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La fuga de presos de Dáesh durante su traslado de Siria a Irak dispara la amenaza terrorista en la región y Europa

La fuga de presos de Dáesh durante su traslado de Siria a Irak dispara la amenaza terrorista en la región y Europa
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Hay al menos un reo español entre los trasladados de Siria a Irak, junto con centenares de europeos de los que Europa se desentiende. Más información: Siria, en llamas: Al Sharaa y EEUU fuerzan el desarme de los kurdos y reabren la caja de Pandora del ISIS en la región

Miembros de las fuerzas de seguridad del Gobierno sirio montan guardia mientras un grupo de detenidas se reúne en el campamento de al-Hol. Khalil Ashawi Reuters

Oriente Próximo La fuga de presos de Dáesh durante su traslado de Siria a Irak dispara la amenaza terrorista en la región y Europa

Hay al menos un reo español entre los trasladados de Siria a Irak, junto con centenares de europeos de los que Europa se desentiende.

Más información:Siria, en llamas: Al Sharaa y EEUU fuerzan el desarme de los kurdos y reabren la caja de Pandora del ISIS en la región

Estambul Publicada 22 febrero 2026 02:25h

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El riesgo de que se produzcan atentados terroristas se ha visto disparado por el colapso de la custodia y el desorden reinante durante el traslado a Irak desde el noroeste de Siria de más de 5.700 varones adultos vinculados al Estado Islámico, recluidos en centros de seguridad controlados por las fuerzas kurdas y sus socios.

La operación fue llevada a cabo por el mando militar estadounidense (CENTCOM) entre finales de enero y mediados de febrero.

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El episodio más claro de fuga con cifra atribuible se produjo en la prisión de Shaddadi, donde, según fuentes estadounidenses, unos 200 detenidos escaparon durante el vacío de custodia. "Muchos" habrían sido recapturados posteriormente, sin que exista un balance público definitivo.

En un comunicado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Unión Europea subrayó este mes su "profunda preocupación" por la "amenaza transnacional persistente" del terrorismo islámico y advirtió de que la situación es "particularmente preocupante": la custodia y detención de familiares, afiliados y combatientes de Dáesh, sostiene Bruselas, requiere estabilización sostenida y esfuerzos humanitarios para evitar un resurgimiento.

El riesgo es "especialmente inquietante" en la región —Siria e Irak como núcleo operacional e ideológico—, pero en el actual ecosistema yihadista, la filial centroasiática ISKP o ISIS Khorasan constituye una amenaza "especialmente aguda" para Europa por su capacidad de polarizar, reclutar y radicalizar, erosionando valores democráticos y perpetuando el miedo mediante atentados.

Entre los trasladados a Irak, hay al menos un ciudadano español.

"Se estima que desde España viajaron algo más de 200 personas para unirse al Estado Islámico en Siria e Irak, entre ellas casi 30 mujeres. Mientras que algunas regresaron antes de la caída del llamado califato, otras murieron en la zona de conflicto. Otras fueron capturadas y recluidas en centros de detención y en campos de detención", explica a este diario Devorah Margolin, analista del Washington Institute.

"Hasta la fecha, España ha repatriado a 5 mujeres y 16 menores. Además, se estima que un hombre español se encuentra entre los detenidos trasladados de Siria a Irak", añade la especialista.

Sobre el destino exacto de ese detenido español concreto, la información pública es aún fragmentaria. Diversas informaciones han señalado que parte de los trasladados han acabado bajo custodia en la Prisión Central de Al-Karkh, en Bagdad, pero no existe confirmación.

Según investigaciones periodísticas anteriores, en 2019 se identificaron españoles en el sistema penitenciario kurdo del noreste sirio. La periodista Natalia Sancha ha apuntado que el español ahora bajo custodia iraquí podría ser uno de los dos yihadistas localizados entonces: Omar el Harchi o Zuhair Ahmed, aunque las autoridades iraquíes no han facilitado su identificación.

En paralelo, España ha ejecutado repatriaciones desde ese ecosistema —el laberinto jurídico y humanitario de campos y centros de detención— con cuentagotas y bajo fuerte opacidad operativa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España no ha respondido a este diario sobre el número e identificación de los españoles que permanecen en la región.

En diciembre de 2025, fue Estados Unidos quien informó de la repatriación por parte de España de una madre y un niño desde el noreste sirio; se trataría de la ceutí Lubna Miludi y su hijo de cinco años, familiares de militantes del ISIS. Y en 2023, Madrid repatrió a dos mujeres yihadistas —Yolanda Martínez Cobos y Luna Fernández— junto con trece menores.

Mientras el gran operativo de CENTCOM en enero y febrero se centró en el movimiento de varones adultos detenidos hacia Irak.

El caos no se limita a las cárceles.

ACNUR ha confirmado una fuerte caída de la población en Al Hol en las últimas semanas y el plan de Damasco de trasladar a las familias restantes a un nuevo campamento en Akhtarin, en la provincia de Alepo.

Pero la dimensión más explosiva del momento tiene que ver con el vaciamiento caótico del anexo de extranjeras.

Según organizaciones humanitarias, unas 6.000 mujeres y niños de 42 países que estaban recluidos en ese anexo habrían salido en un proceso desorganizado y sin trazabilidad clara, con salidas nocturnas y destino incierto, y con desplazamientos hacia zonas del entorno de Idlib y Alepo.

Idlib fue durante una década, y sigue siendo, uno de los bastiones del actual presidente Ahmed al-Sharaa, un exlíder yihadista que dirigió la rama siria de Al Qaeda bajo el pseudónimo de Abu Mohamed al Jolani.

Tras abandonar su pasado radical y derrocar al cruel y corrupto régimen de Bashar al Asad en diciembre de 2024, el nuevo líder interino se unió oficialmente en noviembre de 2025 a la lucha contra el Estado Islámico —al que perteneció también temporalmente— liderada por Donald Trump, por lo que él mismo es un objetivo.

En Idlib, fronteriza con Turquía, se aplica la ley sharía y una visión radical del islam, por lo que es común que las mujeres vayan cubiertas con niqab. La geografía importa: allí operaron redes armadas y parte de la población desplazada, sin documentación ni protección, queda expuesta a tráfico, coacción, reclutamiento o reagrupación.

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Europa, en la diana

El riesgo para Europa incluye diversos niveles. Las fugas de militantes del ISIS no suponen un atentado inminente, sino que favorecen un mecanismo de incremento de incertidumbre.

En términos de seguridad, más personas potencialmente radicalizadas fuera de custodia equivalen a más carga para inteligencia y seguimiento, más rutas y facilitadores, y más oportunidades para recomponer redes.

El propio texto de la Unión Europea insiste en que las redes de ISIS son "adaptativas y oportunistas", y en que la arquitectura multilateral de información y cooperación es más importante que nunca.

Al mismo tiempo, organizaciones como Human Rights Watch alertan de que el traslado a Irak puede implicar torturas, desapariciones forzadas o juicios injustos; y ese tipo de gestión, además de ser un problema de derechos, puede convertirse en combustible propagandístico y de reclutamiento.

Por eso, Bruselas enfatiza un triángulo que en la práctica suele fallar: detención segura, enjuiciamiento y reintegración conforme a estándares internacionales.

Para Margolin, el punto ciego europeo no es sólo moral, sino estratégico.

Puesto que la mayoría de gobiernos europeos no han repatriado a sus nacionales, es poco probable que todos intenten regresar a Europa de manera abierta y coordinada; y algunos —especialmente quienes enfrentarían cargos penales al volver— pueden optar por no hacerlo.

"La forma caótica en que se liberó a miles de personas de Al Hol —incluidas 6.000 mujeres y menores extranjeros—, sin medidas como la provisión de documentación adecuada o planes claros de repatriación o reintegración, deja el destino de estas familias en la incógnita", explica la analista en diálogo con EL ESPAÑOL.

Según se ha informado, muchas se han trasladado al entorno rural de Idlib y Alepo.

"Algunos extranjeros también están intentando regresar a sus países. En el caso de otros, que podrían enfrentarse a cargos penales en sus países de origen, es poco probable que todos intenten volver", advierte Margolin. "Algunos de quienes siguen comprometidos con el ISIS podrían tratar de reincorporarse a grupos yihadistas locales, o incluso desplazarse internacionalmente a otros focos de actividad yihadista".

Washington se hizo cargo del traslado de presos en un contexto político más amplio: la reconfiguración de su presencia en Siria y el desplazamiento de su dependencia de las milicias kurdas que lideraron sobre el terreno la lucha contra el ISIS.

Hace una década, este grupo radical yihadista sembró el terror con numerosos atentados en Europa, incluido el de Las Ramblas de Barcelona en 2017.

Hoy, el número verificable como traslado completado se sitúa en más de 5.700, aunque en el debate público han circulado cifras superiores.

Parte de la discusión gira en torno a cuántos de los trasladados son sirios y cuántos extranjeros, así como en torno al horizonte judicial en Irak.

No existen datos contrastados de las nacionalidades y porcentajes de los prisioneros del ISIS, pero combinando fuentes del Washington Institute y la OMS, de los 40.000 militantes que llegó a tener el grupo radical yihadista, casi el 40% eran sirios, el 44% iraquíes, y el 16% de terceros países.

En el colapso más reciente de febrero, la agencia Reuters señaló que Al Hol albergaba a más de 23.000 personas incluyendo 6.280 extranjeros de más de 40 países. Otras fuentes oficiosas indican que el número de europeos restantes superarían los 200, pero esto no está confirmado.

Los expertos que han analizado el colapso de Al Hol y el traspaso de presos coinciden en que lo ocurrido retrata, al mismo tiempo, la fragilidad del nuevo dispositivo de control y la bancarrota política de años: nadie quiso resolver el "qué hacer" con estas personas, y el problema terminó resolviéndose solo y de la peor manera posible.

Charles Lister, del Middle East Institute, ha resumido el momento con crudeza: "Básicamente, el Gobierno perdió el control" de Al Hol tras el traspaso. Siguieron asegurando el perímetro, pero el contrabando aumentó".

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Desde International Crisis Group, Noah Bonsey ha descrito el trasfondo como "un fracaso colectivo" de las políticas de los gobiernos implicados, que dejaron a los detenidos y a sus familias "atrapados entre presiones de seguridad, legales y políticas" sin definir una solución viable.

El dilema final es político: si Europa no quiere repatriar y tampoco financiar indefinidamente el encierro extraterritorial, el resultado es un vacío opaco, ese caldo de cultivo en el que el Estado Islámico siempre ha prosperado.

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