- E. BALAGUER Nueva York
El emperador de la alta costura Valentino Garavani falleció el pasado lunes en su residencia de Roma a los 93 años dejando un patrimonio multimillonario cuyo destino se desconoce por el momento.
La emblemática carrera del diseñador dio sus frutos económicos tras décadas de decisiones empresariales acertadas y el poder perdurable de la marca que lleva su nombre.
El resultado de esta combinación aportó a Valentino un patrimonio neto estimado de 1.500 millones de dólares -unos 1.280 millones de euros-, según cálculos de varios medios europeos, que incluye inversiones inmobiliarias de lujo, obras de arte de gran valor y parte de los beneficios que la marca fue generando tras su jubilación.
Fue uno de los primeros diseñadores de moda que se convirtió en millonario cuando en 1998 vendió su empresa al conglomerado italiano HDP, asociado con el influyente dueño de Fiat, Gianni Angelli, por alrededor de 300 millones de dólares. Valentino se unió así a marcas como el desaparecido fabricante de productos de lujo GFT Net y la deportiva Fila.
La propiedad italiana no duró mucho. Tan solo cuatro años después, HDP vendió la casa de moda al fondo Mayhoola for Investments de la familia real catarí por 700 millones de euros, que aún explota la marca junto a otras como la parisina Balmain.
La habilidad de Valentino fue asegurarse de mantener parte de los ingresos de su legado que le garantizaron un flujo contante de dinero. Cuando se retiró oficialmente como diseñador principal de su casa de moda en 2008, momento en el que vendió la empresa a HDP, firmó varios acuerdos de licencia y regalías de la marca para asegurar su fortuna.
No lo hizo solo. Desde que fundó su pequeño taller romano en 1959, siempre estuvo acompañado por su socio y eterna pareja Giancarlo Giammetti, que se encargó de la gestión empresarial y estratégica de la marca hasta convertirla en global con clientas como Jacqueline Kennedy, Elizabeth Taylor, Farah Diba o Julia Roberts, entre muchas otras.
Desde finales de la década de 1960 hasta la de 1980, Valentino se expandió en el sector de la moda prêt-à-porter y las licencias. Lanzó su primera fragancia en 1978 y pronto licenció su nombre en docenas de categorías, incluyendo bolsos, zapatos, equipaje, gafas y accesorios. En su apogeo, la marca contaba con aproximadamente 40 acuerdos de licencia en todo el mundo.
Una vida de lujo discreto
La pareja fue acumulando una extraordinaria cartera de propiedades inmobiliarias, que incluye casas en Roma, Londres, París, Manhattan, Suiza y un famoso castillo en las afueras de París, por un valor estimado de 100 millones de euros.
Entre las propiedades más emblemáticas figura su santuario romano llamado la Villa Appia Antica, construida en 1837, y que el creador adquirió en 1972 en la histórica carretera del mismo nombre a pocos metros de las antiguas catacumbas, donde falleció el pasado lunes.
Además, contaba con su refugio toscano, Villa La Vagnola, en Cetona, un pueblo de la provincia de Siena, construida en el siglo XVIII y decorada con muebles de la época para que no perdiera su esencia. Valentino la puso a la venta en 2019 por unos 12 millones de euros.
La propiedad más espectacular, y residencia oficial en Francia, es el Château de Wideville, un castillo del siglo XVII en las afueras de París, transformado en un museo privado repleto de arte oriental, porcelanas, antigüedades y textiles.
Su residencia invernal era el Chalet Gifferhorn en Gstaad, Suiza, el destino preferido de los millonarios en el país alpino, que utilizaba como punto de encuentro de figuras de la aristocracia y el jet set internacional. En verano, disfrutaba de una villa en la isla de Capri famosa por sus habitaciones de estilo morisco.
La cartera inmobiliaria se completa con dos apartamentos, uno en el tranquilo barrio de Holland Park en Londres y otro en Park Avenue en Nueva York. "Solo sirvo para dos cosas en este mundo", dijo en una ocasión el legendario diseñador italiano, "diseñar vestidos y decorar casas".
Esto último lo llevó a cabo con una impresionante e incalculable colección de arte que incluye desde obras de Jean-Michel Basquiat hasta Andy Warhol, de Picasso a Francis Bacon. Así como todos los muebles y antigüedades de gran valor que fue acumulando durante su vida para decorar sus casas.
En los últimos años, sacó a subasta algunas de las pinturas de su colección privada. En 2023, vendió la pintura El Gran Espectáculo (El Nilo) de Basquiat en Nueva York por 67,1 millones de dólares y, hace un año, la obra Bautismo del mismo artista neoyorquino por la que se embolsó 130 millones de dólares. Todo este lujo y glamour, lo vivió de una manera discreta, siempre acompañado por sus perros, por su pareja y por los famosos amigos que les rodeaban.
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