No es cosa tuya, hay muchos motivos para quejarse del automóvil modernoGenerada por IA
A mediados de la década de 2020, los problemas se acumulan a raíz de la crisis de 2008 y todo lo que ha ido detrás de la misma. La presión sobre el automovilista desemboca fácilmente en hastío, seguro que lo has notado.
Es muy posible que si estás leyendo esto, tengas alguna frustración de las que voy a enumerar. No te preocupes, que seguramente no eres el único. Crees que hubo épocas mejores y que hoy día hay muchas averías en el sector. Posiblemente tu principal frustración sea de tipo económico.
Por un lado, el combustible está en niveles de precio completamente absurdos. Tendemos a acordarnos de cuando el gasóleo era más barato que la gasolina y era sinónimo casi seguro de ahorro: menos litros, y a menor precio. Pero las principales gasolineras abanderadas tienen el litro de gasóleo 2 euros, y las low cost a 1,8 euros. Según dónde vivas, puede ser un poquito menos.
El «euro y medio», antaño visto como un atraco a mano armada, nos ilusionaría verlo más que una botella de cerveza fría en medio del desierto tras días sin beber. Ahora, llenar el depósito de un Opel Corsa en reserva roza los 80 euros, y como hablemos de un trasto con depósito grande, al que le entren 60 litros en reserva, unos 120 euros. Y si siempre echas 20 euros, vas a la gasolinera día sí y día también.
Los efectos de los conflictos bélicos en la industria del crudo tardarán años en dejarse atrás
Los precios de los coches se han vuelto cuánticos, al menos tenemos la seguridad de que se encuentra entre el precio online y el recomendado, dependiendo de la financiación, la fase lunar y las líneas de las manos que nos lean en el concesionario
Inflación muy por encima de los salarios
Además, tienes la percepción de que los coches se han vuelto demasiado caros. La oferta por debajo de 10.000 euros es inexistente en coches nuevos, y por debajo de los 20.000 hay muy poco que rascar. Incluso los modelos más humildes, como el Fiat Tipo (con más de 10 años en el mercado), el Dacia Sandero o el SEAT Ibiza nos parecen caros en relación a lo que ganamos.
Las culpas hay que repartirlas entre mucha gente: el que paga una ajustada nómina, el que retiene más impuestos y eleva alquileres, el que sube los precios de los coches (por varias razones), financieras, aseguradoras... Y en algunos casos, pagar el coche no implica que todo lo que lleva sea tuyo (algo puede ir bloqueado con suscripción o pago único adicional), e incluso que te aparezca publicidad conduciendo o al arrancarlo.
Por ejemplo, la Unión Europea es la culpable de que se hayan encarecido los coches por la mayor cantidad de sistemas de seguridad activa, pero según el modelo la percepción no es mayor seguridad, es un festival de pitidos y distracciones que, para evitarlos, hay que proceder a un ritual diario de desactivación. No te sientes más seguro, incluso puedes sentirte estafado.
EBRO parece, Chery es
La plaga bíblica de los SUV
En el día a día empiezas a ver SUV chinos por doquier. Ya te reventaba estar viendo constantemente los SUV en la carretera, y ahora encima muchos son chinos. Profieres maldiciones hacia sus dueños por múltiples motivos. Crees que el diseño tocó techo hace años y que la mayoría de los coches son iguales. Algunos ni siquiera sabes de qué marca son, pero tampoco te importa, no te lo comprarías nunca.
¿Por qué esta invasión? ¿Es que la Unión Europea está siendo demasiado permisiva? ¿Los compra gente que no puede permitirse otra cosa? ¿Se está creando un problema de Seguridad Vial para el futuro? ¿Los fabricantes occidentales se están suicidando? ¿Forma todo parte de un plan maestro perpetrado por acariciadores de gatos fumando puros? ¿Son coches de verdad? ¿A qué huelen las nubes?
Vale, a veces haces un ejercicio de empatía y llegas a la conclusión de que a veces no queda más remedio que comprar un SUV. Las alternativas han desaparecido o no son atractivas, baste comprobar la cantidad de modelos de tipo berlina, sedán, compacto, familiar, monovolumen, todoterreno, deportivo o descapotable que se han desvanecido como lágrimas en la lluvia. Casi todo lo que se vende es SUV o crossover, pero menos mal que no nos ha dado por la tontería de los pickup.
Y claro, como los coches son cada vez más caros, también lo son los repuestos. Vas a pedir a recambios una simple bombilla de cruce H11 y te clavan 24 euros. Algunos espejos retrovisores pueden costar 1.000 euros, sobre todo como lleven cámaras, antideslumbramiento automático, desempañador y aviso de ángulo muerto. Pobre de ti como se estropee o rompa la pantalla curva en 4D y 4k que preside tu salpicadero, la aseguradora puede declarar tu coche como un siniestro total, aunque esté a todo riesgo.
Puede que eches de menos épocas de mayor sencillez, y que no tengas miedo a que una mala actualización de software implique grúa y el coche parado en el taller un par de semanas porque no saben cómo meterle mano ni en el servicio oficial. Quieres que las cosas funcionen, y punto, sin tener que pensar en si hay lag (funcionamiento ralentizado), ni qué versión tienes, ni que se «cuelgue», y tener las funciones a mano con un botón. Los menús para los restaurantes.
Como nos pongamos a hablar de coches eléctricos, se liará la de Troya. El teléfono móvil hinchado cual obeso mórbido a aplicaciones para cargar, cada una con datos personales y de pago, que si la autonomía, que si la degradación de las baterías, que si hace falta una ingeniería para comprender la ficha técnica... y tú sin un punto de recarga propio porque las plazas de garaje se inflan de precio como se inflan los pisos. Si los miras de lejos, puedes creer que se incendian o se quedan sin carga en las cunetas. Tranquilo, tiene solución, y consiste en informarse.
Puede que el coche más odiado que circula por las carreteras sea un SUV eléctrico chino y encima en color blanco, provocando la ira, la furia y la desazón
Un partidazo de los años 90 como coche de uso diario, no para coleccionar. El chiste se cuenta solo...
El maravilloso mundo del coche usado
En el caso de que hayas llegado a la conclusión de que un coche nuevo no es para ti, ya sea porque te produzcan rechazo o porque tu bolsillo te diga que es misión imposible, el mercado de usados sea tu primera elección. Cerramos un tomo de frustraciones y abrimos otro diferente, sobre todo como sea un coche que te gusta muy mucho: ¿se le ha ido la gente la olla con los precios?
Incluso un vetusto, antediluviano, atávico y carpetovetónico Renault 19 Adagio con motor asmático puede estar a la venta por casi 1.500 euros, considerando que un coche así, aunque esté en condiciones de desfilar en un Concours d'Elegance, no debería costar ni la mitad de eso, y siendo generoso. La chatarra nunca ha estado más sobrevalorada. Wallapop está inundada de «clásicos imprescindibles» con más kilómetros o zurra que la nube de Goku, pero a precios de Bonhams.
La búsqueda de un buen coche que no tenga cuentas pendientes ni un precio inflado es como un campo de minas, o buscando un símil más moderno, es peor que Tinder. Hay que hacer un descarte profundo en función de las red flags que van apareciendo, y se cumple la norma de oro: si parece demasiado bueno para ser verdad, no lo será, o es un modelo famoso por dar problemas a sus dueños.
Imagen ficticia del director general de la DGT, Pere Navarro
Salteadores de caminos, pero sin Curro Jiménez
Y si nada de eso te indigna, hay que introducir otro actor en escena. Superados todos los problemas anteriores, o al menos convertidos en soportables, tenemos a la DGT y entes autonómicos con competencias transferidas. Entre el BOE, los agentes, las cámaras, los drones, los radares, los vehículos camuflados y «ponemultas» diversos, hay que llevar la mano constantemente en la cartera, como en el Metro de Barcelona.
Pere Navarro va a estar más tiempo en activo que Jordi Hurtado, al paso que vamos
Si has llegado hasta aquí, habrás visto que hay algo de realidad en la exageración, y que un clima desfavorable y desapacible puede darnos la sensación de que todo tiempo pasado era mejor, pero no necesariamente fue así. La mayoría de los coches que nos han hecho babear son el producto de burbujas económicas mezcladas con genialidad y ganas de arriesgar, y ahora no hay ni una cosa, ni la otra.
En distintos momentos del pasado encontraremos periodos de hartazgo sobre el diseño, inflación que afectaba a la asequibilidad, introducción de normas que causaban más incomodidad que beneficio percibido, incrementos inesperados del combustible por eventos que pasaban en zonas ignotas del mundo, la llegada de fabricantes «nisupu» que inundan el mercado con su producto o el incremento de la complejidad técnica.
Pasados 50 años, conviene recordar cómo era la España de los años 70, y que un domingo de agosto podía estar nevado el Alto de Navacerrada. Mi abuelo os lo cuenta...
No, cualquier tiempo pasado no fue mejor
Ahora mismo dudo que fuésemos felices circulando por la España de los 70, con un parque móvil e infraestructuras que no querría ahora mismo ni Senegal, y una siniestralidad comparable a una mala partida al «Lemmings». Considerando 33,8 fallecidos por cada 10.000 vehículos a motor (dato de 1970), extrapolando eso al parque y población actual, España perdería más de 120.000 almas anuales, equivalentes a más del aforo completo del Camp Nou o un Santiago Bernabéu y medio.
A principios de los 90, se mataban en la carretera más de 10.000 personas al año en España
También me parece relevante hablar de la era del malestar estadounidense, malaise era, de principios de los 70 a mediados de los 80: inflación disparada, extinción de casi cualquier coche divertido y prestacional, pérdida masiva de potencia, invasión de «coches de juguete» japoneses, racionamientos de gasolina y a un precio elevado, normas de seguridad y emisiones que pusieron patas arriba el mercado y un retroceso inédito en términos de diseño, entre otras cosas. Hasta el Ford Mustang pasó a ser un coche con tanta testosterona como el brócoli al vapor y sin aliñar -pero se vendió como nunca.
Es cierto que a partir de esa década, la de 1970, las crisis económicas se han vuelto como bumeranes, van y vienen, y que han traído con ellas desigualdad, desindustrialización, pesimismo, pérdidas de poder adquisitivo por inflación y un largo etcétera. La crisis de 2008 ocurrió hace 18 años y nunca terminamos de recuperarnos de sus efectos, y los gurús ya avisan de que nos preparemos para otra más.
Tanto tener un coche como una vivienda propia se está convirtiendo en una quimera para los españoles más jóvenes. Imagen: Freepik
Pero romantizar el pasado siempre es un ejercicio carente de honestidad, en la psique humana es más fácil recordar lo bueno que lo malo, se aplica tanto al automóvil como a las ex parejas. Va a ser difícil encontrar un periodo histórico en el que todo el mundo sea feliz, no tenga quejas por nada, puntúe de sobresaliente a los políticos y tenga más alegría en boca que «El Poli Risitas». ¿Eso cuándo ocurrió?
Cada época tiene cosas buenas y cosas malas. En la actualidad, los coches contaminan menos que nunca -algunos, prácticamente nada-, perdonan más errores y reducen sus consecuencias, los fabricantes jamás han competido más que ahora ni han innovado a la misma velocidad, y gozamos de unas infraestructuras de ensueño -aunque no se mantengan como deben-. Cruzar España de cabo a rabo a más de 100 km/h de media con seguridad es un LUJO.
Las cosas malas no siempre están conectadas ni están orquestadas con precisión suiza por los poderes ocultos, es una mezcla de casualidad, aleatoridad, caos y oportunidad. Las cosas buenas tampoco, y las raíces son las mismas. Seguro que hay alguien que está leyendo esto y ha pensado que no ha sido más feliz con su coche actual y la época que vive, y es que el punto de vista siempre determina cómo sale la foto.
La industria del automóvil está fatal (pero no es nada nuevo)
A mediados de la década de 2020, los problemas se acumulan a raíz de la crisis de 2008 y todo lo que ha ido detrás de la misma. La presión sobre el automovilista desemboca fácilmente en hastío, seguro que lo has notado.
No es cosa tuya, hay muchos motivos para quejarse del automóvil moderno - Generada por IAJavier Costas
Es muy posible que si estás leyendo esto, tengas alguna frustración de las que voy a enumerar. No te preocupes, que seguramente no eres el único. Crees que hubo épocas mejores y que hoy día hay muchas averías en el sector. Posiblemente tu principal frustración sea de tipo económico.
Por un lado, el combustible está en niveles de precio completamente absurdos. Tendemos a acordarnos de cuando el gasóleo era más barato que la gasolina y era sinónimo casi seguro de ahorro: menos litros, y a menor precio. Pero las principales gasolineras abanderadas tienen el litro de gasóleo 2 euros, y las low cost a 1,8 euros. Según dónde vivas, puede ser un poquito menos.
El «euro y medio», antaño visto como un atraco a mano armada, nos ilusionaría verlo más que una botella de cerveza fría en medio del desierto tras días sin beber. Ahora, llenar el depósito de un Opel Corsa en reserva roza los 80 euros, y como hablemos de un trasto con depósito grande, al que le entren 60 litros en reserva, unos 120 euros. Y si siempre echas 20 euros, vas a la gasolinera día sí y día también.
Los precios de los coches se han vuelto cuánticos, al menos tenemos la seguridad de que se encuentra entre el precio online y el recomendado, dependiendo de la financiación, la fase lunar y las líneas de las manos que nos lean en el concesionario
Inflación muy por encima de los salarios
Además, tienes la percepción de que los coches se han vuelto demasiado caros. La oferta por debajo de 10.000 euros es inexistente en coches nuevos, y por debajo de los 20.000 hay muy poco que rascar. Incluso los modelos más humildes, como el Fiat Tipo (con más de 10 años en el mercado), el Dacia Sandero o el SEAT Ibiza nos parecen caros en relación a lo que ganamos.
Las culpas hay que repartirlas entre mucha gente: el que paga una ajustada nómina, el que retiene más impuestos y eleva alquileres, el que sube los precios de los coches (por varias razones), financieras, aseguradoras... Y en algunos casos, pagar el coche no implica que todo lo que lleva sea tuyo (algo puede ir bloqueado con suscripción o pago único adicional), e incluso que te aparezca publicidad conduciendo o al arrancarlo.
Calcula ahora el precio de tu seguro de coche
Calcula tu precio online
Por ejemplo, la Unión Europea es la culpable de que se hayan encarecido los coches por la mayor cantidad de sistemas de seguridad activa, pero según el modelo la percepción no es mayor seguridad, es un festival de pitidos y distracciones que, para evitarlos, hay que proceder a un ritual diario de desactivación. No te sientes más seguro, incluso puedes sentirte estafado.
EBRO parece, Chery es
La plaga bíblica de los SUV
En el día a día empiezas a ver SUV chinos por doquier. Ya te reventaba estar viendo constantemente los SUV en la carretera, y ahora encima muchos son chinos. Profieres maldiciones hacia sus dueños por múltiples motivos. Crees que el diseño tocó techo hace años y que la mayoría de los coches son iguales. Algunos ni siquiera sabes de qué marca son, pero tampoco te importa, no te lo comprarías nunca.
¿Por qué esta invasión? ¿Es que la Unión Europea está siendo demasiado permisiva? ¿Los compra gente que no puede permitirse otra cosa? ¿Se está creando un problema de Seguridad Vial para el futuro? ¿Los fabricantes occidentales se están suicidando? ¿Forma todo parte de un plan maestro perpetrado por acariciadores de gatos fumando puros? ¿Son coches de verdad? ¿A qué huelen las nubes?
Vale, a veces haces un ejercicio de empatía y llegas a la conclusión de que a veces no queda más remedio que comprar un SUV. Las alternativas han desaparecido o no son atractivas, baste comprobar la cantidad de modelos de tipo berlina, sedán, compacto, familiar, monovolumen, todoterreno, deportivo o descapotable que se han desvanecido como lágrimas en la lluvia. Casi todo lo que se vende es SUV o crossover, pero menos mal que no nos ha dado por la tontería de los pickup.
Y claro, como los coches son cada vez más caros, también lo son los repuestos. Vas a pedir a recambios una simple bombilla de cruce H11 y te clavan 24 euros. Algunos espejos retrovisores pueden costar 1.000 euros, sobre todo como lleven cámaras, antideslumbramiento automático, desempañador y aviso de ángulo muerto. Pobre de ti como se estropee o rompa la pantalla curva en 4D y 4k que preside tu salpicadero, la aseguradora puede declarar tu coche como un siniestro total, aunque esté a todo riesgo.
Puede que eches de menos épocas de mayor sencillez, y que no tengas miedo a que una mala actualización de software implique grúa y el coche parado en el taller un par de semanas porque no saben cómo meterle mano ni en el servicio oficial. Quieres que las cosas funcionen, y punto, sin tener que pensar en si hay lag (funcionamiento ralentizado), ni qué versión tienes, ni que se «cuelgue», y tener las funciones a mano con un botón. Los menús para los restaurantes.
Como nos pongamos a hablar de coches eléctricos, se liará la de Troya. El teléfono móvil hinchado cual obeso mórbido a aplicaciones para cargar, cada una con datos personales y de pago, que si la autonomía, que si la degradación de las baterías, que si hace falta una ingeniería para comprender la ficha técnica... y tú sin un punto de recarga propio porque las plazas de garaje se inflan de precio como se inflan los pisos. Si los miras de lejos, puedes creer que se incendian o se quedan sin carga en las cunetas. Tranquilo, tiene solución, y consiste en informarse.
Un partidazo de los años 90 como coche de uso diario, no para coleccionar. El chiste se cuenta solo...
El maravilloso mundo del coche usado
En el caso de que hayas llegado a la conclusión de que un coche nuevo no es para ti, ya sea porque te produzcan rechazo o porque tu bolsillo te diga que es misión imposible, el mercado de usados sea tu primera elección. Cerramos un tomo de frustraciones y abrimos otro diferente, sobre todo como sea un coche que te gusta muy mucho: ¿se le ha ido la gente la olla con los precios?
Incluso un vetusto, antediluviano, atávico y carpetovetónico Renault 19 Adagio con motor asmático puede estar a la venta por casi 1.500 euros, considerando que un coche así, aunque esté en condiciones de desfilar en un Concours d'Elegance, no debería costar ni la mitad de eso, y siendo generoso. La chatarra nunca ha estado más sobrevalorada. Wallapop está inundada de «clásicos imprescindibles» con más kilómetros o zurra que la nube de Goku, pero a precios de Bonhams.
La búsqueda de un buen coche que no tenga cuentas pendientes ni un precio inflado es como un campo de minas, o buscando un símil más moderno, es peor que Tinder. Hay que hacer un descarte profundo en función de las red flags que van apareciendo, y se cumple la norma de oro: si parece demasiado bueno para ser verdad, no lo será, o es un modelo famoso por dar problemas a sus dueños.
Imagen ficticia del director general de la DGT, Pere Navarro
Salteadores de caminos, pero sin Curro Jiménez
Y si nada de eso te indigna, hay que introducir otro actor en escena. Superados todos los problemas anteriores, o al menos convertidos en soportables, tenemos a la DGT y entes autonómicos con competencias transferidas. Entre el BOE, los agentes, las cámaras, los drones, los radares, los vehículos camuflados y «ponemultas» diversos, hay que llevar la mano constantemente en la cartera, como en el Metro de Barcelona.
Si has llegado hasta aquí, habrás visto que hay algo de realidad en la exageración, y que un clima desfavorable y desapacible puede darnos la sensación de que todo tiempo pasado era mejor, pero no necesariamente fue así. La mayoría de los coches que nos han hecho babear son el producto de burbujas económicas mezcladas con genialidad y ganas de arriesgar, y ahora no hay ni una cosa, ni la otra.
En distintos momentos del pasado encontraremos periodos de hartazgo sobre el diseño, inflación que afectaba a la asequibilidad, introducción de normas que causaban más incomodidad que beneficio percibido, incrementos inesperados del combustible por eventos que pasaban en zonas ignotas del mundo, la llegada de fabricantes «nisupu» que inundan el mercado con su producto o el incremento de la complejidad técnica.
Pasados 50 años, conviene recordar cómo era la España de los años 70, y que un domingo de agosto podía estar nevado el Alto de Navacerrada. Mi abuelo os lo cuenta...
No, cualquier tiempo pasado no fue mejor
Ahora mismo dudo que fuésemos felices circulando por la España de los 70, con un parque móvil e infraestructuras que no querría ahora mismo ni Senegal, y una siniestralidad comparable a una mala partida al «Lemmings». Considerando 33,8 fallecidos por cada 10.000 vehículos a motor (dato de 1970), extrapolando eso al parque y población actual, España perdería más de 120.000 almas anuales, equivalentes a más del aforo completo del Camp Nou o un Santiago Bernabéu y medio.
También me parece relevante hablar de la era del malestar estadounidense, malaise era, de principios de los 70 a mediados de los 80: inflación disparada, extinción de casi cualquier coche divertido y prestacional, pérdida masiva de potencia, invasión de «coches de juguete» japoneses, racionamientos de gasolina y a un precio elevado, normas de seguridad y emisiones que pusieron patas arriba el mercado y un retroceso inédito en términos de diseño, entre otras cosas. Hasta el Ford Mustang pasó a ser un coche con tanta testosterona como el brócoli al vapor y sin aliñar -pero se vendió como nunca.
Es cierto que a partir de esa década, la de 1970, las crisis económicas se han vuelto como bumeranes, van y vienen, y que han traído con ellas desigualdad, desindustrialización, pesimismo, pérdidas de poder adquisitivo por inflación y un largo etcétera. La crisis de 2008 ocurrió hace 18 años y nunca terminamos de recuperarnos de sus efectos, y los gurús ya avisan de que nos preparemos para otra más.
Tanto tener un coche como una vivienda propia se está convirtiendo en una quimera para los españoles más jóvenes. Imagen: Freepik
Pero romantizar el pasado siempre es un ejercicio carente de honestidad, en la psique humana es más fácil recordar lo bueno que lo malo, se aplica tanto al automóvil como a las ex parejas. Va a ser difícil encontrar un periodo histórico en el que todo el mundo sea feliz, no tenga quejas por nada, puntúe de sobresaliente a los políticos y tenga más alegría en boca que «El Poli Risitas». ¿Eso cuándo ocurrió?
Cada época tiene cosas buenas y cosas malas. En la actualidad, los coches contaminan menos que nunca -algunos, prácticamente nada-, perdonan más errores y reducen sus consecuencias, los fabricantes jamás han competido más que ahora ni han innovado a la misma velocidad, y gozamos de unas infraestructuras de ensueño -aunque no se mantengan como deben-. Cruzar España de cabo a rabo a más de 100 km/h de media con seguridad es un LUJO.
Las cosas malas no siempre están conectadas ni están orquestadas con precisión suiza por los poderes ocultos, es una mezcla de casualidad, aleatoridad, caos y oportunidad. Las cosas buenas tampoco, y las raíces son las mismas. Seguro que hay alguien que está leyendo esto y ha pensado que no ha sido más feliz con su coche actual y la época que vive, y es que el punto de vista siempre determina cómo sale la foto.