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La frase que jamás deberías decir en verano si quieres unas vacaciones tranquilas

La frase que jamás deberías decir en verano si quieres unas vacaciones tranquilas
Artículo Completo 1,053 palabras
Manual para dehacerte de las visitas indeseadas: una mentira piadosa y preparada de antemano nos ahorrará aguantar en casa a los gorrones
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Manual para dehacerte de las visitas indeseadas: una mentira piadosa y preparada de antemano nos ahorrará aguantar en casa a los gorrones

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Yolanda Veiga

28/07/2026 Actualizado a las 00:10h.

A veces es una pregunta inocente, casi por rellenar el silencio, por hablar de algo: «¿Qué vais a hacer este verano?». Pero otras nos la ... lanzan con intención. En función de las motivaciones que presupongamos a quien pregunta, la respuesta deberá ser una u otra. Si realmente es alguien con quien nos apetece compartir unos días de vacaciones, les invitaremos de corazón. «Hemos alquilado una casa en un pueblito de Cádiz. Si os apetece acercaros, encantados. Podéis alojaros en nuestro piso los días que queráis». Pero ojo con decir esto por decir. Porque luego pasa que el vecino, el cuñado, el compañero de trabajo... se nos presentan en Cádiz y no nos apetece. Y claro, ¿cómo les vamos a decir que no? Los psicólogos Enrique García Huete y Elisa Sánchez elaboran una suerte de manual para librarse de las visitas no deseadas este verano.

  1. «¿Qué hacéis este fin de semana?»

Esta pregunta así, abierta, suele esconder una invitación no deseada detrás. «Si no nos apetece que vengan a vernos a nuestra casa de verano, cortamos desde el principio: 'Lo siento, no podemos quedar porque vienen a vernos los chavales'. Decimos eso y nada más, sin darles alternativas». ¿Y si insisten con quedar el siguiente fin de semana? «Pues de nuevo mentiremos: 'Tampoco podemos porque van a venir unos amigos. Si es que esto parece una posada, no tenemos un solo día libre'». Si nos da mucho apuro darles largas, Sánchez recomienda acotar el tiempo de la visita. «Como dice una amiga, los invitados, como el pescado, tres días como mucho, que luego empieza a oler». Y ser conscientes de que serán tres días poco relajados. «Cuando uno es el anfitrión no suele descansar mucho, siempre atento a atender a los invitados, a preparar comidas, excursiones... Y eso no solo es cansado, es que te priva de conectar con tu pareja, con tus hijos. En definitiva, con las personas con las que querías pasar tus días de descanso».

  1. ¿Vacaciones juntos?

Otras veces el plan es más ambicioso: quieren venirse con nosotros de vacaciones. Todas las vacaciones. «Si no te apetece, no cedas. Les dices: 'Este año hemos planeado viajar con los niños'. Puede que les parezca bien, que nos digan que se apuntan a eso también. Pero seguiremos sin ceder: 'Pues estaríamos encantados de que viniéseis, pero queremos estar los cuatro solos y estar con los chavales 'a full'. A ver si cuadramos otra vez'. Y cerramos así, sin concretar cuándo será esa otra vez».

  1. Cuando ya están aquí...

Suena el telefonillo del portal, pero no esperábamos a nadie. «Pasábamos por aquí y hemos decidido haceros una visita». «Cuando tenemos a las visitas ya en la puerta es difícil deshacerte de ellas, así que conviene tener siempre pensada una mentira piadosa: 'Subid un momento y tomamos una cerveza. Nos tenemos que ir enseguida, que hemos quedado con unos amigos en el pueblo de al lado'», idea sobre la marcha García Huete.

  1. «Vale, pues nos apuntamos»

Pasa que a veces el invitado inesperado no entiende o no quiere entender el mensaje. «Pasa mucho con los gorrones. Que te tocan al timbre y te dicen: 'Hola, vengo a que me invites al aperitivo' o que, aunque les digas que has quedado en el pueblo del al lado, insisten: 'Vale, pues nos apuntamos'». Si nos ponen en esas, el experto aconseja «echarle el mismo morro que le está echando el otro: 'Lo siento, pero nos habíamos hecho ya a la idea de ir solo con esos amigos, me da apuro sumarles más gente porque no os conocen'».

Si te encuentras con tu jefe o a tu vecino visitando la Torre de Pisa...

A veces no es que alguien se invite... es que te lo encuentras. Visitando la catedral de Burgos o la bahía de Hanoi, en Vietnam, te das la vuelta y ahí está: tu jefe, los vecinos de abajo... ¿Qué dice la norma de cortesía en estos casos? Depende del contexto. «Lógicamente te saludas: 'Hombre, qué sorpresa, ¿qué hacéis por aquí?'. Como mucho les sugieres tomar una cerveza y luego, cada uno por su lado», recomienda Enrique García Huete. Secunda Elisa Sánchez. «Con tomar juntos un café o, como mucho, ir a cenar, basta». Coinciden los dos psicólogos en que durante nuestras vacaciones «no tenemos que supeditar nuestro tiempo a otra persona». Es más, «probablemente a la otra persona le suceda igual, que no le apetezca tampoco ese encuentro, así que le estaríamos haciendo un favor».

Esa es la norma general, pero siempre hay lo que Huete llama «gorrones sociales», gente que quiere acoplarse a tus planes sin haber sido invitado. «No tenemos que aceptar los típicos chantajes de la gente que nos dice: 'Qué bien que os hemos encontrado porque no sabemos muy bien qué excursiones hacer, no conocemos la zona y estamos un poco colgados...'. En ese caso, les indicamos amablemente dónde pueden reservar las excursiones y les deslizamos que ya teníamos el 'planning' cerrado».

La cosa se complica si coincides en el hotel, en el restaurante, en la playa. No lo duda Huete. «Si no nos apetece nos inventamos un plan sobre la marcha. 'Justo nos íbamos a dar un baño y nos marchamos ya, que queremos hacer unas compras'. Sin dar muchas explicaciones de que vas a ir a tal o cual mercadillo o a comer al restaurante de no sé qué». Y si, en un caso ya más extremo, no pillan la indirecta e insisten en apuntarse a las compras Huete 'permite' «echar la culpa al marido: 'Es que es un poco raro, prefiere que vayamos solos'».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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