No solo Huang y la administración Trump se irán contentos. Al permitir que las empresas nacionales compren chips H200 en cantidades limitadas, Pekín tiene la oportunidad de lograr dos objetivos estratégicos a la vez, resalta Samuel Bresnick, investigador del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de Georgetown.
Los campeones tecnológicos chinos pueden acceder ahora a la computación que necesitan desesperadamente para entrenar modelos de IA potentes y casi de vanguardia, a la altura de las últimas propuestas de OpenAI y otros laboratorios estadounidenses. Pero al mantener un estricto control sobre quién puede comprar el hardware de Nvidia, Pekín está ayudando a garantizar que la demanda de chips Huawei siga siendo alta y que siga habiendo fuertes incentivos para que las empresas continúen construyendo el ecosistema nacional de semiconductores de China.
Este resultado es "una prueba excelente de que esta idea de David Sacks de mantener a China enganchada a la tecnología estadounidense no es la forma en que esto va a ir", destaca Bresnick. "Lo veo como una prueba de que China se siente totalmente incómoda con la idea de dejar que su propia floreciente industria de chips se vea inundada por Nvidia".
Pero el verdadero daño puede provenir del latigazo en Washington. Durante años, los responsables políticos han enviado señales contradictorias sobre lo que EE UU quiere conseguir con los controles de chips, y China ha estado observando atentamente. "Lo peor que podemos hacer es ir de un lado para otro", dice Bresnick. "Ya hemos dado a China el imperativo de poner en marcha sus propios chips y al mismo tiempo les hemos dado acceso".
Artículo originalmente publicado enWIRED. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.
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