En su vida civil, Leandro Díaz-Maroto ejerce como abogado de manera autónoma. Sin embargo, durante cinco meses al año, este letrado cambia los trajes por el uniforme de campaña y se pone a las órdenes de sus superiores en la Escuela de Guerra y Liderazgo. Leandro pertenece a la primera promoción de reservistas voluntarios, lleva 21 años sirviendo a las Fuerzas Armadas cuando se lo piden, una labor que desarrolla a costa de su trabajo pero con la convicción de cumplir con el artículo 30 de la Constitución y ejercer el derecho y deber de contribuir a la defensa nacional. Como Díaz-Maroto en España hay otros 2.985 reservistas que cuando les requieren, dejan su vida para cumplir con el lema de "Todo por la patria".
Su figura es algo desconocida aún en España, y eso pese a que las plazas se cubren y la previsión de aumentos de las mismas. Hace una semana, el Boletín Oficial del Estado publicó la convocatoria para 400 nuevos reservistas este año. Se trata de la más numerosa de la última década y un incremento en línea con el aumento de efectivos en las Fuerzas Armadas. Desde que Margarita Robles es ministra de Defensa, ha aumentado un 300% las plazas para los reservistas.
Leandro pasa en torno a cuatro meses destinado en la Escuela de Guerra y Liderazgo del Ejército de Tierra. La Ley prevé un máximo de cinco meses y medio de disponibilidad, tiempo en el que también se forman los reservistas. «Estar aquí te permite adquirir muchos conocimientos que en la vida civil nunca habría podido recibir», confiesa Díaz-Maroto, quien también informa de que, ante aquellos trabajadores por cuenta ajena que quieran hacerse reservistas, «la ley obliga a la empresa privada a facilitar la prestación de servicios como reservista en el ejército». Sin embargo, reconoce que el desconocimiento y la falta de facilidades para el empresario hace que el grueso de reservistas sean autónomos o miembros de la Administración General del Estado.
Es por este motivo por el que su compañero reservista Benigno A. Maújo, capitán auditor, presidente de la delegación en Asturias de la asociación ARES de Reservistas Españoles y tesorero de la Junta Nacional, pide más coberturas para los empresarios como una manera de captar vocaciones: «En otros países las empresas están orgullosas de tener reservistas entre sus trabajadores, porque significa prestigio y además tienen determinados beneficios en las cotizaciones de la Seguridad Social, que les hace rentable que un reservista se ausente de su puesto de trabajo durante uno o dos meses», explica.
Letrado en el Gobierno del Principado de Asturias, durante los cuatro meses que pasa activado en la Asesoría Jurídica General del Ministerio de Defensa se muda de Oviedo a Madrid y se pone el uniforme. «Dejo a mi familia ese tiempo, pero es una experiencia apasionante que no la cambiaría», confiesa.
Para hacerse reservista hay que pasar una entrevista personal y unas pruebas físicas. Además de en torno a un mes de formación. Y desde ahí, se acuerda la disponibilidad de cada uno para las activaciones. Pero más allá de convocatorias en el BOE, Benigno anima a cualquier interesado a hablar con ellos. «Verán desde el primero al último reservista el entusiasmo. Verán el entusiasmo que nos provoca esta figura que, como digo, no deja de ser un militar a tiempo parcial. Somos civiles y en la vida civil tratamos de desplegar los valores del ejército y somos, entre comillas, pequeños embajadores de las Fuerzas Armadas», describe.
Los reservistas reciben durante las activaciones el mismo sueldo que un militar de su empleo. Una paga que se calcula sobre el Salario Mínimo Interprofesional. «Muchos compañeros pierden dinero, pero lo hacen convencidos», sentencia Leandro.