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Política

La inocencia del inocente Zapatero

La inocencia del inocente Zapatero
Artículo Completo 730 palabras
Profundiza en la Segunda Guerra Mundial y relee a Borges; como a su autor favorito, cree que todo esto es un mal sueño que le está pasando a otra persona Leer

José Luis Rodríguez Zapatero ha contado durante los últimos días que siempre ha tenido una vocación oculta de periodista. Se imagina en la piel de alguno de los reporteros que cubren su caso y tiene claro el titular de la pieza que queda por escribir y firmaría gustoso en otra vida en algún medio de tirada nacional. Desde su arresto domiciliario, en el que lee y relee el texto de Jorge Luis Borges Borges y yo, aquel que explica que es "al otro Borges a quien le ocurren las cosas", y profundiza en la Segunda Guerra Mundial para distraerse, cuenta que los días se le hacen interminables. Explica que le ocurre como a su autor favorito, que cree que todo esto es un mal sueño que le está pasando a otra persona. Porque el Zapatero que figura en los autos judiciales y que abre los telediarios es un desconocido. Y así vive el día a día, "intentando librarse" de su nueva piel, pasando de "las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo".

Confiesa que ha transitado por momentos en los que lo veía todo perdido, consolándose al pensar que ha sido "un afortunado en la vida, que le ha tratado como a un privilegiado". Y otros en lo que ve muy de cara el proceso al no despejarse la 'X' de quién es la autoridad en la que supuestamente influyó para conseguir el rescate de Plus Ultra. Así son estas cosas de los sumarios, le ha contado su abogado, en quien confía "de manera creciente" y que aplaca su carrusel emocional indicándole que esta carrera por El Pardo es la más larga de todas. Una maratón en la que te ves mal y luego, sin saber por qué, te recuperas.

El periodista de investigación Zapatero hubiera escrito una crónica titulada La inocencia del inocente y sobre esa idea desarrolla a su reducido círculo de confianza que todo lo que le ha ocurrido en el caso que le mantiene como el primer ex presidente investigado de la democracia, es fruto de su ingenuidad. "Una historia basada en la inocencia", en definitiva. Una desgracia involuntaria. Una fatalidad del destino.

Como explicó en su entrevista en TVE, que ha ido aplazando a última hora en varias ocasiones al no sentirse con fuerzas, qué hay de malo en que un ex presidente se gane la vida. Qué hay reprochable en montar una consultora. Qué hay de delictivo en pedir al Santander que le eche una mano a una Plus Ultra que dijo no conocer. O qué se le puede censurar al aceptar el ajuar de una emperatriz, como diría Antonio Lucas, si no va a tener "uso y destino" y "estaba ahí"

Qué hay de negativo en echar una mano a tus hijas. O en abrir las puertas a tu íntimo amigo para que se introduzca en Venezuela con acceso directo a Delcy y haga negocios al más alto nivel. Y, sobre todo, qué puede haber de perseguible en todo esto si, al fin y al cabo, todo fue declarado a Hacienda. Porque, al fin y al cabo, él no tuvo nunca conciencia del delito. "¡Cómo voy a cometer una ilegalidad con mi DNI!", ha clamado en innumerables ocasiones desde que EL MUNDO destapó sus operaciones ocultas el pasado enero, cuando se vio despojado de su imagen de mediador desinteresado y afloró la de comisionista.

No arqueó una ceja cuando este periódico le avanzó que publicaría el contrato del 1% de comisión y aseguró, en febrero, no tener ni idea. Se vino arriba el fin de semana, cuando desde Plus Ultra y el entorno de Julito, vaya con el cuajo de los delatores, le dijeron que podía dormir a pierna suelta. Hasta que Borges se topó de frente con el otro Borges. Con aquel que sufre una traición que de ser cierta nunca cometería y que de ser falsa no le dejaría en paz consigo mismo. Y desde entonces, "vivo, me dejo vivir, para que el otro pueda armar su literatura y esa literatura le justifique". Porque llegados a este punto, como el escritor argentino, Zapatero está "destinado a perderse" y "sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro".

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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