Sílvia Orriols junto a Carles Puigdemont. Diseño: Arte EE
Columnas NEWSLETER La herencia ultra de Pedro SánchezApúntate y recibe cada jueves esta newsletter para leerla antes que nadie y no perderte la información más relevante.
Ferrer Molina Publicada 10 julio 2026 09:51hLa ultraderecha independentista que lidera Sílvia Orriols será otra de las patatas calientes del legado Pedro Sánchez.
El presidente puede seguir repitiendo cuanto quiera que ha logrado "pasar página" del procés y que gracias a él se ha logrado el "reencuentro". Falso.
La prueba del fiasco nos la ha servido este jueves el CIS catalán. Si hoy hubiera elecciones, la racista Aliança Catalana no sólo rebasaría de largo a Junts, sino que estaría ya en un empate técnico con Esquerra Republicana.
Tanto golpe de pecho de Rufián, tanto no pasarán desde el escaño y resulta que, en menos de lo que evacua un caganer, la extrema derechales ha sorpasado, en vernáculo y en su propia casa. Otro antifascista de salón abofeteado por la tozudez de los hechos.
La cacareada teoría del apaciguamiento nunca fue un plan de Estado. Mientras se acusaba a la derecha española de "anticatalanismo visceral", Sánchez buscaba un fin menos elevado, más prosaico: mantenerse una temporada más en la Moncloa.
La realidad es que la suma de las fuerzas independentistas como consecuencia, entre otras razones, del subidón de Orriols, tendría hoy una mayoría absoluta holgada en el Parlament. Cataluña no está pacificada, sólo está mutando hacia algo más radical.
Si a eso unimos que Sánchez, siguiendo indicaciones de sus socios independentistas, ha ido debilitando metódicamente la capacidad de coerción del Estado mediante reformas penales a la carta y desarmes jurídicos, el horizonte se presenta oscuro.
Las herramientas de defensa institucional han quedado severamente mermadas para afrontar un posible nuevo desafío secesionista. Y la extrema derecha identitaria viene cabalgando la ola del descontento y el victimismo ancestral.
Son las consecuencias de pasar página en falso.
La izquierda española, legítimamente preocupada por el racismo hacia otras etnias y culturas asentadas en el país, ve brotar bajo sus pies en Cataluña ese mismo racismo, solo que corregido y aumentado por la fobia al resto de los españoles. Cuánto tiempo perdido sólo para que lo ganara Sánchez.