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El sector manufacturero español acusó el mes pasado el impacto del conflicto en Oriente Próximo: la actividad fabril se contrajo, disminuyeron los nuevos pedidos y se recortaron plantillas.
Con los mercados cotizando ya el final de la guerra en Irán, aunque ello suponga un cierre en falso del conflicto, el impacto inicial del seísmo geopolítico en Oriente Próximo sobre la actividad económica mundial es tangible y, lo que es peor, dejará secuelas. Aun en el caso de un inminente cese de las hostilidades, parte importante del daño ya está hecho, aunque evidentemente éste sería mucho mayor si la guerra se prolongara. En el actual escenario, la palabra clave es incertidumbre y ésta sigue siendo muy elevada ante la profusión de mensajes contradictorios, encapotando el horizonte.
Con este telón de fondo, al que se añade el notable deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos de Donald Trump y la Unión Europea a cuenta de sus discrepancias sobre la intervención militar, la industria española no ha sido ajena al influjo negativo de la guerra. De hecho, tras un mes de conflicto, el índice PMI del sector manufacturero español se desplomó en marzo hasta los 48,7 puntos, 1,3 menos que en febrero y su registro más bajo desde abril de 2025, según el informe publicado ayer por S&P Global.
En terreno de contracción
La industria española, que ya flaqueaba desde finales del año pasado, vuelve a adentrarse así en terreno de contracción por debajo de los 50 puntos, que es la frontera que separa el crecimiento (por encima de esa cota) del retroceso. Es la tercera vez en apenas cuatro meses.
En otras palabras, "el conflicto en Oriente Medio condujo a una desaceleración de la economía manufacturera de España en marzo", señalan los expertos de S&P Global, que añaden que ese enfriamiento afectó tanto a la producción industrial como a los nuevos pedidos. Todo ello en medio de una fuerte pérdida de confianza, ya que, con independencia de que ese sentimiento pueda mejorar en los próximos días o semanas si el conflicto se apacigua, la incertidumbre a corto plazo sigue siendo muy alta.
"Las empresas se muestran sumamente preocupadas por la perspectiva de una prolongada desaceleración económica mundial ante un repunte de la inflación provocado por el aumento de los precios de la energía", señaló ayer Paul Smith, director económico de S&P Global Market Intelligence. El experto coincide en que "gran parte de las perspectivas siguen dependiendo de cómo se desarrolle el conflicto" y que, por tanto, "una pronta resolución probablemente solo supondría un contratiempo temporal para el sector", pero alerta de que, de momento, "las condiciones empresariales se han deteriorado notablemente".
Y es que no solo han caído la producción y los nuevos pedidos, sino que, además "el empleo disminuyó notablemente", ya que "las empresas están respondiendo a la creciente incertidumbre y a la caída de la cartera de pedidos con un recorte de las plantillas". Además, el sector manufacturero se enfrentó en marzo a un rápido incremento de los costes de sus insumos, cuyos plazos de entrega se vieron, al tiempo, considerablemente ampliados por las interrupciones sufridas en las cadenas de suministro.
Como ya advirtió Coface en un informe el pasado lunes, el rápido encarecimiento de la energía en marzo provocó a su vez una subida vertiginosa de los precios de las materias primas, muchas de ellas críticas para la industria, como los plásticos, el azufre, o el aluminio, sin olvidar su impacto sobre los fertilizantes, vitales para el sector agroalimentario.
La situación en la eurozona
En contraste con España, en el conjunto de la zona euro el índice PMI mejoró hasta los 51,6 puntos en marzo, 8 décimas más que en febrero, afianzándose en zona de crecimiento y registrando su marca más alta desde mediados de 2022. Lo hizo gracias a la recuperación de las industrias alemana e italiana, que se apuntaron sus mejores lecturas en 46 y 37 meses, respectivamente, ya que la francesa se estancó. Esto no significa, sin embargo, que el conflicto en Oriente Próximo no les haya afectado.
De hecho, el fuerte encarecimiento de la energía y de algunas materias primas esenciales como consecuencia del bloqueo del estrecho de Ormuz se ha traducido a su vez en un notable aumento de los precios de los insumos de la industria europea, que en marzo crecieron "al ritmo más rápido desde octubre de 2022", según S&P, que alerta de que los plazos de entrega de los proveedores se dilataron a su mayor cadencia "en más de tres años y medio".
Para Joe Hayes, economista principal de S&P Global Market Intelligence, es obvio que "la guerra en Oriente Medio ya ha dejado su huella en la industria manufacturera de la zona euro", en tanto que "los plazos de entrega de los proveedores se han incrementado fuertemente a medida que los mercados logísticos se reajustan a las interrupciones marítimas". Todo ello aderezado por las subidas del petróleo y la energía, que han propulsado la inflación de los costes de los insumos de las fábricas a su nivel más alto desde finales de 2022.
Para el economista, "lo frustrante" en el actual escenario es que, después de muchos meses en horas bajas, el sector manufacturero europeo había arrancado de forma positiva 2026, "ganando impulso lentamente"; sin embargo, "en marzo vimos cómo parte del impulso inflacionista derivado de la guerra se trasladó directamente al precio final, reduciendo la competitividad de la zona euro, lo que probablemente ejercerá una renovada presión en la demanda".
Esto es, el conflicto dejará secuelas, que serán mayores cuanto más se dilate. Y es que si bien "el crecimiento de la producción manufacturera y de los nuevos pedidos se mantuvo estable en marzo, la expansión fue moderada", por lo que "no haría falta mucho para que disminuyeran los volúmenes de producción y ventas, y este riesgo aumenta claramente a medida que se prolonga la guerra", alerta el informe de S&P Global.
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