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La extraña y apasionante historia de la obsesión de la humanidad por el oro

La extraña y apasionante historia de la obsesión de la humanidad por el oro
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Un nuevo libro recorre la dorada historia de un activo milenario
La extraña y apasionante historia de la obsesión de la humanidad por el oro

Un nuevo libro recorre la dorada historia de un activo milenario

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The Economist

26/05/2026 Actualizado a las 17:06h.

En la década de 1980, Lloyd Blankfein, que más adelante sería director de Goldman Sachs, pero que por entonces era un novato en el comercio ... del oro, se compró un kilogramo de este metal. En «Streetwise», sus memorias, lo describe más como un tema de conversación que como una inversión, aunque le costó unos 15.000 dólares —50.000 dólares actuales—. Cuando lo mostraba en las cenas, descubrió que provocaba más asombro que conversación. «La gente quedaba ligeramente hipnotizada», escribe. «Nadie quería soltarlo».

El «instinto primario» de codiciar el oro impregna el folclore. Los mitos griegos están repletos de él: hay un vellocino de oro —buscado por los argonautas—, una manzana de oro —entregada a Afrodita— y todo lo que se convierte en oro —al ser tocado por el rey Midas—. Los gobernantes de la Antigüedad comprendieron el poder de este simbolismo y lo aprovecharon. Cuando el Imperio de Lidia acuñó las primeras monedas en el siglo VII a. C., las fabricó con plata y oro. Unos 200 años más tarde, cuando Alejandro Magno conquistó el Imperio persa, se aseguró cuidadosamente todas sus principales regiones proveedoras de oro. A continuación, estableció 26 casas de la moneda en Europa, Asia y África, y se aseguró de que algunas de las monedas más valiosas tuvieran una pureza de oro del 98%.

Esta idea se mantuvo, con altibajos, durante más de 2.000 años, por lo que la historia del oro es también la del dinero. Por ello, resulta lamentable que el dominio de este tema por parte de Frisby sea precario. Escribe con reverencia sobre el patrón oro, bajo el cual los gobiernos solían vincular el valor de sus monedas al metal y que ningún economista serio defendería hoy en día. Sus bien documentadas contribuciones a las crisis deflacionistas y financieras, incluida la Gran Depresión, curiosamente no se mencionan en este libro. Por el contrario, el autor critica duramente las «perniciosas consecuencias» de las «monedas fiduciarias con tipo de cambio variable» que sustituyeron a las respaldadas por oro después de que Estados Unidos abandonara el patrón oro internacional en 1971. De hecho, este cambio sentó las bases para un gran auge económico.

Parte del interés de este libro radica en hasta qué punto Frisby encarna el estereotipo del fanático del oro como un excéntrico. «Sin la disciplina del oro», escribe, los gobiernos se han «engordado a base de despilfarro, guerra y asistencia social», como si estos problemas hubieran surgido en la década de 1970. Se culpa a las monedas no respaldadas por el oro del aumento de los precios de la vivienda, la inmigración y los «sentimientos de desesperanza». «Las conexiones», advierte con tono sombrío Frisby, «son innegables una vez que se comprenden las fuerzas en juego». Este crítico debe confesar que ha terminado el libro sin haber salido más ilustrado.

«Sin la disciplina del oro», los gobiernos se han «engordado a base de despilfarro, guerra y asistencia social», como si estos problemas hubieran surgido en la década de 1970

No obstante, merece la pena leerlo, porque el autor ha recopilado algunas historias apasionantes: está la orden del rey español Fernando II a los conquistadores para que consiguieran oro a toda costa; están las fiebres del oro del siglo XIX, que transformaron California y Australia; está la audaz —y sorprendentemente exitosa— misión del Banco de Noruega para proteger su oro de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El oro, «una reliquia bárbara»

También merece la pena leer este libro porque el oro sigue siendo muy importante. Representa más del 80% de las reservas de divisas de Estados Unidos. Mientras tanto, el uso del dólar como arma por parte de Estados Unidos, a través de sanciones a países como Rusia e Irán, ha desencadenado una carrera en busca de alternativas, respaldadas por gobiernos o basadas en el bitcoin. Sin embargo, como señala Frisby, incluso los países más interesados en estas alternativas, como China, Arabia Saudí y Tailandia, también se apresuran a comprar oro.

Lo mismo ocurre con los inversores, debido al uso del oro como refugio frente a la inflación y el caos político. Ambos han aumentado en los últimos años, al igual que el precio del oro: el kilogramo de Blankfein alcanzaría ahora unos 150.000 dólares. Como base del dinero, el oro sigue siendo, como escribió John Maynard Keynes en 1924, «una reliquia bárbara». Sin embargo, como componente de las carteras de los inversores, sigue siendo tan importante como siempre.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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