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Imagen de una planta desalinizadora. Ep La guerra pone en peligro el agua potable en el Golfo PérsicoLos ataques cruzados contra plantas desalinizadoras activan todas las alarmas en una región desértica donde la vida depende de estas instalaciones
Domingo, 22 de marzo 2026, 18:09
... varios miles de víctimas y enormes destrozos en instalaciones militares y energéticas, incluidas centrales nucleares. El mundo se ha estremecido ante el efecto abrasivo que el cierre del estrecho de Ormuz, vital para el abastecimiento de combustibles y fertilizantes, tiene sobre la economía global. Pero hay aún un peligro mayor. El conflicto puede acabar con el agua potable en el desértico Golfo Pérsico. Y sin el motor líquido de la naturaleza no hay nada. La escalada bélica también ha cruzado ya a esa línea roja:Irán denuncia «graves daños en infraestructuras vitales de distribución de agua». «Los ataques –agregó– se dirigieron contra decenas de instalaciones de transporte y tratamiento, y acabaron con parte de redes de suministro».«Destruir estas plantas tendría «consecuencias más graves que la pérdida de cualquier industria o materia prima», según un informe de la CIA
Irán bebe en buena medida de embalses y pozos, aunque las sequías, cada vez más frecuentes y duraderas, y el crecimiento demográfico y agrícola han colocado al país persa en una situación crítica. De hecho, la falta de agua fue uno de los motivos que alentaron las protestas populares previas a la guerra. Sus vecinos y socios de EEUU en el Golfo son todavía mucho más dependientes de las desalinizadoras –casi la mitad de este tipo de plantas se concentra en Oriente Medio–. En Kuwait, el 90% del agua potable procede de ese suministro. El 86% en Omán y el 70% en Arabia Saudí.
«Allí, sin agua desalinizada no hay nada», sentencia Esther Crause-Delbourg, economista especializada en este asunto. «El primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual», advierte. Hasta ahora parecía un sector intocable. De hecho, los Convenios de Ginebra de 1949, que son el germen del derecho internacional, prohíben las agresiones contra infraestructuras indispensables para la supervivencia de la población. La mayoría de los países firmaron ese acuerdo, pero no Israel, Irán y EEUU, los tres actores de este conflicto.
Éxodos masivos
«El agua es la vida», repite el ministro de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Abdalá bin Zayed Al Nahyan. Es el principio de todo, corre por las arterias del planeta y del cuerpo humano. Y Oriente Medio es una de las zonas más áridas. Según el Banco Mundial, el acceso a este líquido es allí diez veces menor respecto a la media. Las plantas de tratamiento son vitales para la población y también para la economía.
Grandes ciudades como Dubái y Riad serían devoradas por la arena del desierto. Habría éxodos masivos. En 2008, un cable diplomático desvelado en el sitio Wikileaks expuso un escenario apocalíptico: «Riad (la capital de Arabia Saudí tiene 7 millones de habitantes) debería ser evacuada en el plazo de una semana si la planta de desalinización de Jubail resultara gravemente dañada». En 2010, un informe de la CIA señaló que la destrucción de estas instalaciones de suministro podría tener «consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria o materia prima». Sin agua no hay nada.
En Gaza, Israel laminó una plana de tratamiento en 2025. Desde la otra trinchera, los hutíes de Yemen también ha disparado proyectiles sobre plantas en Arabia Saudí. Hasta ahora han sido golpes esporádicos. Si la escalada toma ese camino, la vida estará amenazada en toda la región.
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