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Carmen Díez de Rivera en una imagen sin datar. R. C.Carmen Domingo
Escritora y filóloga «La inteligencia y la belleza de Carmen Díez de Rivera jugaron en su contra»La biógrafa de la política y europarlamentaria lamenta «el borrado a conciencia de la historia» de la musa de la Transición, hija secreta de Serrano Suñer y mano derecha de Adolfo Suárez
Madrid
Domingo, 22 de marzo 2026, 00:12
... jefa de Gabinete de Adolfo Suárez y europarlamentaria. Hija secreta de Ramón Serrano Suñer, 'cuñadísimo' germanófilo de Franco, no supo que su novio era su hermanastro hasta poco antes de la frustrada boda. «Ha sido borrada de la historia», lamenta su biógrafa, Carmen Domingo (Barcelona, 1970), autora de 'La soledad fue el precio' (Tusquets), biografía ganadora del premio Comillas.–Lo explica en casi 400 páginas pero ¿quién fue Carmen Díez de Rivera?
–Una persona muy inteligente y coherente cuya situación personal le obligó a tomar opciones y una dirección que no hubiera sido la que le tocaba a priori. Ser quien era, venir de donde venía y su agraciado físico la situaron en un plano difuso, llegando a borrarla por completo. Casi nadie sabe hoy quién es. En la serie 'Anatomía de un instante' le ponen cara, pero aparece sirviendo cafés.
–¿Su inteligencia y belleza no le ayudaron?
–En nada. Si hubiera sido fea y bajita, hablaríamos de otra cosa. Su gran belleza y su inteligencia jugaron en su contra. Se volvieron contra ella. No nos permitimos el lujo de reconocer que una mujer guapa sea también inteligente.
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Portada del libro. Tusquets–Tampoco le perdonaron renegar de su clase, su origen aristocrático y de una familia franquista para virar a la izquierda.
–Más que de su clase, renegó de una ideología. Hizo un intento de desclasamiento que no lo fue del todo. Sí lo fue su cambio ideológico, algo frecuente en personas de la izquierda que vienen de familias de derechas.
–Un episodio terrible marca su vida. Se iba a casar y supo que su novio era su hermanastro. Ambos eran hijos de Serrano Suñer y distintas madres. Ella, hija de Sonsoles de Icaza y León, Marquesa de Llanzol, musa de Balenciaga y amante del 'cuñadísimo. ¿Cómo lo asume?
–Mal. Fue muy dramático. Si en plena juventud sabes que algo así torcerá tu vida, a la fuerza cambias tu perspectiva y la relación con quienes te lo han ocultado. Está bien conocer ese episodio, pero la crónica rosa condiciona tanto lo que se sabe de ella, que opaca al personaje público. La poca gente que sabe quién fue se queda en la tragedia sentimental. Pensé que eso no podía determinar su memoria, obviando su trayectoria como política y europarlamentaria. Espero que el libro descubra quién fue.
–¿Supo pasar página de aquel episodio?
–Creo que sí. Pero un acontecimiento como ese condiciona toda una vida. Es lógico el efecto en sus relaciones de pareja y emocionales.
Carmen Díez de Rivera en una imagen promocional. R.C.–¿Ha sido eliminada adrede de nuestra historia reciente?
–Militante y conscientemente. Borrada a conciencia, diría. He leído infinitud de libros sobre la Transición, muchas biografías y memorias, incluso las del rey emérito, por si cometía el error de mencionarla. No lo hace. No es un olvido casual. Ignora a casi todo el mundo según le conviene. Hay más 'yoismo' que memoria. Díez de Rivera conoció a Juan Carlos y a Sofía muy jóvenes y tuvo una buenísima relación con ellos. Confidente del rey, le hizo ver la necesidad de legalizar al Partido Comunista, algo inimaginable en una España con miedo al terror rojo implantado en los 40 años anteriores. La realidad fue todo lo contrario.
«Confidente de Juan Carlos I, fue quien le hizo ver la necesidad de legalizar al Partido Comunista»
–¿Marcó Díez de Rivera la carrera de Adolfo Suárez?
–Mucho. Suárez tampoco le dio el valor que tuvo. Era un señor de un pequeño pueblo llegado de pronto a Madrid. Alcanza la presidencia sin saber coger los cubiertos de forma adecuada en una cena protocolaria. En lo práctico y en lo político, ella fue determinante. Era la única persona de su entorno que hablaba idiomas.
–¿Fue Díez de Rivera quien 'educó' a Suárez?
–En muchos aspectos sí. Sin quitarle méritos, Suárez era un señor con carisma, y por eso estuvo donde estuvo. Pero sin alguien como ella a su lado no hubiera evolucionado como lo hizo.
«Marcó la carrera y 'educó' en muchos aspectos a Adolfo Suárez , quien no reconoció el valor que tuvo»
–¿Qué papel jugó ella en el histórico encuentro entre Carrillo y Suárez que encarriló la denostada Transición?
–Crucial. Me sorprende que la Transición esté tan denostada. Con diferencias abismales y en un contexto político e histórico muy complicado, fueron capaces de consensuar pensando en un bien mayor. Carrillo sabía que se inmolaba renunciando a la bandera republicana y aceptando una monarquía, como se demostró en las elecciones. Aquel consenso trajo una democracia imperfecta que benefició a todos. Esa capacidad de renuncia por un bien mayor es hoy inexistente.
–¿Qué aportó Díez de Rivera?
–Lo más importante. Que se llevara a cabo por completo la Transición. Sin la legalización del Partido Comunista no se hubiera hecho.
–¿Supo que la llamaban la musa liberal de la Transición?
–Sí. Y no lo llevó bien. No le gustaba nada. Lo de musa la sitúa en el imaginario físico y femenino. Le reventaba.
Carmen Domingo, premio Comillas por su biografía de Carmen Díez de Rivera. Lucas Domingo–Pionera en la política ¿qué le deben sus sucesoras?
–Nada conscientemente. Como no se visibilizó su papel, es difícil que sirva de modelo. La invisibilización es tal que el puesto de jefe de Gabinete no lo ha vuelto a tener ninguna mujer hasta hoy. Si no conoces que alguien hizo un papel, te resulta más difícil reclamarlo.
–Murió muy sola, víctima de un cáncer salvaje.
–Sí. Y con pocos amigos. Diría que no murió tranquila. Se dejó la vida en un empeño sin tener ningún reconocimiento.
–¿Hay en España alguna calle o plaza con su nombre?
–No que yo sepa. Debería tenerla.
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