La Tribuna
La excepción salarial de Singapur Regala esta noticia Añádenos en GoogleJosé M. Domínguez Martínez
Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga
27/09/2026 a las 02:00h.El contraste entre la retribución de un gobernante y la de un ejecutivo de una empresa privada suele ser objeto de comentarios frecuentes. Con carácter ... general, las enormes diferencias de emolumentos se señalan como una causa de la dificultad para que profesionales de alto nivel accedan a la carrera política. El asunto es bastante más complejo, y no puede circunscribirse a una cuestión meramente crematística momentánea. El salario asignado al jefe del gobierno de un país puede ser relativamente reducido, pero la cifra dineraria no refleja la verdadera retribución, ni, mucho menos, el coste del puesto para el erario.
El hecho de que haya personas dispuestas a renunciar a importantes retribuciones en el sector privado por un sueldo palpablemente menor puede ser indicativo de que el desempeño de posiciones de alta responsabilidad lleva aparejadas satisfacciones subjetivas no monetarias, ligadas al ejercicio del poder. De otra parte, la posibilidad de realizar funciones de interés general conlleva un plus de satisfacción que, para personas con acentuada vocación de servicio público, puede compensar la percepción de una retribución inferior a la del sector privado.
Aparcando ese análisis más amplio, merece la pena centrarse en el caso atípico de Singapur. Ha causado sensación la noticia de que el primer ministro de este país, también encargado de la cartera de finanzas, tiene una retribución total de 2,4 millones de euros. Esta es muy superior a las de los jefes de gobierno de Alemania (360.000 euros), España (97.300), Francia (192.000), Italia (80.000), Reino Unido (205.000), e incluso a la del presidente estadounidense (unos 350.000).
La experiencia singapurense es oportuna como elemento de reflexión respecto al debilitamiento del contrato social
En 1994, el fundador del moderno Singapur, Lee Kuan Yew, diseñó una fórmula que vinculaba la retribución de los ministros y de los altos funcionarios a sus pares en el sector privado, a fin de asegurar que el gobierno pudiera competir para atraer al mejor talento, e interponer un elemento disuasorio de la corrupción. Esta práctica ha tenido respaldo popular a lo largo del tiempo, aunque también ha habido episodios de crítica.
El actual primer ministro de Singapur aduce que, si se quiere que el sistema político siga siendo eficaz, no se puede permitir que sus principios fundamentales se alejen cada vez más de la realidad. Poder contar con un liderazgo político de calidad para mantener el pulso del país y servir bien a los singapurenses es el reclamo esgrimido.
Para fijar la retribución de los cargos gubernamentales se toman como referencia los niveles salariales de los 1.000 singapurenses mejor pagados. Sobre esa marca se aplica un descuento del 40% para reflejar el sacrificio implícito en la entrada en la política. La retribución consta de dos componentes, uno fijo (65%) y otro variable (35%). Este último consiste en un bonus ligado a la actuación individual (salvo para el primer ministro, que no tiene a nadie por encima) y en un bonus nacional, vinculado a una variedad de resultados socioeconómicos que incluyen la tasa de empleo, el crecimiento de la renta real y la tasa de variación real del PIB. Ahora bien, es importante observar que los cargos gubernamentales de Singapur no disfrutan de ventajas accesorias como viviendas cedidas, planes de pensiones o vehículos oficiales. Una comparación homogénea tendría que basarse en el coste total, incluyendo todos los conceptos. No lo es, como ocurre en la empresa privada, la que se centra solo en la parte dineraria.
La ciudad-estado de Singapur, «un país que fue un pantano empobrecido, ahora un centro pujante de la economía mundial», es considerada uno de los 'milagros' de los últimos setenta años. Según el 2026 IMD World Competitiveness Ranking, Singapur ocupa el primer lugar entre 70 economías del mundo analizadas en dicho estudio. El índice de competitividad utilizado se basa en cuatro grupos de factores: actuación económica, eficacia de la administración pública, eficiencia empresarial, e infraestructuras.
Concurren muchas singularidades en este pequeño país asiático, pero constituye una especie de experimento natural, en el que se han aplicado significativas medidas económicas en los ámbitos público y privado, y del que se pueden extraer valiosas enseñanzas. Su trayectoria económica es impresionante. Como destacaba The Economist en mayo de 2024, «en el momento de su independencia en 1965, el país era más pobre que Suráfrica o Jordania... su PIB per cápita se ha duplicado en los últimos 20 años» (en 2025, casi 100.000 dólares norteamericanos, 2,6 veces el de España). Por otro lado, resulta interesante consultar la posición que ocupa Singapur en las pruebas PISA de la OCDE, en las que dominan en todos los rankings.
Tan importante o más que lo que cobran los cargos políticos es lo que cuestan al país; también lo que aportan, y las consecuencias de su acción y de su inacción. Con independencia de la posición personal que tengamos sobre el papel de las retribuciones, en ocupaciones públicas y privadas, la experiencia singapurense es particularmente oportuna como elemento de reflexión respecto al aparente debilitamiento del contrato social en algunos países en los que el Estado, pese a su elevado gasto público, se muestra incapaz de atender adecuadamente las funciones básicas y los servicios esenciales que justifican su existencia.
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