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La fatuidad del pacifismo de Sánchez

La fatuidad del pacifismo de Sánchez
Artículo Completo 1,172 palabras
Opinión LIBERALIA La fatuidad del pacifismo de Sánchez Publicada 8 marzo 2026 11:13h

El artículo de Pedro Sánchez en The Economistno constituye una pieza de alta diplomacia, sino que representa la apoteosis de la Sentimentalpolitiksobre la Realpolitik, un ejercicio de narcisismo ideológico ignorante de las leyes más elementales de la economía política y de la arquitectura de incentivos que sostiene el orden internacional.

Bajo una retórica pretendidamente humanista y una apelación constante a la "fuerza de las normas", el Presidente del Gobierno despliega un catálogo de falacias que socavan los cimientos de la confianza institucional y condenan a España a la irrelevancia estratégica.

El texto es una claudicación intelectual que confunde la defensa de la libertad con el aislacionismo populista.

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El primer error de diagnóstico, de una gravedad alarmante, es la instrumentalización de los datos del Banco Central Europeo sobre el impacto económico de un bloqueo en el Estrecho de Ormuz.

Sánchez utiliza la reducción del PIB y el aumento de la inflación como una coartada para la inacción.

Parece ignorar que la estabilidad de las rutas comerciales y la seguridad de los suministros energéticos no son maná caído del cielo, sino bienes públicos globales mantenidos por la capacidad de disuasión y el gasto en defensa.

Pretender disfrutar de los beneficios del comercio global mientras se niegan los costes de mantenimiento del orden que lo hace posible es una actitud moralmente parasitaria y económicamente analfabeta.

Sánchez ignora que la estabilidad del comercio y la seguridad energética no son un maná caído del cielo

La seguridad jurídica y física es la precondición sine qua non del mercado; sin ella, el sistema de precios colapsa y el capital huye hacia jurisdicciones que sí comprenden que la libertad no es gratuita.

Asimismo, la afirmación de que el conflicto bélico es una mera herramienta para "aumentar los beneficios de las industrias adyacentes" revela una comprensión de la economía de defensa impropia de un Doctor en Economía.

Atribuir la contención de regímenes teocráticos expansionistas, que violan sistemáticamente los derechos de propiedad y las libertades civiles, a una conspiración de buscadores de rentas del complejo militar-industrial es sonrojante.

Sánchez desprecia la función existencial de la defensa como garante del orden espontáneo y de la autonomía individual frente a la coacción externa.

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En su afán por complacer a las facciones más radicales de su espectro político, sacrifica el análisis técnico de las amenazas por un eslogan de consumo interno, erosionando la seriedad de España ante sus pares internacionales.

La decisión de denegar el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español bajo el paraguas de una supuesta "soberanía" constituye, en realidad, un incumplimiento flagrante de los compromisos implícitos y explícitos que rigen las alianzas estratégicas.

En el ámbito internacional, la reputación es un activo intangible de valor incalculable. Al anunciar de forma unilateral y mediática su negativa a cooperar en una operación de contención, Sánchez destruye el capital reputacional de la nación y eleva los costes de transacción para cualquier acuerdo futuro.

Un aliado que solo está presente en tiempos de bonanza, pero que se retira ante el primer atisbo de conflicto, deja de ser un activo para convertirse en un riesgo sistémico.

Un aliado que solo está presente en tiempos de bonanza, pero que se retira ante el primer atisbo de conflicto, deja de ser un activo para convertirse en un riesgo sistémico

Esta ruptura de la lealtad institucional no es autonomía estratégica; es una deriva hacia un aislacionismo sentimental que debilita la posición de España en los foros donde realmente se decide el futuro del orden mundial.

Su conclusión dicotómica entre el "imperio de la fuerza" y la "fuerza de las normas" es una falacia. Supone creer que las normas internacionales poseen una ontología independiente de la capacidad de coacción para hacerlas cumplir.

El derecho internacional no es una entidad mágica que detiene misiles o frena a autócratas. Es un marco que solo adquiere vigencia cuando existe una potencia hegemónica o una coalición de naciones libres dispuestas a respaldarlo con el uso legítimo de la fuerza.

Creer que un "consenso para la desescalada" con el régimen de los ayatolás, cuya estructura de incentivos se basa en la exportación del caos y el mesianismo teocrático, tendrá éxito es de una ingenuidad criminal.

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La paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de un equilibrio de poder que disuade al agresor.

Sánchez confunde deliberadamente la diplomacia con el apaciguamiento, una receta histórica que siempre ha conducido a catástrofes de mayor magnitud.

El artículo es una manifestación de populismo punitivo contra la racionalidad estratégica.

Al prometer "salarios más altos y mejores servicios públicos" como alternativa a la inversión en seguridad, Sánchez incurre en una falsa equivalencia presupuestaria.

Sánchez confunde deliberadamente la diplomacia con el apaciguamiento, una receta histórica que siempre ha conducido a catástrofes de mayor magnitud

Sin un marco de seguridad internacional estable, el crecimiento económico es inviable. Es el triunfo del cortoplacismo sobre la visión de Estado.

En definitiva, Pedro Sánchez ha utilizado las páginas de The Economist no para defender los intereses de España, sino para proyectar su propia imagen como líder de un pacifismo de salón.

La sustitución de los principios liberales de defensa de la civilización occidental por una estética del buenismo es el camino más directo hacia la decadencia económica y la irrelevancia geopolítica.

España merece una política exterior basada en la responsabilidad, el respeto a los contratos y la comprensión profunda de que la libertad solo prospera bajo el amparo de la fuerza decidida de la ley.

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