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Cazas españoles. EFE La industria de defensa cuestiona el «campeón nacional» de Indra y alerta del peligro de concentraciónLas pymes reclaman entrar en la fase de diseño y advierten del riesgo de una «soberanía de escaparate» si el gasto acaba en compras exteriores
Miércoles, 25 de febrero 2026, 12:27
... fondos de inversión extranjeros han exhortado a su creación. Todos ellos han repetido el concepto «campeón nacional» y, a continuación, han pronunciado cinco letras: Indra. Unos a favor, otros en contra y otros con reservas. Desde el sector nacional -casi medio millar de firmas- rechazan la idea «tanto grandes como pequeñas compañías».La empresa más señalada en ese debate ha sido Indra, dirigida por Ángel Escribano desde enero de 2025 tras la salida de Marc Murtra. En esta nueva etapa, la cotizada ha acumulado titulares bajo esa etiqueta, ha protagonizado operaciones corporativas con ese trasfondo y ha concentrado una parte relevante de los Programas Especiales de Modernización (PEM) de Defensa.
Sin embargo, de puertas para adentro, la industria matiza ese liderazgo. El término que emerge de las entrevistas no es «campeón», sino «empresa tractora» o «Tier 1». La diferencia es estructural: mientras el «campeón nacional» evoca concentración de recursos y foco institucional en un solo actor, la «empresa tractora» implica responsabilidad sobre toda la cadena de suministro.
El informe dibuja un «árbol industrial»: el tronco lo forman las grandes compañías, pero las ramas (medianas) y las hojas (pymes) sostienen la innovación y la capilaridad del sistema. No es un matiz menor. El 79,3% de las empresas del sector son pymes, aunque el 20,7 % de grandes compañías concentran el 91,6% del negocio. De ahí la resistencia a un modelo que pueda reforzar aún más esa asimetría.
Entre las recomendaciones figura explícitamente «identificar y materializar sinergias entre grandes empresas tractoras y pymes del sector», apoyándose en los grandes programas. El objetivo no es coronar a un actor, sino articular el ecosistema.
Incluso desde la propia Indra, el discurso recogido en el informe pivota hacia esa idea. Daniel de Lorenzo, director comercial nacional de Defensa, lo formula así: «Como referente y tractor nacional, estamos comprometidos a que ese camino esté basado en la cooperación y la suma de esfuerzos del ecosistema nacional, imprescindibles para ser competitivos y líderes en el nuevo escenario que se está configurando».
El 79,3% del sector de la defensa española está compuestos por pequeñas y medianas empresas
La tensión no es solo conceptual. Bajo la superficie de los anuncios presupuestarios, el informe recoge advertencias severas. Los directivos alertan de que el Ministerio de Defensa, con su estructura actual, «no puede gastar» al ritmo previsto. Señalan la falta de personal cualificado en la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la rigidez de la Ley de Contratos del Sector Público como cuellos de botella que pueden dejar partidas millonarias sin ejecutar. Reclaman mecanismos extraordinarios para agilizar trámites.
En paralelo, aflora fricción en la base industrial. Algunas pymes denuncian que, pese al discurso colaborativo, son sometidas a dinámicas de presión en precios que erosionan márgenes y les impiden participar en fases de diseño, donde reside el valor tecnológico.
Y sobrevuela un temor histórico: el «efecto péndulo». El sector recuerda las etapas de desinversión y teme que el actual auge, ligado al contexto geopolítico, sea coyuntural. Si la tensión internacional se relaja, advierten, el ajuste podría ser abrupto.
A ello se suma otro riesgo: que la urgencia operativa obligue a comprar fuera -especialmente vía programas estadounidenses- y que el incremento presupuestario no se traduzca en fortalecimiento real de la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa.
En definitiva, más que un campeón nacional, la industria reclama planificación sostenida, capacidad administrativa para ejecutar el gasto y un modelo que consolide un sistema completo. No una coronación, sino una estructura duradera.
Falta talento
Pero el desafío más inmediato no es tecnológico ni burocrático, sino humano. El informe estima que será necesario incorporar en torno a 15.000 nuevos profesionales -principalmente ingenieros y técnicos superiores- en los próximos cinco años para ejecutar los contratos previstos.
La presión ha abierto una «guerra por el talento» en dos frentes. En el exterior, crece el riesgo de fuga hacia países como Alemania o Francia, que también han elevado su gasto en Defensa y ofrecen mejores salarios. En el interior, las pymes temen que las grandes corporaciones concentren la captación de perfiles cualificados y descapitalicen la base industrial.
15.000 nuevos profesionales
es la demanda estimada por parte del sector para los próximos años
El reto no es solo salarial. Persiste una «barrera cultural» entre parte de los jóvenes a vincular su carrera con la Defensa, lo que obliga a reforzar su imagen como industria tecnológica avanzada. A ello se suma una brecha de género estructural -las mujeres representan el 20,6% del empleo- que el sector necesita cerrar con urgencia para cubrir vacantes.
El incentivo es alto: cada empleo directo en Defensa genera aproximadamente tres indirectos y el nuevo ciclo inversor está consolidando corredores industriales más allá del eje Madrid-Andalucía, con comunidades compitiendo por atraer centros tecnológicos.
España dispone de presupuesto, necesidad estratégica y empresas. El riesgo, advierten las compañías, es que la ejecución se frene por falta de talento o por ausencia de una estrategia integradora.
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