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Planta de tratamiento de crudo en Venezuela. Reuters La estrategia energética del primer año de Trump redibuja el mapa de suministro de EspañaEl peso creciente de EE UU como principal proveedor de petróleo y gas redefinen la seguridad del suministro nacional
Lunes, 26 de enero 2026, 00:06
... según lo previsto. En su discurso en el Capitolio el 20 de enero de 2025, Donald Trump aseguró que la clave para restaurar la riqueza nacional reside en «el oro líquido bajo nuestros pies». Y España, que históricamente tiene que importar todo el petróleo y gas natural que consume, no ha sido ajeno a estos planes.Desde un punto de vista comercial, el cambio parece razonable, ya que el gigante estadounidense –con una industria energética robusta y capacidad excedentaria– había sido considerado históricamente un socio fiable. Sin embargo, el segundo mandato de Trump ha introducido una variable que transforma esa alianza en vulnerable: la instrumentalización de la energía como herramienta de presión económica y diplomática.
Una buena muestra de ello es que fuese el pacto arancelario entre Washington y Bruselas alcanzado el pasado verano el que allanó el camino a las aspiraciones energéticas y comerciales del magnate. El notable aumento de las importaciones se ha producido después de que EE UU aceptase rebajar las tasas a la Unión Europea a cambio del compromiso europeo de elevar las compras de sus productos energéticos a 750.000 millones de dólares hasta 2028.
30%
fue el peso de las importaciones estadounidenses de gas natural licuado (GNL) a España en 2025
«No vamos a llegar a esa cifra. EE UU no tiene suficiente gas ni petróleo para que Europa compre ni Europa tiene suficiente demanda para comprar tanta energía, pero es una declaración de intenciones», defiende Jorge León, vicepresidente sénior y jefe de análisis geopolítico de la consultora Rystad Energy. Pero en opinión de este experto, «es probable que el incremento de compras de productos energéticos en los próximos años se vaya acentuando».
Argelia, a la cabeza del gas
Así las cosas, las importaciones de gas natural licuado (GNL) de EE UU a nuestro país pasaron de 56.435 GWh de 2024 a 111.660 GWh un año después, según recoge el último boletín estadístico de Enagás. Argelia, que en el conjunto de 2025 aportó 107.179 GWh, se ha mantenido en primera posición, con el 34,5% del total, aunque ligeramente por debajo del año anterior, cuando alcanzó el 38,5%. Le sigue EE UU, con una cuota del (30%), y muy por detrás, Rusia (11%), que pierde cuota respecto a 2024 (21,3%).
En cuanto al petróleo, el país norteamericano se consolidó como principal suministrador en 2025. Con los últimos datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores) –y a falta de conocer el dato de diciembre–, EE UU se mantuvo en primera posición, con 8,3 millones de toneladas entre enero y noviembre, seguido de Brasil (7,7 millones), México (7 millones) y Nigeria (5,4 millones). Este listado contrasta con la situación previa a la pandemia, cuando los principales proveedores de España eran Angola, Libia, Nigeria, Brasil, México, Venezuela, Kazajistán o Noruega.
Diversificación
Este grado de exposición hacia el mercado energético estadounidense es un arma de doble filo en un momento en el que la UE está eliminando gradualmente las importaciones de gas ruso para 2027 y Trump amenaza con golpes geoestratégicos en Groenlandia e Irán tras su incursión en Venezuela. El informe 'La ceguera selectiva de Europa en materia de gas: el GNL estadounidense y los límites de la diversificación del suministro' advierte del riesgo de que el gas –y en particular el GNL estadounidense– pueda usarse como arma de presión geopolítica. «Europa necesita una definición clara de diversificación y una estrategia que refleje las realidades geopolíticas actuales», afirma Raffaele Piria, coautor del informe elaborado por expertos en política energética del Instituto Clingendael (Países Bajos), el Ecolog Institute (Alemania) y el Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI).
Arma geopolíticaTres organismos europeos urgen a los legisladores a buscar nuevos proveedores y rutas
Este trabajo reconoce que los países europeos seguirán necesitando gas a corto y medio plazo y urge a los legisladores europeos a diversificar proveedores y rutas. «Los planes nacionales de diversificación deberían reflejarlo claramente», argumenta Louise van Schaik, jefe de la Unidad de Asuntos UE y Globales de Clingendael.
Además, esta posición de debilidad de Europa hacia EE UU aumenta su exposición a las fluctuaciones de los precios mundiales, «lo que tiene un fuerte impacto en los precios mayoristas del gas y de la electricidad», señala Hannah Lentschig, del Instituto Clingendael y coautora del texto.
La subida del gas encarecerá la factura
La cotización del TTF holandés, el mercado de gas natural más utilizado para las materias primas europeas, se ha disparado en lo que llevamos de enero alrededor de un 50% desde los 26,56 euros por megavatio hora (MWH) a los que se hundió en diciembre hasta el entorno de los 40,03 MWH. Este movimiento a la baja se ha producido en un contexto de desestabilización geopolítica en los mercados en los que las reservas de gas almacenado se sitúan de media en la UEen el 51,8%. Un porcentaje que empieza a dar señales de alarma porque países como Francia o Alemania comienzan a mostrar niveles bastante bajos.
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