Al PSOE le preocupa la papelera. El ciclo electoral en marcha ha sembrado la inquietud en La Moncloa, también en Ferraz, no sólo por los resultados adversos de los socialistas, sino por el temor a que se acumulen en el cubo papeletas de partidos de izquierda por la fragmentación de este bloque. Preocupa a los socialistas la división existente a su lado. «La incertidumbre no está ni en el PP ni en el PSOE. Está en la izquierda», señalan en el equipo más próximo a Pedro Sánchez. En una pugna electoral entre bloques, consideran que si a la derecha hay dos partidos pujantes, debe haber una réplica al otro lado. Dos candidaturas en cada bando porque creen que, si no, la dinámica cambia. De ahí que lancen mensajes claros pidiendo una candidatura de unidad. «No nos interesa tirar votos a la basura. Que haya votos de izquierda que no valgan para nada. No nos lo podemos permitir», exponen fuentes gubernamentales.
Movimientos como el de Gabriel Rufián -el 9 de abril habrá un acto protagonizado por él y Irene Montero- o el de las formaciones que integran Sumar, para renovar el proyecto y el liderazgo, son bien vistos y bienvenidos en el Gobierno y en el PSOE. «Nunca hemos pretendido tutelar ese espacio. Pero también decimos con claridad: la unidad no es un debate táctico, es una condición para que el voto progresista sea útil, para conseguir que ningún voto progresista quede huérfano», señalan fuentes socialistas al más alto nivel.
Los estrategas socialistas tienen el radar aquellas provincias en las que se pueden disputar las elecciones, las opciones de arañar votos para no entregar la victoria a la derecha. Poder pegarles un bocado a los restos, a esos últimos escaños de las provincias grandes, donde precisan un socio que empuje. «Necesitamos que en cada provincia haya un partido fuerte a nuestra izquierda. Hay un electorado de izquierdas que no va a votar al PSOE y necesitamos que alguien recoja esas papeletas. Es clave en las circunscripciones grandes».
Lo sucedido este viernes, con el cisma en el seno de la coalición por el plan de medidas contra la guerra, tiene la connotación de la mala imagen dada por los dos socios de Gobierno, pero también el hecho de que, dicen en el Ejecutivo, al final se retome la senda a través de medidas socioeconómicas. Y que toda esperanza de seguir pudiendo hacer eso más allá de 2027 -Sánchez proclama que su proyecto debe extenderse más allá de esta legislatura- es si hay unidad a su izquierda. «No queremos gobernar por gobernar. Queremos gobernar para seguir haciendo políticas que ya están mejorando la vida de la gente», dicen en la sala de mandos socialista. «Cada voto progresista que no se traduce en representación acerca más a la mayoría social a perder los derechos conquistados. Desde el respeto a todas las formaciones, el mensaje es claro: la unidad no es una consigna, es la garantía de que estos avances continúen».
El goteo de elecciones que diseñó el PP para tratar de desgastar al Gobierno deja una conclusión inapelable: la fortaleza del bloque de derechas, que suman amplias mayorías, aunque luego tengan sus más y sus menos para ponerse de acuerdo. Los socialistas lanzan un mensaje claro a los partidos de izquierda que transitan su camino: ante esa fortaleza, ir divididos en varias candidaturas es ponérselo más fácil. «Cuando el voto se fragmenta, no siempre suma. A veces desaparece. Y sabemos quién gana cuando eso pasa».
Los socialistas aterrizan su pensamiento con un ejemplo que consideran es muy gráfico: la provincia de Huesca en las elecciones autonómicas de 2023. Hubo cuatro candidaturas a la izquierda del PSOE que sumaron el 17,88% de los votos, pero ninguna obtuvo representación. «Miles de votos progresistas quedaron fuera de las instituciones, facilitando gobiernos del PP con la ultraderecha».
Los claroscuros en el liderazgo de Yolanda Díaz, las dudas sobre Sumar y los malos resultados de la izquierda llevaron a Pedro Sánchez a desplegar una estrategia que ha arrebatado las banderas a la formación magenta y a Podemos. El no a la guerra, el discurso sobre inmigración, la defensa de los servicios públicos y la priorización por la agenda social ha achicado su espacio. Desde la sala de mandos socialistas niegan que quieran acabar con estos partidos, porque saben que siempre habrá opciones, que los van a necesitar y, sobre todo, que hay un nicho para ellos. «Hay un votante de izquierdas que no va coger la papeleta del PSOE. Es el nicho de los antisistema, de los desencantados que nunca nos votarán. Y a esa gente, ahora mismo, te la moviliza Vox y Podemos. Y si no le presentas un proyecto alternativo, dejas ese espacio a Abascal».
Para los socialistas, eso explica la posición dura que está manteniendo Podemos que, consideran, es para intentar atrapar ese voto de izquierda descontento con el gobierno de coalición progresista. «A Sumar lo ven como un partido institucional, por eso Podemos está tan radicalizado». Pero en esa estrategia de oposición al Gobierno, lanzan una advertencia a los morados: «Podemos piensa que para ellos es mejor que la derecha y ultraderecha estén fuertes, aunque los votantes no son tontos y si obstaculizan el gobierno progresista... hasta luego», dicen remitiéndose a los últimos resultados electorales.