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La «locura» de Moderna, la orquesta malagueña que hibrida jazz, música sinfónica y flamenco

La «locura» de Moderna, la orquesta malagueña que hibrida jazz, música sinfónica y flamenco
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Israel Fernández, Sandra Carrasco y Lela Soto suman sus voces a más de medio centenar de músicos en el nuevo desafío de Tete Leal, que este martes se estrena en el Cervantes
La «locura» de Moderna, la orquesta malagueña que hibrida jazz, música sinfónica y flamenco

Israel Fernández, Sandra Carrasco y Lela Soto suman sus voces a más de medio centenar de músicos en el nuevo desafío de Tete Leal, que este martes se estrena en el Cervantes

Regala esta noticia Añádenos en Google Israel Fernández y Lela Soto ensayan un tema conjunto, con la dirección de Tete Leal. (Migue Fernández)

Regina Sotorrío

05/10/2026 a las 22:40h.

La cabeza de Tete Leal es una Torre de Babel musical. «Tienes muchas cosas ahora mismo», le dice alguien cuando pasa a su lado. El ... compás se mezcla en su mente con el tempo de unos y el swing de otros. Pero todo suena a la vez y encaja de una manera difícil de explicar. Alrededor de medio centenar de músicos de distinta procedencia integran Moderna, una orquesta que hibrida jazz, música sinfónica y flamenco. Y él es la «argamasa» de toda esta «movida»; un saxofonista, director y compositor capaz de hablar cada uno de esos lenguajes con una fluidez pasmosa. «Aquí lo que estamos haciendo no es otra cosa que mezclar lo que yo soy como músico», explica el malagueño en un descanso de esta «locura» que hoy martes debuta en el Teatro Cervantes.

Unos se aferran a la partitura, otros directamente no la usan. «Hay que hablar a cada uno en su propio lenguaje«, dice Tete Leal

El punto de encuentro es ELCAMM, el Centro de Artes y Música Moderna de Málaga que Tete Leal dirige desde hace años. El aire acondicionado está al máximo, pero él tiene que secarse el sudor de la frente. Vive la música y lo expresa con una energía contagiosa. En el atril reservado al director, Tete Leal toca las palmas, zapatea, gesticula con las manos, con la cara… y da instrucciones precisas a sus músicos. No para quieto. No puede hacerlo. Delante tiene tres agrupaciones en una: a la derecha, la sección viento-metal de una Big Band; a la izquierda, las cuerdas de una orquesta sinfónica; y enfrente, las guitarras flamencas y la percusión. Unos se aferran a la partitura, otros directamente no la usan. «Cada uno tiene su propio lenguaje y hay que hablarle a cada uno en el suyo. Es un poco caos porque para muchos esto es nuevo», cuenta Leal con una sonrisa de emoción.

Para él, en cambio, es normal. Tiene una formación clásica, pero sus inquietudes le llevaron pronto al jazz. Ha liderado combos y big bands, ha tocado el saxofón junto a artistas flamencos y ha hecho incursiones en la música brasileña. «Para fusionar las cosas hay que conocer bien todos los mundos que fusionas. Meterse en los mundos individualmente y después colectivamente», cuenta. Por eso el momento de hacerlo era ahora, cuando ya siente que controla cada uno de los géneros que toca. En el fondo, mantiene Israel Fernández, no hay tantas diferencias entre unos y otros. «La diferenciamos los humanos, pero la música es una misma alma», afirma el cantaor.

Para los músicos está siendo todo un desafío. «Mezclar los dos universos es complicado y genera controversia porque ellos tienen una manera y los flamencos tenemos otra», cuenta el percusionista Sergio Fargas. Y avisa: «Que la gente venga a ver esto porque es una locura». Del otro lado, Elena Ruiz, viola, corrobora esa dificultad: «Nosotros estamos muy metidos en leer la partitura y ellos van por libre». Pero añade: «Es muy enriquecedor, porque todo cuadra. Al final la música va sola siempre».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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