Ha bastado un partido malo con avaricia y el chasco hiriente de no poder pasar del empate a cero ante Cabo Verde para que se ... agiten las plácidas aguas de la selección española, que había llegado al Mundial en un estado de optimismo y concordia general como no se recordaba. Para quienes hemos vivido momentos duros en los que el entorno de la selección olía a pólvora y silbaban las balas sobre trincheras muy embarradas, lo de estos dos últimos años nos parecía el final de 'Qué bello es vivir' cuando el tío Billy llegaba con el cesto de los billetes. Pues bien, ¿tan poco crédito se le da realmente al equipo de De la Fuente, que por cierto el lunes batió el récord de partidos sin perder de una selección (32), como para no perdonarle un día horrible en la oficina?
Otra cosa diferente es que haya surgido una duda razonable; una duda que no tiene nada que ver con la calidad de los futbolistas ni con la categoría y el extraordinario trabajo que viene haciendo su seleccionador desde que llegó al cargo. Campeona de la última Eurocopa y finalista de la Nations League el año pasado, España es una referencia mundial por su juego y su estatura competitiva. Y De la Fuente ha sido una bendición. Lo que ocurre es que, cuando se llega a un Mundial, los análisis se reducen a lo que ocurre exactamente durante las cuatro o cinco semanas que dura. Todo lo demás no importa. El pasado no existe. O mejor dicho, sólo existe para crear esperanzas o desterrarlas antes del torneo. Y lo cierto es que ante Cabo Verde la selección emitió una señal preocupante. Me refiero al estado de forma de varios jugadores de importancia capital.
A la hora de hacer su lista, el seleccionador tuvo muy clara una decisión que entrañaba sus riesgos. No dudó en incluir en ella a Nico Williams, condenado toda la temporada a la mediocridad por su pubalgia; a Mikel Merino, que sólo ha jugado unos pocos minutos en el Arsenal tras pasarse cinco meses de baja; o a Gavi, que volvió a los terrenos de juego a mediados de marzo tras seis meses en el dique seco por una operación en el menisco interno. Los tres están muy lejos de su mejor nivel, pero el seleccionador les consideraba suficientemente importantes como para convocarlos, convencido de que se pondrían a tono. Por otro lado, no hay que olvidar que la gran estrella del equipo, Lamine Yamal, llegó a la cita mundialista tras dos meses parado recuperándose de un rotura en el bíceps femoral. ¿Van a poder ofrecer su mejor versión estos jugadores por muchas ganas que le pongan? No es fácil apostar por ello, la verdad.
El partido ante Cabo Verde tampoco fue nada positivo para Rodri, otra pieza básica. Se le vio lento, sin chispa, mostrando un cierto acomodo en sus pases, que fueron reiterativos y sin picante. Tampoco se acercó al área para intentar algún disparo. Su actuación contribuyó en gran medida al partido tan pastoso y pobre que jugó España desde el primer minuto. ¿Está bien de verdad el 'Balón de Oro' madrileño o todavía necesita más tiempo para afinarse después del año que estuvo parado tras romperse el cruzado? Habrá que verlo, pero estamos hablando de un futbolista clave. Además, a su sustituto natural, Zubimendi, se le ha hecho larga su primera temporada en la Premier, hasta el punto de que acabó siendo suplente en el Arsenal. Vamos, que el guipuzcoano es otro que tampoco está para echar cohetes.
Habrá que ver qué nivel dan los jugadores claves que han llegado al Mundial muy justos de forma
Estos interrogantes están ahí y se irán despejando en un sentido u otro en los próximos partidos. No hace falta decir que el papel de la selección va a depender en gran medida de que se despejen de la mejor manera. Porque, aunque es cierto que el plantel de Luis de la Fuente es, por calidad, uno de los dos o tres mejores del mundo, también lo es que quienes marcan la diferencia son varios de estos jugadores de lo que estamos hablando. Sin el desborde y la velocidad de sus extremos, España sufre y corre riesgo de colapso ofensivo. Esa agitación por las bandas es fundamental en un equipo que tampoco tiene un delantero centro clásico sino un falso nueve como Oyarzabal. O lo es también para aprovechar la llegada a gol de Mikel Merino. Por otro lado, que el mediocentro organizador esté fino y afilado es vital en un equipo sinfónico. Lo es incluso para que su mezcla con Pedri, que juega más adelantado que en el Barça, sea realmente explosiva.
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