- SILVIA IRANZO GUTIÉRREZ*
- Opinión Martin Wolf. Trump lo ha roto. Ahora es su responsabilidad
- Análisis. Geopolítica bajo las balas
- Opinión. El estrecho de Ormuz: más allá de una crisis energética
La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada el pasado 28 de febrero y con alcance aún no conocido, ya ha provocado una subida del precio del barril del 63% hasta los 106 dólares. El gas natural ha registrado subidas de entre un 30% y el 100% en función de la región. Aunque subsisten numerosas incógnitas en este conflicto, se puede conjeturar quiénes son sus ganadores y perdedores.
Está claro que el mundo entero perdería por la crisis económica internacional derivada de la crisis energética a la que ya asistimos. El FMI estima que cada aumento sostenido del 10% en los precios de la energía que durase un año añadiría 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y reduciría el crecimiento económico mundial en 0,1 ó 0,2 puntos porcentuales. Si los precios del petróleo alcanzasen los 150 dólares el barril, el mundo entraría en estanflación y, a 200 dólares el planeta sufriría una recesión. Pero en este conflicto unos países ganarán o perderán más que otros.
Rusia es el principal ganador de la guerra. En primer lugar, la subida del precio del petróleo y del gas le reporta al menos 150 millones de dólares extra cada día. Esto permite a Rusia atender a un esfuerzo bélico en Ucrania considerable. Además, Rusia puede ahora vender más petróleo que antes del 28 de febrero, porque Estados Unidos acaba de retirar temporalmente algunas sanciones que le permiten vender el petróleo que tiene ya embarcado en el mar, lo que hará seguramente sin descuentos. Por otro lado, el ataque de EEUU a Irán logra otras dos cosas para Rusia: aleja la guerra de Ucrania del foco mediático y debilita a Kiev al reducirse la disponibilidad de material bélico estadounidense que Europa le transfiere.
También ganarán países exportadores de hidrocarburos como Canadá, Brasil o Nigeria.
China es ganadora en este conflicto siempre que no se prolongue en exceso, pues ello afectaría a sus exportaciones. Tiene reservas estratégicas de petróleo para cuatro meses de consumo. Aunque adquiere la mitad de su consumo de petróleo y un tercio del gas a Oriente Próximo, Irán -que vende el 90% de su crudo a China (y en yuanes)-, permite el paso por Ormuz de buques con destino a China, con quien mantiene una alianza estratégica integral. Además, el desvío de recursos militares desde bases estadounidenses en Asia a Oriente Próximo podría acelerar los planes de China sobre Taiwán.
Irán está siendo fuertemente golpeada por la destrucción civil y militar causada por los bombardeos. Pero es poco probable que se rinda incondicionalmente como desea Trump, y es difícil que vaya a caer el régimen iraní con solo bombardeos aéreos.
El pueblo de Irán, de 93 millones de habitantes, no se somete con facilidad. Aunque no le guste el actual régimen teocrático, menos todavía aceptará un gobierno títere de una potencia extranjera causante de destrucción y muerte. Irán tiene la capacidad de provocar una crisis energética de grandes dimensiones con su control del estrecho de Ormuz, asistido de un enorme arsenal de drones de fabricación iraní y otros misiles balísticos lanzados de manera descentralizada y difíciles de localizar.
Además, el régimen podría movilizar a los hutíes de Yemen, proxies de Irán, para que dificulten la posible salida del petróleo por el mar Rojo. Por último, Irán posee aliados muy poderosos, Rusia y China, que ya le estarían ayudando militarmente, y a quienes no interesa la caída de Teherán en manos de un régimen controlado por Washington. No está claro que Irán vaya a perder esta guerra y a futuro tendrá más incentivos que antes de la guerra para lograr la disuasión proporcionada por el arma nuclear.
Elevada factura
En cuanto a Estados Unidos, la guerra le está costando 1.000 millones de dólares cada día desde que empezó el conflicto. En seis meses serían unos 180.000 millones de dólares, que se sumarían a sus ya abultados déficit y deuda públicos. Los consumidores estadounidenses ya están asistiendo a un encarecimiento del combustible, lo que contrasta con la promesa electoral del presidente de rebajarles el coste de la vida.
Goldman Sachs prevé un precio del crudo Brent de 98 dólares/barril en marzo y abril, una tasa de inflación en 2026 de entre 2,9% y 3,3%, y un probable retraso de la rebaja de tipos de interés de la Fed hasta septiembre. Aunque es verdad que las empresas de hidrocarburos del país se beneficiarían de unos mayores precios, no compensaría el efecto negativo sobre los votantes.
Si el gobierno de Trump decidiese poner soldados en territorio iraní, ya sea para controlar Ormuz, tomar la isla de Jark, "extraer" los 400 kg de uranio enriquecido de Irán, u operar un cambio de régimen político en el país, los riesgos de prolongación y de fracaso de la operación Furia Épica crecerían sustancialmente. Trump llegó al poder prometiendo el final de las "guerras eternas".
Ante el descontento de muchos sectores republicanos y la proximidad de las elecciones de mitad de mandato, Estados Unidos podría retirarse en un corto periodo proclamando victoria en términos de alguno de los distintos objetivos mencionados por Trump. Sin embargo, la credibilidad del país quedaría afectada.
Israel aparece a corto plazo como uno de los posibles vencedores de esta guerra. Ha logrado decapitar al régimen de Irán, haciéndole EEUU el trabajo sucio. Tel Aviv ha consolidado una alianza estrecha con Washington, ha logrado carta blanca para llevar atacar en profundidad Líbano para destruir a Hezbolá, y ha confirmado su superioridad militar en la región. A falta de una victoria rápida en Irán, espera mantener el conflicto armado al menos hasta las próximas elecciones generales (27 de octubre a más tardar). Sin embargo, a medio y largo plazo, cabe realizar los mismos comentarios que para Estados Unidos.
Los países del golfo Pérsico (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Irak, Bahréin y Omán) son perdedores claros en el conflicto. Algunas de sus instalaciones petrolíferas y gasísticas han sido atacadas por Irán, hecho muy grave porque la reparación de los equipos puede llevar un tiempo largo. En algunos casos se ha parado la producción por haberse alcanzado el límite de almacenaje.
Sectores como el turismo, el sector aéreo y o el financiero de estos países están también sufriendo por el conflicto. El PIB de la región podría caer más de un 20%, en función de la duración de la guerra. Estos países no han respondido militarmente a los ataques al no estar seguros de poder contar con el respaldo de Estados Unidos. Por eso, esta guerra alterará el juego de alianzas en la región, donde los países buscarán incrementar su seguridad mediante algún paraguas nuclear cercano (por ejemplo, la alianza Arabia Saudí-Pakistán) o con un mayor acercamiento a China o Rusia.
La Unión Europa es una de las regiones que más pierde con esta guerra. En primer lugar, su dependencia de la energía importada sigue siendo muy elevada (57%), sobre todo en gasóleo y jet de aviación. El cierre del estrecho de Ormuz obliga a competir con Asia por unos cargamentos más escasos de gas, con el consiguiente impacto en los precios y la competitividad. El efecto negativo sobre el crecimiento por la crisis energética agudiza el problema del bajo crecimiento del PIB en Europa. La subida de tipos de interés por la inflación podría conducir a una recesión, de la que no sería fácil salir dado el escaso colchón fiscal de la región.
Además, la posible llegada a Europa de cantidades ingentes de emigrantes iraníes en busca de asilo generará tensiones sociales importantes. En cualquier caso, la falta de acuerdo entre los países de la UE sobre las cuestiones fundamentales de esta guerra alimenta el debilitamiento del continente.
Otros países perdedores serían Japón y Corea del Sur, que mantienen una altísima dependencia del crudo de Oriente Próximo (95% y 72%, respectivamente). La seguridad energética de estos territorios, así como en menor medida la de la Unión Europa, India y China, requerirá diversificar más su suministro energético por regiones, mejorar su eficiencia energética y aumentar el suministro de fuentes energéticas alternativas a los hidrocarburos.
* Silvia Iranzo Gutiérrez. Doctora en Economía. Altos Estudios de la Defensa.
Ormuz, punto débil de EEUU en el golfo PérsicoVon der Leyen despierta a SánchezEl tóxico populismo pacifista de Sánchez Comentar ÚLTIMA HORA-
12:02
Bank of America apuesta contra el crédito privado europeo
-
11:44
El Galaxy Book 6 llega a España: así es el portátil de Samsung con IA integrada y hasta 24 horas de batería
-
11:42
Sanchez aparca los Presupuestos para centrarse en dar respuesta a los efectos de la guerra de Irán
-
11:41
La guerra en Irán: ¿Quiénes son los principales ganadores y perdedores?
-
11:29
IAG, Ryanair y las grandes aerolíneas abren una batalla ambiental contra Bruselas y piden retrasar metas