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Ángel Escribano, presidente de Indra. EFE La fusión de Indra con la empresa de los Escribano tensiona a Moncloa y castiga a la acción«Nadie ha pedido mi dimisión», asegura Ángel Escribano tras filtrarse la reunión a la que le convocó ayer el Gobierno
Jueves, 5 de febrero 2026, 10:41 | Actualizado 10:56h.
... pasado desde que Álvarez-Pallete llegara en coche al complejo presidencial para «recoger» su carta de despido de Telefónica. Era un viernes de enero por la tarde. Poco más de 365 días después, ese mismo camino lo realizó este miércoles Ángel Escribano, presidente de Indra. Llegó entre rumores, presiones y una operación empresarial que está elevando las tensiones dentro y fuera del consejo de administración de la cotizada, que en los últimos días se ha dejado más de un 13% en el Ibex y que, en el acumulado de 2026, tiñe de rojo sus cifras.En las últimas horas los rumores e informaciones sobre una posible dimisión o cese para rebajar la tensión en torno a la empresa han cobrado fuerza. Una presión que ha tenido su reflejo en la cotización de la compañía en el Ibex, que en apenas dos días se dejó más de un 13% en el selectivo español. «No existe un proceso en este sentido», apostilló el empresario madrileño.
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pasado mes de abril dando quebraderos de cabeza a la cúpula directiva de la cotizada por su encaje legal. Desde entonces, esta integración ha copado titulares en prensa y ha acumulado tensiones en el seno de Indra, con varias dimisiones de consejeros por posibles «conflictos de interés». Aquella confrontación acabó con la renovación de los cargos y con la creación de una comisión 'ad hoc' para estudiar cualquier punto conflictivo, aunque el propio consejero delegado, José Vicente de los Mozos, fue tajante. «No hay conflicto de interés. ¿Ustedes creen que con mi trayectoria me jugaría mi prestigio?», comentó ante la prensa durante la presentación de los resultados empresariales de Indra en verano del año pasado.
Ambas partes, Indra y EM&E, esperaban cerrar la operación antes del cierre de 2025. Así lo daban por hecho y recalcaban que «no habría canje monetario». La clave estaba en el encaje accionarial de los Escribano en el nuevo conglomerado de Indra, ya con la empresa con sede en Alcalá de Henares en cartera. «Faltan unos flecos», decían a finales de noviembre. El movimiento empresarial, por aquel entonces, contaba con el beneplácito de la Moncloa y, además, recibió el visto bueno de la comisión 'ad hoc', presidida por la consejera independiente Belén Amatriain, que inicialmente se había mostrado en contra. Sin embargo, los flecos no se cerraron y, en las últimas semanas del año, la operación se pospuso para la primavera de 2026.
Los flecos, en realidad, eran la valoración de EM&E y el problema, el peso de los Escribano -como ya había contado este periódico- en el nuevo accionariado. La horquilla de valoración se estimaba entre 1.000 y 2.000 millones de euros, una cifra que, traducida a títulos de Indra, podría elevar la participación de Ángel y Javier por encima del porcentaje actual de la Sepi, el brazo inversor empresarial de la Moncloa, y que rondaría el 30%, umbral que obligaría a presentar una opa sobre el 100% de la sociedad, tal y como marca la legislación española.
En el último consejo del año, sin la presencia de los Escribano -como ocurre cada vez que se trata este asunto en el órgano de dirección-, la cúpula directiva decidió posponer cualquier decisión a la primavera de este ejercicio para trabajar con los números anuales y llevar a cabo una «importante due diligence», según señalan fuentes empresariales.
Sin embargo, el asunto volvió a la mesa del consejo en la reunión de enero. «No se votó dar luz verde a la fusión», aclaran esas mismas fuentes, que piden no ser nombradas. «Se pidió al consejero delegado -que es quien lleva el proceso por encargo del presidente, dada su posición delicada en la operación- que explorara todas las opciones», apostilla otra fuente conocedora del movimiento empresarial. «Se quiere ser muy cuidadoso con cada paso que se da y que todo esté bien atado y cerrado», añaden.
Verso suelto
Aunque las tensiones en el seno de la compañía se han calmado, el ruido en el entorno no ha disminuido. Varios minoristas han solicitado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la apertura de una investigación sobre posibles infracciones de las normas de gobierno corporativo, conflictos de interés y falta de transparencia en Indra. Además, han denunciado la designación del presidente del consejo sin un informe preparado con la antelación oportuna por parte de la Comisión de Nombramientos, contraviniendo los Estatutos Sociales y el Reglamento del Consejo.
A ello se suma el proceso judicial que Santa Bárbara, filial de la estadounidense General Dynamics Land Systems (GDLS), ha iniciado por contratos por más de 7.000 millones de euros, un episodio de guerra total entre dos de las compañías llamadas a liderar los planes de rearme de España. La legalidad o no de estos contratos, enmarcados en los Planes Especiales de Modernización del Ejército, está en manos del Supremo y habría irritado a la Moncloa, que habría frenado el proceso empresarial entre Indra y EM&E.
Este no sería, sin embargo, el único punto de fricción entre Alcobendas -sede de Indra- y la Moncloa. «¿Has visto todo lo que comunica y hace Indra? Esto no se ha visto en anteriores etapas y creo que no gusta mucho. Prefieren perfil bajo», apunta una fuente del sector. El último episodio se produjo hace unos días con un cambio en la dirección de comunicación: Carmen Pérez, que llegó con el visto bueno de la Moncloa, salió de forma inesperada del organigrama de la empresa de defensa.
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