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Internacional

La España fallida

La España fallida
Artículo Completo 511 palabras
La España fallida

José Antonio Trujillo

Málaga

Domingo, 25 de enero 2026, 01:00

... instalados en una suerte de maldición que se oculta tras nubes de plata y nieve, en una sierra de luto que se hiela ante una brisa triste de olivos y oscuridad de siglas partidistas que nos impone una sociedad de dolor y error.

La fatalidad desnudó a un aparato del Estado incompetente repleto de disfunciones en el abordaje de la complejidad, sin la consistencia institucional y organizativa que debe poner a los ciudadanos a salvo de tragedias evitables. Entre el pánico y la tragedia surgió la ayuda de los héroes anónimos de un pueblo que sacó a relucir lo mejor de la sociedad. Una ola de solidaridad que evocó aquello de «solo el pueblo salva al pueblo», lema difundido tras la dana de Valencia, que nuevamente retrató a una Administración que llegaba tarde y mal como denuncian las víctimas. Nos hemos acostumbrado a convivir con infraestructuras y servicios de un país en declive mientras nuestros gobernantes mantienen el discurso y la fiscalidad de potencia desarrollada, que presume de la mayor recaudación tributaria de nuestra Historia en términos nominales y como porcentaje del PIB sin rubor. Padecemos un Estado degradado por un poder que ha convertido la administración pública en un territorio a colonizar.

Ministerios, empresas públicas y organismos reguladores están repletos de cargos sin oficio ni experiencia, nombrados no para gestionar sino para obedecer, no para servir sino para proteger al partido. En ese ecosistema político de inoperancia y degradación moral, los trenes no solo descarrilan sobre las vías, también lo hace la confianza de unos ciudadanos que empezamos a asumir, con resignación peligrosa, que nadie se responsabiliza de nada.

A la incompetencia, le sigue la negligencia que se oculta tras la propaganda que nos regala la politización asimétrica del dolor. A los dirigentes populares se les exige silencio, prudencia y contención desde todas las terminales mediáticas del sanchismo, cuando las responsabilidades apuntan al Ejecutivo central. Sólo hay que ver a un Juanma Moreno en el papel de psicólogo de una funeraria y no como el presidente de una comunidad autónoma que necesita más respuestas y menos condolencias. Cuando la política deja de rendir cuentas, la vía muerta deja de ser metáfora y se convierte en destino. Un país que no exige competencia y responsabilidad a quienes nos gobiernan acaba normalizando el fracaso como paisaje.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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