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La imputación de Zapatero devuelve a Sánchez a la casilla de salida un año después del 'caso Cerdán'

La imputación de Zapatero devuelve a Sánchez a la casilla de salida un año después del 'caso Cerdán'
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El auto contra el expresidente sume a los socialistas en la desolación mientras la Moncloa se afana en pedir calma y defiende la continuidad de la legislatura
La imputación de Zapatero devuelve a Sánchez a la casilla de salida un año después del 'caso Cerdán'

El auto contra el expresidente sume a los socialistas en la desolación mientras la Moncloa se afana en pedir calma y defiende la continuidad de la legislatura

Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, en la clausura del Congreso del Espacio 2026, este miércoles, en Madrid. (Sergio Pérez / EFE)

Paula De las Heras

Madrid

24/05/2026 a las 00:08h.

La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha sacado al PSOE de una ensoñación. Hasta la víspera del auto del juez José Luis Calama, ... en La Moncloa y en Ferraz se había instalado el relato de que de lo peor había quedado ya atrás y de que empezaban a estar en condiciones de competir con el PP. Pedro Sánchez no quería —ni quiere— adelantar las generales, pero confiaba en haber recuperado terreno respecto a junio de hace un año, cuando se destapó la trama de Santos Cerdán. Ahora la sensación es de que regresan a la casilla de salida.

la deficiente gestión de las denuncias por acoso sexual contra Paco Salazar. Sánchez recompuso la figura por la vía exterior, dando proyección a su imagen de gran referente de la izquierda frente a Donald Trump y alzando la voz contra la barbarie israelí en Gaza y la guerra en Irán, un papel que culminó el mes pasado en la cumbre de Barcelona, donde recogió de Lula el «testigo» del abanderado progresista. En casa, la legislatura seguía encallada, sin Presupuestos, pero la moral parecía recuperada.

Ni siquiera la dura derrota de María Jesús Montero en Andalucía, hace una semana, apeó a la dirección del PSOE del «hay partido». Ese discurso se mantuvo hasta la víspera del auto judicial. Se apoyaban en que los electores distinguen entre autonómicas y generales; en que, frente a la ventaja de Juanma Moreno, el voto útil no pudo operar pero sí lo haría a escala nacional, cuando toque, ante un Vox con opciones de gobernar; y en el recuerdo del abismo. «Se nos olvida cómo estaba el PSOE hace 10 meses», repetían, dando ya por encajados los casos de Cerdán y del ex ministro José Luis Ábalos y augurando un Alberto Núñez Feijóo «deteriorado» por sus pactos con Vox. «Yo si fuera el PP estaría preocupado», esgrimían en Ferraz la misma noche electoral y pese al batacazo de Montero. «Con mayoría absoluta en Andalucía, en 2023 conseguimos seguir en el Gobierno».

A pesar de la derrota de Andalucía, en Ferraz defendían antes del auto judicial que estaban en condiciones de competir con el PP

Como señalan en el entorno del jefe del Ejecutivo, «nadie convoca elecciones para perderlas» y el presidente sabía que los números no le darían para conservar la Moncloa en 2026, sobre todo, por la debilidad de sus socios de Sumar. Esa es una de las razones por las que rechazó la idea de hacer coincidir las generales con la fecha elegida por Juanma Moreno, el 17 de mayo, con la que sí coquetearon en el PSOE andaluz. Pero los socialistas seguían contado con la posibilidad de que el tiempo jugara a favor del bloque de la izquierda. Ahora, la situación de Zapatero empuja en sentido contrario y lo hace en el terreno más sensible.

Referente progresita

A diferencia de Cerdán o Ábalos, hombres del aparato, el expresidente es un símbolo, un referente histórico para los progresistas, y que la sombra de la corrupción lo alcance golpea donde las crisis anteriores no llegaban. Incluso en el caso de que finalmente no resulte condenado -el juicio en la saturada Audiencia Nacional puede demorarse diez años- o de que se archiven las actuaciones en su contra, el daño a su imagen ya está hecho. Difícilmente podrá volver a participar en un mitin y avalar a Sánchez, como hizo en 2023. En el propio partido muchos creen que es posible que, cometiera delito o no, buscara un beneficio económico para sí y para sus hijas al amparo de su influencia. «Y eso es feo para alguien que viene de la izquierda», admite una dirigente.

La sacudida ha aflorado reacciones diversas en el PSOE. Los más fieles insisten en apuntar a una operación para desalojarlos del poder orquestada por las derechas. Hay también quienes desde el afecto personal salvan al expresidente pero no ponen la mano en el fuego por que obrara bien. Varios exministros que trabajaron con Zapatero se niegan a creer que haya sido capaz de encabezar una organización criminal, aunque deslizan que pudo haber «personas que se acercaran para aprovecharse de su figura» y lo presentan como posible «víctima». Los más prudentes marcan distancia y avisan de que cuestionar la labor de jueces y fiscales es un error. Y entre los cuadros medios hay quien admite un cierto «sentimiento de orfandad».

Los socialistas se enfrentan a otro fin de curso marcado por un tortuoso calendario judicial relacionado con corrupción

El golpe, además, no llega solo. Se suma a un calendario judicial empinado que convierte el final de curso en una prueba de resistencia. El 2 de junio, cuando Zapatero declare ante la Audiencia Nacional —el mismo día en que Sánchez cumple ocho años en La Moncloa tras ganar la moción de censura contra Mariano Rajoy–, arranca una secuencia que incluye, a partir del día 4, la declaración del hermano del presidente en el juicio por su presunta contratación irregular en la Diputación de Badajoz; la sentencia del caso de las mascarillas, que afecta a Ábalos, antes de verano; el informe patrimonial sobre Cerdán, que se espera en las próximas semanas y posiblemente otro informe del a UCO en la causa que salpica a la esposa del presidente. Todo ello, con un PP que no da tregua y prepara una ofensiva sin cuartel en la comisión del Senado sobre la SEPI, y en vísperas del comité federal que el PSOE había convocado el 27 de junio para activar el partido de cara al próximo ciclo electoral.

En La Moncloa, donde reconocen ahora que el auto de Calama es «sólido», piden, sin embargo, calma hasta que Zapatero se explique ante la Audiencia Nacional, e insisten en que, en todo caso, esta sacudida no afectará a la «estabilidad» de la legislatura. Al Gobierno no le faltan razones, a la vista de los precedentes, para creer que los socios aguantarán también esta vez el tirón tras marcar levemente distancias. Otra cosa es cómo saldrá el PSOE de una nueva prórroga.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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