Todavía suena de fondo, aunque con menos potencia, la música 'tecnho' por los altavoces que aún quedan instalados, cada vez menos, en la pequeña población (300 habitantes censados) de La Granja (Cáceres), que se vio sorprendida desde la semana pasada con una fiesta 'rave' no autorizada que ha congregado más de 3.000 personas y unos 1.000 vehículos (automóviles, furgonetas y caravanas) que han ocupado de forma ilegal fincas privadas entorno a la piscina municipal.
La fiesta se disuelve, poco a poco, más que nada por agotamiento de los protagonistas (jóvenes de prácticamente toda Europa), antes que por intervención administrativa. "No venimos a hacer daño a nadie, sólo a divertirnos unos días", señalan los jóvenes. Y lo han cumplido, aseguran.
La Guardia Civil dispuso desde el primer día un 'blindaje completo' en esta zona del norte de Cáceres, para controlar los accesos y realizar controles de alcoholemia y drogas, interponiendo denuncias a algunos de los afectados. Ninguna otra repercusión más, salvo el traslado involuntario de un hombre a un centro hospitalario debido al consumo de sustancias estupefacientes.
El balance se completa con un detenido por desobediencia a la autoridad. En concreto, al conductor de un vehículo que hizo caso omiso a las instrucciones de los agentes, que le dieron el alto a un vehículo. No tenía ni permiso de conducción.
Siete días después de la llegada, por sorpresa, de los primeros visitantes, todavía hay agentes de la Guardia Civil mantienen el dispositivo de seguridad establecido, aunque son ya numerosos vehículos los que han abandonado de forma escalonada el lugar, a apenas escasos 38 kilómetros del origen del gran incendio de Las Hurdes, en Pinofranqueado.
Mientras las llamas devoraban el bosque y rodeaba las poblaciones cercanas, aquí la felicidad, la música, los puestos de comida y artesanía y el baile, junto al consumo de bebidas y estupefacientes (hay varias denuncias interpuestas por la Benemérita) se convertían en protagonistas. De hecho, el sábado pasado se declaró un incendio forestal en la zona. La rápida actuación de los agentes presentes en labores de vigilancia permitió detectar una columna de humo próxima a la zona de acampada, "comprobándose que procedía de un conato de incendio", según informó la Guardia Civil: "La inmediata intervención de ciudadanos presentes en la zona, junto con la Guardia Civil y los servicios de extinción de incendios, permitió controlar rápidamente el fuego".
Los visitantes (que organizaron de pronto y por sorpresa un pueblo grande dentro de otro, la propia Granja, diez veces menor) habían llegado por convocatorias en internet procedentes de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania o Bélgica, además de, por supuesto, otras partes de España, y acamparon entre los montes de Trasierra y el río Ambroz. Para ello, rompieron una alambrada para atravesar las fincas colindantes y penetraron campo a través sin ninguna dificultad.
Eran riadas de gente que avanzaba sin control hasta un destino fijado de antemano hasta que la Guardia Civil pudo intervenir con el fin de evitar que continuara incrementándose el número de personas y vehículos en la zona. Se llegó a cortar la autovía A-66 ante el tapón organizado para el acceso de los miles de desconocidos para los lugareños, que sin embargo reconocen no haber padecido problemas ni demasiadas incidencias.
La organización agraria Asaja denunció a comienzos de esta semana la repercusión concreta en uno de sus socios: "Al no permitirse el acceso de vehículos a la zona donde se desarrolla la fiesta, por los controles establecidos por los agentes, el ganadero de dicha zona se vio afectado por no poder acceder a su explotación y atender a su ganado y, como consecuencia de ello, murió un choto".
Al alcalde de La Granja, Óscar Martín, también la 'invasión' le cogió por sorpresa. Estaba en Santander de vacaciones y no se lo pensó dos veces: cogió el coche y regresó de inmediato. Lo hizo por responsabilidad y ante la incertidumbre de lo que podía pasar. Sin embargo, con el paso de los días ha comprobado que 'la marea' se ha comportado "de forma civilizada y con muy buen ambiente", aunque su preocupación ahora es que los desperdicios y la basura acumulada durante esta última semana no afecte demasiado al paraje natural. Para el alcalde, el desalojo de la fiesta hubiera sido "contraproducente" por motivos de seguridad, a pesar de que existe una ordenanza en vigor aprobada por el municipio que prohíbe expresamente la acampada libre.
Los vecinos piensan de la misma manera, mejor ha sido no agitar el 'avispero': "No ha habido demasiados problemas", comentan, aunque lamentan que la llegada de 3.000 personas no haya dejado beneficios económicos: "Quizás para el bar de la piscina, pero el resto del pueblo, nada de nada". La música, eso sí, ya suena cada vez con menos potencia... La fiesta ya se acaba. Habrá que comprobar si hay segunda edición el verano que viene...