La frontera del Tarajal permanece tranquila. A primera hora de este miércoles no se ha producido ninguna nueva entrada de inmigrantes en Ceuta, a pesar de la expectación e incertidumbre que rodean a la ciudad ante la posibilidad de que vuelva a repetirse una llegada masiva desde Marruecos.
El paso fronterizo se encuentra fuertemente vigilado. Una decena de vehículos de la Guardia Civil y algunos furgones de la Policía Nacional permanecen desplegados en la zona. Al otro lado de la verja pueden distinguirse varios grupos de militares marroquíes que han pasado la noche, y parte de la mañana, acampados junto a la línea fronteriza para tratar de impedir cualquier intento de entrada. La escena, por el momento, es de calma.
Ceuta todavía arrastra las consecuencias de lo ocurrido los pasados 30 y 31 de julio, cuando una entrada masiva de inmigrantes procedentes principalmente de Marruecos alteró la situación migratoria de la ciudad y el día a día de sus vecinos. Aquellas dos jornadas marcaron un punto de inflexión y provocaron que miles de personas comenzaran a instalarse de manera improvisada en distintos puntos ante la imposibilidad de encontrar una alternativa inmediata.
Chabolas levantadas con palés, cartones, plásticos, colchones, sofás o restos de mobiliario han ido ocupando espacios en los barrios, playas y lugares de campo. Uno de los puntos donde resulta más evidente es precisamente el polígono del Tarajal, situado a escasos metros de la frontera con Marruecos. Allí, mientras el paso fronterizo permanece tranquilo, sí se ha registrado movimiento.
Una unidad de limpieza desalojando parte de las chabolas de los inmigrantes del polígono del Tarajal.ELENA IRIBASEn torno a las 10 y cuarto de la mañana ha comenzado el desalojo de una parte de las chabolas levantadas por inmigrantes en el exterior de las naves del polígono. No se trataba de retirar todo el asentamiento, sino de despejar una zona concreta en la que las construcciones habían terminado instalándose junto a contadores eléctricos y cables de alta tensión que suministran energía a las propias instalaciones fronterizas.
Una quincena de agentes de la Policía Nacional ha acompañado el operativo, mientras un equipo coordinado de limpieza formado por unas 20 personas ayudaba a desmontar las construcciones y retirar los materiales acumulados. En escasa media hora las estructuras completas han ido desapareciendo de ese punto del polígono y construyéndose de inmediato a escasos metros de la zona desalojada. Los propios inmigrantes han colaborado de manera voluntaria en las labores y el dispositivo se ha desarrollado sin altercados.
"No lo hacemos sólo por el riesgo que pueda sufrir la estructura, sino también por la seguridad de los propios inmigrantes", explican fuentes policiales presentes durante el operativo. La proximidad de las chabolas a las instalaciones eléctricas había convertido ese punto en una zona especialmente sensible. El desalojo, sin embargo, no cambia la imagen general del polígono. Los agentes destinados en la zona calculan que más de 2.000 personas continúan viviendo en el exterior de las naves. El escenario sigue siendo impactante. Donde termina una construcción comienza otra, formando un mar de refugios improvisados que se extiende por buena parte del recinto.
La falta de alternativas provoca además que el problema simplemente cambie de lugar. Casi dos meses después de la avalancha, el polígono del Tarajal, junto a la playa del Trampolín continúa siendo una de las imágenes más visibles de las consecuencias de aquella entrada masiva. Por ahora la jornada transcurre sin altercados ni nuevos intentos de acceso, pero Ceuta observa con incertidumbre la frontera con buena parte de sus consecuencias aún extendidas por las calles de la ciudad.