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Witold Gombrowicz, en París en 1967 Bohdan Paczowski 'Extranjero en todas partes' de Mercedes Halfon La fascinante biografía de Gombrowicz, el escritor polaco que saltó de un transatlánticoLa escritora argentina Mercedes Halfon publica la biografía de los años que Witold Gombrowicz malvivió en Buenos Aires luchando por la literatura
Martes, 3 de febrero 2026, 00:03
Borges y Cortázar. Pero para cada vez más lectores y ... especialistas se cuela ahí arriba el nombre exótico de un polaco bastante peculiar, Witold Gombrowicz (1904-1969). ¿Y qué pinta ahí? Invitado, de joven, a visitar las ciudades del Río de la Plata como parte de un contingente polaco de aristócratas y gentes de cultura, pasó algo: un tal Hitler acababa de comenzar la invasión de su país. El día que había que volver, con todos esos polacos retornando a quién sabe qué patria, Gombrowicz saltó del barco con sus maletas en el último momento. Buenos Aires sería su casa los veinticuatro años que siguen a esa acción impulsiva y envuelta en leyenda.La editorial (el libro se publicó primero en Argentina con Ediciones UDP) le dio también la opción de Alejandra Pizarnik. «Llegamos a esos dos autores, y ese fin de semana me puse a leer 'Transatlántico', la novela que escribió Gombrowicz en Argentina, y me pareció tan divertido, me generó tanto interés, que dije 'tengo que hacerlo'».
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Un joven Gombrowicz (centro) junto a otros escritores polacos en Buenos Aires, en 1948 RCLa diversión, la ironía —a veces sangrante—, son clave en la obra del autor, quizás escondiendo o tapando verdaderos dramas: sus dos mejores amigos mueren pronto y violentamente en Polonia, no habla con su familia, y en Argentina vive prácticamente en la pobreza, de todo salvo de espíritu. «Cuando una escribe una biografía, hay ciertas zonas de la vida de una persona que un poco te cierran la puerta. Hay personas que son reservadas, que no hablan de sus dolores. Yo creo que él era una de esas personas». Gombrowicz consiguió con el tiempo llevar un diario muy particular: en lugar de ser privado, se iba publicando directamente en revistas internacionales de la diáspora polaca, y será muy consumido en lugares lejanos, triunfando en la distancia, pero afectando bien poco a su situación diaria. «No era un diario íntimo, era un diario éxtimo: escrito para ser leído. Creo que era una persona muy teatral, con un personaje muy bien construido. Sí hay algo de tristeza, pero él la experimenta en otra patria, corrida, desplazada».
Inconformista auténtico, el polaco ha permeado en sus lectores hasta generar un cierto estatus de culto que llega incluso a los eventos multitudinarios. «Es inevitable caer un poco en la fascinación. Sobre todo porque con toda esa inteligencia y cultura nunca cae en la solemnidad, es un opositor de la cultura en mayúsculas, de la forma entendida como horma que delimita. Él va a estar a favor de la inmadurez y la juventud».
Gombrowicz en París, en 1967 Sophie BassoulsSaltar del barco es solo el principio. Veremos a Gombrowicz mendigar comidas haciéndose llamar conde, increpar en público a las autoridades culturales establecidas o aceptar un trabajo en una sucursal bancaria donde escribe a escondidas. «Ahí empieza a escribir 'Transatlántico' y otras obras. Escribiendo a espaldas de sus directivos y compañeros es un poco héroe de la clase trabajadora, ese trabajo es una bendición para él, casi diez años lo sostiene. Y sin embargo logra escribir: me parece tramposo, divertido, pero también me parece como muy parte de su estética».
'Ferdydurke' y el 'Diario argentino'
Otra gran imagen, quizás la más genial, es la de ponerse a traducir la única novela que traía de Polonia, 'Ferdydurke' (1937), sin saber apenas español, en una cafetería rodeado de nuevos amigos jóvenes que no tienen ni idea de polaco. Discuten colectivamente frase a frase por horas, sin diccionario. «Él habla con verbos en infinitivo, y en el bar opina hasta el mozo. Esa es la traducción que aún existe, llena de errores e incongruencias, pero deciden dejarlo así: es un libro sobre la inmadurez y esta traducción de algún modo duplica esa búsqueda». Esta idea da mucho que pensar: ¿Tiene que ser única una obra? ¿Cuántos autores hay que acreditar en este nuevo 'Ferdydurke'? «Me atrae mucho esta escena de los bares como lugares de intercambio, de discusión en grupo. Creo que su literatura tiene mucho que ver con ese tipo de discusiones y con llevar la contraria». Al leer, entra una cierta nostalgia de esos tiempos duros pero efervescentes, donde la literatura parecía palpitar mucho más que ahora, protagonizando esos debates que llenaban las horas de los cafés. «Los bares donde él iba no existen más. E Instagram, Facebook o la plataforma que se te ocurra definitivamente no es el ágora, no es el bar. Es otra cosa», comenta la autora.
Ese 'Diario argentino' que se iba publicando casi en directo es la obra que Halfon recomendaría para empezar con Gombrowicz. «Es muy particular, lo escribe desde Argentina en polaco, aquí casi nadie lo lee, es como un diario en el aire. Habla de una Argentina que nadie puede comprobar… y sin embargo creo que nos vio muy bien, entendió muy bien algo de lo que es este país. Ricardo Piglia, en '¿Existe la novela argentina?', pone a Gombrowicz como uno de sus inventores».
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Gombrowicz, de nuevo en París en 1967 Sophie Bassouls'Ferdydurke' no le sacó de pobre, y mucho menos la edición en español: apenas se leyó, solo alguna copia podía encontrarse en los mercadillos. Pero con sus aportaciones en revistas polacas poco a poco fue labrándose un nombre que le hará volver a Europa, a cosechar finalmente el éxito (en Polonia y Francia sí tenía lectores), pero también, como escribe Halfon, a encontrarse con la enfermedad y la muerte. «Sus novelas son complejas, es un autor de vanguardia, pero es realmente muy gracioso. Todas las conversaciones tienen un transfondo de chiste, de humorada, de ironía». Uno de los más emotivos momentos del libro sucede en Tandil, una localidad muy distinta de la capital, unos quince años después de publicar aquella traducción. Sentado en un café, con muchos sinsabores encima, cuatro chavales jovencísimos aparecen: «¡Es usted Gombrowicz! ¡El autor de 'Ferdydurke'!». Llevaban meses obsesionados con el libro. Mercedes Halfon termina: «Es que… ¿Qué es el reconocimiento?¿Qué es un lector?¿Para quién uno escribe? Son preguntas muy profundas. Tras ese esfuerzo demencial que él había hecho, no lo había leído nadie. Y tantos años después, en un pueblo pequeño de la provincia de Buenos Aires, aparecen estos jovencitos de 16 años que conocen su apellido, tan difícil de pronunciar, y 'Ferdydurke', también dificilísimo de recordar, y que ni siquiera significa nada. Gombrowicz, que era rápido como pocos, dice: '¡Un lector en la pampa salvaje!'». Se hicieron amigos hasta el final.
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