A la sombra de la historia
La más insólita exposición nunca vista en MálagaColección. El salmantino José María del Arco expuso en 1996 su serie de 726 orinales en una muestra que acogió el centro comercial Rosaleda
Regala esta noticia Añádenos en Google 21/07/2026 a las 02:00h.Patrocinado por:
Recuerdo que en mi casa, cuando pequeño, las usábamos a diario. Las llamábamos escupideras, aunque su nombre más preciso es el de orinal, pues para ... eso servían. Mi santa madre las lavaba cada mañana con lejía. En las casas antiguas el aseo personal se realizaba en los propios dormitorios con una jarra, jofaina y toalla. No existían los cuartos de baño tal y como hoy los entendemos. Para las aguas menores y mayores se disponían de unas letrinas -normalmente en el lugar más apartado de la vivienda-. Por la noche no eran aconsejables las excursiones nocturnas al excusado, y más teniendo en cuenta los largos pasillos de las casas burguesas con sus traidoras corrientes de aire. De ahí la necesidad de los orinales, cuya tradición se mantenía todavía en mi casa hace cincuenta años.
Cuando sus amigos iban de viaje buscaban orinales en tiendas, anticuarios, mercadillos, palacios o conventos y se los regalaban. Pepe los iba guardando celosamente en la bodega de su casa del Pinillo hasta que su estrafalaria colección alcanzó las setecientas piezas. Entonces decidió exponerlas. En abril de 1996 se celebró la más singular exposición que jamás vieron los malagueños. Tuvo lugar en el Centro Comercial Rosaleda y Diario SUR publicó un artículo en su última página, el 18 de abril de 1996, con fotografía a color, firmado por Rafael Cortés con el llamativo título 'sentarse a gusto'.
La exposición realizaba todo un recorrido por la historia de la micción y exponía orinales para hombres, mujeres y niños; monjas, curas, obispos y sacristanes; reyes, reinas, damas y criadas... Se reunían un total de 726 piezas fabricadas en hojalata, madera, porcelana, cobre y hasta oro, algunas del siglo XIII, procedentes de veintisiete países diferentes. También los malagueños pudieron admirar orinales de viaje y los famosos dompedros, grandes sillones de madera utilizados antaño por las personas pudientes para recoger sus deposiciones.
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