el ferviente nacionalismo cristiano de su padre, ha abogado por la castración química de los agresores sexuales varones y por que se reconozca la responsabilidad penal a partir de los 16 años.
Mario Marconini, director gerente de la consultora de riesgos Teneo, afirma que esto sintonizó con las costumbres conservadoras del país sudamericano. "Lo que ha prevalecido esta vez tiene mucho que ver con la pureza, los valores, la autoridad y las normas sociales, más que necesariamente con el liberalismo económico", señaló.
Abogado de formación y político electo desde los 21 años, el hijo mayor de Bolsonaro ha intentado presentarse como el miembro más moderado de la familia. Entre sus colegas del Congreso, durante mucho tiempo fue considerado un político discreto y abierto a la negociación.
Esto contrasta con su padre, de temperamento fogoso, y con su combativo hermano Eduardo —exlegislador que ahora reside en Texas—, que fue condenado en rebeldía por buscar la injerencia de Estados Unidos en el proceso judicial contra Jair por intento de golpe de Estado.
Aunque se ha beneficiado de la perdurable popularidad de su padre entre un sector del electorado, Bolsonaro no ha logrado despertar el mismo entusiasmo. "Flávio es un candidato pésimo. No tiene carisma", asegura Filipe Campante, profesor de economía de la Universidad Johns Hopkins. "La única razón por la que ocupa esta posición es porque su padre lo eligió como su avatar... Pero Lula tiene 80 años y, en realidad, no ofrece gran cosa en cuanto a una visión de futuro".
La campaña de Bolsonaro ha ido de crisis en crisis. El heredero conservador se vio arrastrado a un enorme escándalo de corrupción que sacudió Brasilia, tras revelarse que obtuvo millones de dólares de un presunto defraudador para financiar una película sobre su padre. La investigación sigue en marcha y él niega todas las acusaciones.
Por si fuera poco, un viaje a Washington para ver a Trump resultó contraproducente tras el anuncio, días más tarde, de nuevos aranceles contra Brasil, lo que provocó acusaciones de traición por parte de los partidarios de Lula. Un distanciamiento con su madrastra —una figura popular entre las mujeres evangélicas y ahora senadora electa— amenazó con provocar una grave fractura interna en el movimiento
Probablemente debido en gran medida a la divisiva reputación de su padre, el joven Bolsonaro genera un gran rechazo entre los votantes, al mismo nivel que los de Lula.
Las debilidades de Bolsonaro quedaron en evidencia por sus dificultades para tender puentes con las élites empresariales de Brasil, descontentas con las políticas económicas de mayor intervención estatal y las subidas de impuestos de Lula.
Marcelo Kayath, exdirector de Credit Suisse en Brasil que ha actuado como intermediario con el sector financiero, afirma que esto ha cambiado en las últimas semanas. Bolsonaro ha mantenido una serie de reuniones y cenas con destacados líderes del mundo empresarial.
Aunque Bolsonaro ha prometido recortar el gasto público y la deuda de Brasil, Kayath señaló que está comprometido con los programas de bienestar social. "Hay que recortar gastos para que los programas sociales sean más sostenibles", añadió.
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