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La española que mantiene impecable la ropa de los billonarios suizosPuntadas con hilo ·
Noelia StGeorge es de las pocas personas que trabaja como encargada de lavandería y vestuario de grandes fortunasMadrid
Domingo, 5 de abril 2026, 00:25
... fortunas. Noelia StGeorge, española afincada en el país, trabaja en este ámbito para familias billonarias, en un puesto tan específico como revelador del nivel de detalle con el que funcionan estos entornos.A esta tarea se suma la gestión integral del vestidor. No se trata solo de ordenar, sino de estructurar el espacio en función de las rutinas de cada persona, lo que, asegura, «tiene más impacto de lo que parece en el día a día».
Detrás de esa forma de trabajar tan minuciosa hay un vínculo mucho más profundo. «La pasión por la moda es algo con lo que nací», cuenta Noelia, que mantiene el recuerdo de la fascinación que le provocaba estar en el taller de su abuela, que era modista. Ese interés se consolidó años después, trabajando como auxiliar de vestuario y encargada de camerinos en 'El Secreto de Puente Viejo' y en 'El Don de Alba', donde tuvo la suerte de coincidir con Patricia Monné, que venía de trabajar en producciones de Hollywood. «Ver cómo construía el vestuario de un personaje desde su psicología, desde dentro hacia fuera —rememora—, fue revelador».
Noelia StGeorge, encargada de lavandería y vestuario de grandes fortunas.Una experiencia que marcó un punto de inflexión y la llevó a estudiar Historia del Arte para profundizar en la historia del traje. Más adelante, también asistió a estilistas en editoriales en Madrid, un mundo completamente diferente, que define como «más inmediato, más visual. Han sido etapas de aprendizaje puro. Cada una me dio algo distinto y me fue llevando, casi sin darme cuenta, hacia donde estoy ahora».
Valor y artesanía
En su trabajo actual, combina conocimiento técnico con una filosofía de cuidado a largo plazo. «Tal y como yo lo veo, la meta principal es salvaguardar el valor y la artesanía de las prendas con las que trabajo», afirma. Para ello, «la base es el cuidado del textil, pero no de cualquier manera. Me encanta entender el porqué de las cosas: trabajo con productos cuya composición conozco al detalle, algunos muy técnicos y otros sorprendentemente básicos, de los que cualquiera tiene en casa. Uno de los principios que más defiendo es lavar menos y airear más. Parece simple, pero le das más años de vida a la prenda».
Otra parte esencial es entender las necesidades de la persona a la que asiste y adelantarse a ellas antes de que surjan. «Esa siempre es mi parte favorita», admite. Las casas en las que trabaja funcionan con una estructura altamente organizada, «con un nivel de detalle y excelencia comparable al de un hotel de cinco estrellas». Equipos amplios, funciones bien definidas y una operativa pensada para que todo funcione sin margen de error.
En ese contexto, la discreción no es un valor añadido, sino una condición imprescindible del trabajo. La cercanía con los empleadores y el acceso a su vida cotidiana exigen establecer límites claros sobre lo que se puede compartir. «Prefiero no entrar en detalles concretos por confidencialidad», explica al hablar de las prendas más exclusivas con las que ha trabajado, aunque sí apunta que muchas de ellas trascienden a quien las viste porque «son patrimonio familiar».
Se trata de un perfil con poca competencia pese a estar muy bien remunerado, con sueldos que pueden oscilar entre 75.000 y 108.500 euros al año, debido a que «el verbo servir está mal visto y mal interpretado. Mucha gente asocia este trabajo con algo de menor estatus, cuando la realidad es completamente distinta», a lo que se suma que «hay muy pocas personas bien formadas, con los idiomas necesarios y con disposición real para dedicarse a esto». «La mayoría o no lo conoce o prefiere trabajar para una gran entidad porque cree que eso tiene más prestigio. Yo, sinceramente, disfruto mucho más asistiendo en su vida personal a las personas que son dueñas de esas grandes corporaciones».
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