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Oriente Próximo La 'lluvia negra' cubre el cielo de Teherán por los ataques de EEUU mientras Irán empieza a minar el estrecho de OrmuzLa Casa Blanca reitera que el final de la guerra está más cerca y cifra la victoria en una "rendición incondicional" de Irán… "tanto si la reconocen como si no" mientras confirma su voluntad de hacer todo lo posible por liberar Ormuz.
Más información:Trump asegura que la guerra "está casi terminada" pero que no se detendrá hasta que Irán sea "totalmente derrotado"
Guillermo Ortiz Publicada 11 marzo 2026 02:50hLas claves nuevo Generado con IA
El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, aseguró a primera hora del martes que ayer sería el día con los bombardeos "más intensos" desde el inicio de la guerra, algo que ya había anunciado el propio Donald Trump en su rueda de prensa en Florida el día anterior.
"No va a quedar nada de Teherán en pie", afirmó un ciudadano iraní a la BBC, mientras los proyectiles siguen cayendo por todo el país por undécimo día consecutivo y la 'lluvia negra' provocada por el bombardeo a refinerías petrolíferas empapa la ciudad.
Hasta la fecha, Israel y Estados Unidos han alcanzado más de 3.000 objetivos y hundido 51 barcos de guerra, acabando en la práctica, según la Casa Blanca, con la funcionalidad de la Armada iraní.
EEUU traslada parte del escudo antimisiles en Corea del Sur a Oriente Próximo a costa de la disuasión a Pyongyang y PekínSí sigue en pie en torno al 80% de las pequeñas y medianas embarcaciones, que, según la CNN, podrían estar dedicándose a minar el acceso al estrecho de Ormuz para evitar el paso de petroleros.
El control del paso comercial es clave para moderar los precios del crudo y, por lo tanto, la inflación general, una de las grandes promesas de Trump durante la última campaña electoral.
Trump se enfanga en la guerra con Irán reproduciendo errores del pasado y complicándose las elecciones legislativasPor eso, el presidente estadounidense se ha tomado la cuestión como algo personal.
Si el lunes aseguró que estaba dispuesto a escoltar a los petroleros, este martes afirmó lo siguiente en su red social Truth: "Si Irán ha colocado alguna mina en el estrecho de Ormuz —y no tenemos constancia de que lo haya hecho— queremos que las retiren INMEDIATAMENTE".
"Si por cualquier motivo se hubieran colocado minas y no se retiran de inmediato, las consecuencias militares para Irán estarán a un nivel nunca visto. Si, por el contrario, retiran lo que pudiera haberse colocado, será un gran paso en la dirección correcta", sentenció.
Pasados unos minutos, Trump anunció en la misma plataforma que, en las últimas horas, Estados Unidos había "atacado y destruido por completo 10 embarcaciones con minas inactivas, ¡y seguirán otros!". Más tarde, el Comando Central de Estados Unidos aseguró haber destruido "múltiples buques de guerra iraníes" cerca del estrecho de Ormuz, entre ellos 16 barcos minadores.
U.S. forces eliminated multiple Iranian naval vessels, March 10, including 16 minelayers near the Strait of Hormuz. pic.twitter.com/371unKYiJs
— U.S. Central Command (@CENTCOM) March 10, 2026
No obstante, tampoco está claro que minar el estrecho por donde pasa el 20% del comercio mundial vaya a ser un gran impedimento para la circulación.
Según Gregory Brew, analista del Eurasia Group, "las minas son un poco una cortina de humo".
"Sí, Irán puede colocarlas y sí, hacen que navegar por el estrecho sea extremadamente peligroso. Pero, a diferencia de los drones, las minas no se mueven. Y la Armada estadounidense dispone de buques capaces de detectarlas y despejarlas", apuntó Brew.
"Seguimos todavía en la fase de 'amenazar y perturbar' del conflicto", apostilló.
Alí Larijani en una rueda de prensa en Teherán en 2024. Majid Asgaripour/WANA
Amenazas de muerte
En cualquier caso, lo que parece claro es que el régimen iraní no está dispuesto a ceder en nada de lo que le exija Washington.
Alí Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, amenazó este martes a Trump después de que el presidente estadounidense afirmara que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, "no debería dormir tranquilo".
La respuesta de Larijani llegó en X, donde aseguró que Irán no tenía miedo de sus "amenazas vacías" y le puso en guardia: "Ten cuidado, no vayas a ser tú el que desaparezca".
La cabeza de Trump tiene precio en Teherán ya desde 2020, cuando ordenó el asesinato del general Qasem Solemaini, comandante en jefe de la Fuerza Quds.
En 2024, la Guardia Revolucionaria Iraní envió al pakistaní Asif Raza Merchant para organizar un atentado contra el entonces candidato republicano.
Merchant fue detenido en julio de aquel año y está siendo juzgado por un tribunal federal en Brooklyn.
Tanto las amenazas públicas como la propia decisión de elegir al hijo de Alí Jamenei como sucesor del difunto líder pese a las advertencias de la Casa Blanca, dejan claro que Irán no está dispuesto a llegar a ningún acuerdo.
De vez en cuando, desde Washington se filtra que sí, pero no hay evidencia alguna al respecto. Irán está en la guerra total y en fomentar el caos militar y financiero para poner a los aliados de Estados Unidos al límite.
Por lo que hemos visto anteriormente con Hamás y Hezbolá, las dos grandes milicias terroristas dependientes de Irán, no cabe esperar otro camino que la resistencia caiga quien caiga.
Hamás sigue en el poder en Gaza pese a haber perdido a todos sus líderes y haber sufrido intensos bombardeos durante más de dos años.
Hezbolá, muy disminuida en Líbano, sigue en guerra con Israel, pese a todo. No cabe esperar rendición alguna por parte del régimen de Teherán.
¿Cómo verificar la derrota?
En ese contexto, Trump eligió este lunes introducir el término "derrota definitiva" como momento para finalizar la guerra, algo que no se sabe muy bien qué quiere decir.
En palabras de la Casa Blanca, se trataría del momento en el que Irán "se quede sin misiles, sin fábricas que puedan construirlos y sin laboratorios ni uranio que enriquecer, haciendo imposible que fabrique un arma nuclear".
El problema es cómo se verifica eso, más allá de la propaganda. Trump ya dijo que había "aniquilado" el programa nuclear iraní hace tan solo nueve meses. Se ve que no era verdad.
La no definición de un objetivo sirve para poder elegir en cualquier momento, según tu conveniencia, cuándo ha llegado el final de la guerra y, por supuesto, declararte vencedor absoluto.
Es lo que está pasando con Rusia en Ucrania, que entró para cambiar el régimen y "liberar" a los rusófonos y ha acabado celebrando como victorias aplastantes las tomas puntuales de pequeñas aldeas de la región de Donetsk.
Sucedió también con Israel, que nunca supo muy bien por qué bombardeaba Gaza con tanta saña ni tiene claro ahora por qué ha dejado de hacerlo: los mismos terroristas que, desde sus diferentes rangos, colaboraron en la masacre del 7-O siguen gobernando en la Franja.
Las FDI entraron y salieron de las principales ciudades varias veces sin resultados visibles.
Lo único que se ha conseguido es la formación de una Junta de Paz que parece más interesada en construir resorts cerca del Mediterráneo que en explicar cómo va a acabar de una vez con los terroristas, sus túneles, su represión sobre el pueblo palestino y su amenaza constante al vecino.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mira desde el escenario después de pronunciar un discurso ante miembros del Partido Republicano en el Trump National Doral Miami. Reuters
"Grandioso éxito"
Estados Unidos está siguiendo un patrón similar. En rueda de prensa, la jefa de comunicación de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insistió de nuevo en el "grandioso éxito" del ejército norteamericano y en que "los objetivos militares se están cumpliendo a mayor velocidad de la esperada".
Lo que no termina de explicar nadie es cuáles son los objetivos no militares: sabemos que Estados Unidos puede arrasar con bombas Irán como Israel lo hizo con Gaza, pero ¿puede solucionar el problema de raíz, en este caso, la amenaza nuclear?
Leavitt afirmó que, en estas casi dos semanas de guerra, Irán había reducido en un 90% el lanzamiento de misiles balísticos y en un 85% el de drones.
Los datos del CENTCOM son aún más contundentes.
El domingo 1 de marzo, segundo día de la guerra, Irán lanzó 520 misiles balísticos y 850 drones.
El 9 de marzo, fueron 40 y 60 respectivamente, una reducción que en ambos casos se acerca al 95% y que indica, en efecto, que la superioridad militar de EEUU y de Israel es absoluta, algo que ya habíamos imaginado en la operación Martillo de Medianoche de junio.
El asunto es qué hacer con esa superioridad.
Leavitt insistió en que el objetivo era que Irán no dispusiera nunca de una bomba nuclear, pero volvió a no explicar cómo se puede conseguir sin un cambio de régimen.
El actual está lleno de fanáticos religiosos que odian Occidente y que tienen una red de alianzas con Rusia y China que les permitirá reconstruir el país en relativamente poco tiempo. ¿Va a repetir esta operación Estados Unidos cada nueve meses para volver a empezar de cero?
"Rendición incondicional" difusa
Preguntada por cuánto tiempo exactamente le queda a esta guerra —los mercados han reaccionado con alborozo al optimismo de Trump y el crudo bajó este martes hasta los 84 dólares por barril frente a los 95 de hace solo un par de días—, Leavitt volvió a ser ambigua.
Aseguró que la idea original era "de cuatro a seis semanas", pero que las cosas estaban yendo aún más rápido.
Ahora bien, volvió a dejar en manos de Trump el momento de decidir que la victoria era completa y que Irán estaba en situación de "rendición incondicional… tanto si lo reconocen como si no".
Aquí hay una cierta perversión de los términos. La rendición exige un reconocimiento. Nadie puede rendirse por otro.
Aunque no tengan misiles, ni drones, ni plataformas desde las que enviarlas, ni pozos activos de petróleo, ni fábricas de construcción militar, ni plantas energéticas… si los ayatolás se agarran al poder, el problema seguirá ahí.
En otras palabras, ni la derrota será definitiva ni la rendición será tal, aunque la credibilidad de las amenazas se reduzca.
Es necesario apoyar los movimientos opositores para derrocar el régimen y por eso se tanteó al principio a los kurdos. El problema es que esos movimientos opositores, como el propio Trump reconoció el lunes, están demasiado descoordinados.