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La Iglesia que sí me interesa

La Iglesia que sí me interesa
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Opinión

La Iglesia que sí me interesa Regala esta noticia Añádenos en Google

Cristina Vallejo

07/06/2026 a las 00:01h.

Esta semana Cáritas Diocesana de Málaga ha presentado su memoria de actividades del año 2025 en que rinde cuentas también de cómo obtiene sus recursos ( ... cerca de 9,25 millones, en un 70% de socios y donantes), a qué los destina (en un 90% a acogida y atención social directa) y cuántas personas (cerca de 22.700) son beneficiarias de sus diversos programas de apoyo.

Pero como tantas cosas raras acontecen, se hace necesario elogiar lo que no debería ser digno de destacarse, sino que habría de darse por sentado. Collado se mojó y dijo que el próximo Gobierno de la Junta de Andalucía, que podría ser de coalición o que podría verse apoyado en el Parlamento por la ultraderecha, no debería caer en lo que están incurriendo Ejecutivos semejantes en otros territorios de España, como Castilla y León en estos últimos días, pero también Aragón y Extremadura: la inclusión de la prioridad nacional como principio que, aunque al final y con suerte se convierta en algo sólo discursivo sin consecuencias legales (porque de hecho la discriminación es ilegal de momento en el ordenamiento jurídico español), supone una perversa siembra de recelo, al menos, de odio en el peor de los casos, contra el migrante.

Collado fue mucho más claro en sus palabras que el pretencioso párrafo anterior: dijo que Cáritas estará vigilante para que no se recorten prestaciones sociales, para que no se impongan ideas de partidos políticos que suponen dar pasos atrás en siglos, para que no se vuelva a categorizar a ciudadanos de primera y de segunda o para que no se den vueltas de tuerca en la discriminación de personas por el color de su piel o su nacionalidad. Collado insistió en que Cáritas, la Iglesia y «muchas personas de buena voluntad» sienten algunas propuestas como ataques contra la dignidad de las personas y su derecho a migrar.

Y, sí, hay cristianos que afean a quienes el domingo van a misa y el lunes o el viernes anterior han defendido discursos de odio al migrante, al negro, al sudamericano o al marroquí, al distinto, en definitiva, o a quienes no sienten un mínimo de piedad por quienes sufren.

No hay estrategia política en Cáritas o en la Iglesia para frenar el odio, aunque hasta en el Vaticano se haya alertado sobre el crecimiento de la ultraderecha en España. Y quizás habrían de tenerla. Es cierto que el número de católicos se ha desplomado en los últimos años y en España ya apenas son poco más de la mitad de la población, y muchos menos los practicantes. Pero es una voz a la que se sigue escuchando. Al menos todos los domingos. Y tiene no sólo púlpitos, también medios de comunicación. La Iglesia hay para quien es aún una guía, más que espiritual, moral, de comportamiento. Pero parece que se les atiende bastante más en esos ritos que ocupan mucho espacio físico y simbólico que en su discurso humanista y muchas veces, entre las que son sus mejores voces, radicalmente humano, mucho más ambicioso en lo social que las opciones políticas más avanzadas. Ya lo decía Joaquín Sabina en ese rap playero: «Jesucristo, el primer comunista».

Parte de la Iglesia –y esto lo dice alguien completamente ajena a ella– parece más interesada en la política de las cofradías, en las procesiones de pasos y tronos, en multiplicar los recorridos y la presencia en la calle –aunque sea de pago en muchos casos– que en divulgar el humanismo cristiano y en poner el grito en el cielo, nunca mejor dicho, porque gente que dice defender la civilización cristiana, personas que se arrogan la herencia y el afán de defender esas raíces –falazmente, porque si hay algo consustancial al ser humano en general y a este cruce de caminos que siempre ha sido la Península Ibérica, en particular, es la mixtura– hacen proliferar la sospecha y el odio al diferente.

Sólo hay que tener un poco de sentido de la historia para lanzar un mensaje como el de Collado el otro día y sin necesidad de que ningún periodista le preguntara. Fue un grandísimo «no en mi nombre» o «conmigo enfrente». No lo olvidaremos. Porque ahora de verdad que se necesita escuchar eso que dijo. Y por eso lo volvemos a repetir aquí tras dar la noticia en su día.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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