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La hora de Marco Rubio: de rival humillado por Trump a 'hijo pródigo' y candidato favorito para las elecciones de 2028

La hora de Marco Rubio: de rival humillado por Trump a 'hijo pródigo' y candidato favorito para las elecciones de 2028
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La sucesión del trumpismo ha empezado antes de tiempo. Y hay un nombre que cada vez aparece más en la conversación: Marco Rubio. Más información: La nueva obsesión de Trump: regalar zapatos de 145 dólares a sus hombres de confianza... aunque no sean de su talla

El secretario de Estado, Marco Rubio, asiste a un almuerzo de trabajo en la cumbre Escudo de las Américas en el Trump National Doral Miami. Rebecca Blackwell Reuters

EEUU La hora de Marco Rubio: de rival humillado por Trump a 'hijo pródigo' y candidato favorito para las elecciones de 2028

La sucesión del trumpismo ha empezado antes de tiempo. Y hay un nombre que cada vez aparece más en la conversación: Marco Rubio.

Más información:La nueva obsesión de Trump: regalar zapatos de 145 dólares a sus hombres de confianza... aunque no sean de su talla

Denver Publicada 15 marzo 2026 02:03h

Las claves nuevo Generado con IA

Donald Trump lleva semanas preguntando en privado a donantes y aliados a quién preferirían como heredero político en 2028. El vicepresidente JD Vance es el candidato natural. Pero en algunos círculos del partido el entusiasmo se inclina hacia Rubio.

La escena más reciente lo resume bien. Mientras Estados Unidos lanzaba ataques contra instalaciones iraníes junto a Israel a finales de febrero, Trump conversaba en Mar-a-Lago con un pequeño grupo de donantes. En mitad de la noche lanzó una pregunta: ¿Marco o JD?.

Muchos respondieron con el mismo nombre: Marco Rubio. Y no es casualidad.

Rubio ofrece algo escaso alrededor de Trump. Trayectoria clásica, lenguaje institucional y experiencia internacional. Un perfil que tranquiliza a donantes, diplomáticos y parte del establishment republicano. Y que, al mismo tiempo, no cuestiona el rumbo del movimiento.

Y aunque no es una nominación oficial, la idea parece gozar de popularidad. Algunas casas de apuestas reportan un aumento de las posibilidades de Rubio en los últimos días, que llega a adelantar a Vance o a Gavin Newsom, gobernador de California, como favorito.

Republicanismo clásico

Marco Rubio pertenece a una generación distinta del Partido Republicano. La que se formó antes de la irrupción de Trump.

Nació en Miami en 1971. Sus padres habían emigrado desde Cuba, y su linaje familiar se remonta directamente a España.

Creció en el sur de Florida, en el corazón de una comunidad cubanoamericana marcada por el exilio y el anticastrismo. Esa identidad marcaría su carrera política.

Rubio se formó como abogado y pronto entró en política estatal. En el año 2000 ganó un escaño en la Cámara de Representantes de Florida. Una década después ya era su presidente. Desde allí construyó una reputación de conservador disciplinado, joven y ambicioso.

El salto nacional llegó en 2010, cuando ganó un escaño en el Senado federal por Florida. Su victoria lo convirtió rápidamente en una de las caras nuevas del Partido Republicano. Era joven, buen orador y con un relato biográfico poderoso: el hijo de inmigrantes que había ascendido dentro del sistema político estadounidense.

Durante varios años fue visto como uno de los futuros presidentes del partido.

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De rival a aliado de Trump

Esa expectativa se puso a prueba en 2016.

Rubio compitió contra Donald Trump en las primarias republicanas. Fue una campaña dura. Trump lo ridiculizó repetidamente con el apodo de Little Marco, que acabaría persiguiéndolo durante años.

Rubio perdió. Trump transformó el partido. Y muchos dirigentes republicanos tuvieron que decidir cómo sobrevivir en el nuevo orden.

Rubio optó por el pragmatismo. No se convirtió en un opositor permanente, pero tampoco desapareció dentro del movimiento. Se adaptó.

Con el tiempo encontró su hueco. Especialmente en política exterior. Un terreno donde su experiencia en el Senado y su perfil ideológico le daban peso.

Durante años se especializó en América Latina. En la rivalidad estratégica con China. En la confrontación con regímenes como el de Nicolás Maduro en Venezuela o el Gobierno cubano heredero de la revolución de Fidel Castro.

Ese perfil lo acercó gradualmente al círculo de Trump. Hoy ocupa una posición peculiar dentro del movimiento. No es un agitador ni un outsider, sino algo mucho más raro en ese ecosistema. Un político profesional.

Alguien que habla el lenguaje del Estado, pero opera dentro de un movimiento que nació precisamente contra él. En ese equilibrio —entre disciplina institucional y lealtad política— Rubio ha encontrado su lugar.

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El latino más poderoso del trumpismo

Él añade además un elemento que ningún otro dirigente republicano ofrece en esa escala: su identidad hispana.

Es uno de los políticos latinos más influyentes de la historia reciente de Estados Unidos. Habla español con fluidez y mantiene una relación natural con América Latina.

En un país donde el electorado hispano crece en cada ciclo electoral, ese capital político es evidente.

Pero esa misma identidad también ha generado tensiones. Rubio ha construido parte de su carrera reivindicando sus raíces cubanas y su historia familiar.

Al mismo tiempo, ha defendido políticas migratorias muy duras y se ha alineado con el discurso más restrictivo del trumpismo.

Esa mezcla ha alimentado críticas desde sectores latinos que lo ven como un ejemplo extremo de integración política conservadora.

Para sus partidarios, en cambio, Rubio demuestra que el Partido Republicano puede producir liderazgos hispanos plenamente integrados en su proyecto ideológico.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio. Reuters

Un político "serio"

La razón por la que su nombre aparece ahora en las conversaciones sobre 2028 tiene que ver también con el momento político.

Las crisis internacionales han colocado a Rubio en el centro de la escena. Su papel en la política exterior de la Administración lo ha vuelto más visible.

Mientras otros dirigentes del entorno de Trump se mueven en el terreno de la movilización política o la batalla cultural, Rubio opera en el ámbito más clásico del poder. La diplomacia. Las alianzas. La estrategia internacional.

La reciente ofensiva contra Irán ha reforzado esa imagen. En un momento en el que la política exterior vuelve a dominar la agenda de Washington, Rubio aparece como una de las figuras centrales de la administración.

No sólo por Oriente Medio. También por América Latina.

Durante años ha sido una de las voces más duras del Partido Republicano contra los gobiernos de Cuba y Venezuela. Ahora participa directamente en la estrategia de presión sobre ambos regímenes desde el aparato de política exterior de la Casa Blanca, en un momento en el que Washington intenta redefinir su presencia en el hemisferio.

Ese protagonismo refuerza su perfil de "adulto en la sala", una imagen que muchos donantes republicanos valoran.

El contraste con Vance es claro.

Vance expresa mejor el impulso original del trumpismo: el populismo económico, el escepticismo hacia las élites y una política exterior más replegada.

Rubio pertenece a otra tradición dentro del Partido Republicano. Más cercana al conservadurismo internacionalista que dominó Washington durante décadas. Esa diferencia puede convertirse en su principal activo.

El Partido Republicano actual es una coalición inestable. Conviven en él el movimiento MAGA, los conservadores clásicos, los grandes donantes y una nueva derecha nacionalista. Rubio es uno de los pocos dirigentes capaces de hablar a todos esos mundos sin romper con ninguno.

Para la base, es leal a Trump. Para los halcones de política exterior, es un aliado fiable. Para los donantes, ofrece algo todavía más valioso: previsibilidad.

Por eso algunos en el partido lo ven como una figura de transición. No necesariamente el heredero ideológico más puro del trumpismo, pero sí el dirigente capaz de convertir ese movimiento en algo más estable y gobernable cuando Trump ya no esté en primera línea.

En otras palabras: Rubio no representa el momento revolucionario del trumpismo. Representa lo que podría venir después.

La fase en la que un movimiento deja de ser una rebelión política y empieza a convertirse en un nuevo orden.

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