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Paul Coakley. La Iglesia entra en el Despacho OvalTrump y Vance se reúnen a puerta cerrada con el arzobispo Paul Coakley, nuevo presidente del episcopado estadounidense, en plena ofensiva migratoria
Nueva York
Martes, 13 de enero 2026, 01:30
... lunes no era uno para el que Donald Trump buscase audiencia. En pleno furor nacional por la muerte de Renee Good a manos de agentes migratorios en Mineápolis, el nuevo responsable de la Conferencia Episcopal de EE UU presentaba sus credenciales ante el hombre que está dejando vacías sus iglesias.Coakley ha denunciado la «ansiedad» que las políticas migratorias del presidente despiertan en buena parte de la comunidad católica. «El nivel de retórica que se usa para ese tema causa miedo e incertidumbre», aseguró. Palabras tibias a estas alturas, en un momento en que la cacería de inmigrantes es feroz. El arzobispo también prefería una discusión privada sobre «temas de mutua preocupación» en los que trabajar juntos, con la esperanza de mantener abiertos canales de comunicación. «Tendremos la oportunidad de hablar con franqueza», justificó.
«Dignidad humana»
Si bien algunos obispos han dispensado venias formales a sus feligreses para que no acudan a misa, ante el temor generalizado de ser arrestados por los agentes de ICE (Servicios de Inmigración y Aduanas) que merodean las iglesias, Coakley no lo ha considerado necesario en su archidiócesis. El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal ha reafirmado el mensaje anterior en el que se pedía al Gobierno que dejase de deshumanizar a los inmigrantes, reiterando que «la seguridad nacional no está en conflicto con el respeto y la dignidad humana» y planteándolo más como un problema moral que de orden público.
Para sus críticos, que reclaman la tradición de acogida de la Iglesia católica, sus palabras no han sido suficientes. «Los inmigrantes merecen un defensor más valiente», escribió Anthea Butler en MS Now. El columnista del 'National Catholic Reporter' Michael Sean Winters consideró su elección «profundamente decepcionante, «en un momento de alta tensión en el que la Iglesia necesita liderar la defensa de los inmigrantes». Coakley, por su parte, cree que puede trabajar con el Ejecutivo para «avanzar en materias comunes». Una fuente que dijo «conocerlo bien» aseguró a este periódico que el arzobispo «es un buen hombre, que no permitirá que el Gobierno de Trump dicte las acciones de la Iglesia». En su opinión, pese a dirigir desde 2010 la Iglesia en un Estado muy conservador como Oklahoma, «siempre ha sido consistente en su condena de la pena de muerte y una voz a favor de los inmigrantes».
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