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Una mayor adopción de la inteligencia artificial dará lugar a más presiones para reducir los honorarios.
Para ser un modelo que ha perdurado desde que los mercaderes florentinos vendían lanas de colores vibrantes, las sociedades están sufriendo un duro golpe. Las firmas de servicios profesionales están socavando la estructura, disminuyendo el número de socios y sus beneficios. El bufete Freshfields es el último en hacerlo.
Cabe mencionar que no es la primera vez que los bufetes del Magic Circle de Reino Unido modifican el modelo de sociedad. A medida que estas firmas expandieron sus operaciones a nivel mundial, incluso mediante fusiones y adquisiciones, su cómodo modelo de compensación lockstep (escalonada) —que vincula las recompensas a la antigüedad— chocó con el enfoque estadounidense en el rendimiento.
Dos décadas después, los principales bufetes británicos operan con una combinación de recompensas por el rendimiento y el reconocimiento de contribuciones que no se traducen directamente en beneficios económicos. Esto puede incluir la gestión de equipos, la tutoría de compañeros que dan sus primeros pasos o la supervisión del desarrollo de herramientas de IA.
Sin embargo, en cierta medida, las firmas a ambos lados del Atlántico siguen premiando la antigüedad y manteniendo socios que generan menos valor del que su salario podría sugerir. Los antiguos grandes generadores de negocio siguen llevándose su parte, aunque su relación con el cliente se limite a una tarjeta navideña anual. Los abogados que brillaron en lo que antes era un pequeño bufete de la City pueden pasar a un segundo plano después de que las M&A hayan transformado a su empleador en un gigante global.
La IA está ejerciendo presión sobre este sistema. La tecnología es relativamente barata. Tomemos como ejemplo al gigante del sector Kirkland & Ellis, que está invirtiendo 500 millones de dólares (440 millones de euros) en sus proyectos de IA. Si esa cantidad se repartiera en cinco años, equivaldría a lo que sólo nueve socios ganaron el año pasado.
Una mayor adopción de la IA dará pie a más peticiones de reducción de los honorarios. Los clientes ya se han vuelto más exigentes, revisando las hojas de horas y centrándose en cualquier indicio de que se hayan inflado las horas facturables. Como todos, oyen hablar de la eficiencia que aporta la IA —16 horas ahorradas de cada 100, según estiman los principales bufetes británicos encuestados por consultores de PwC— y quieren facturas que lo reflejen.
También quieren pagar por resultados tangibles, en lugar de por horas facturables. Existen muchas razones por las que esto resulta complicado para los propios bufetes de abogados: los resultados también pueden reflejar eventos externos o clientes que no confían plenamente en el asesoramiento recibido. Sin embargo, esto no les ayudará a evitar la tendencia hacia la fijación de precios basada en resultados.
Las consultoras ya están basando algunos precios en los resultados obtenidos y ajustando la remuneración en consecuencia; los abogados que trabajan siguiendo el principio de "si no se gana, no se cobra" llevan haciéndolo desde siempre. O pensemos en el fútbol: los jugadores cobran una fortuna mientras ganan, pero ningún entrenador se lo piensa dos veces a la hora de prescindir de un jugador que no rinde lo suficiente. El hecho de que firmas como Freshfields estén modificando sus estructuras de asociación sugiere que, cada vez más, tanto en los tribunales como en el terreno deportivo, el valor de uno se mide por su última batalla.
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