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Kristi Noem junto a su marido en un rodeo. ReutersSábado, 4 de abril 2026, 00:06
... periodo en que ejerció su cargo tuvo tiempo para manifestar su gusto por disfrazarse de Lara Croft y para hacer gala de su meta humanitaria: la deportación de inmigrantes irregulares. «Estamos limpiando la basura de las calles», dijo con orgullo tras una redada antimigratoria. La muerte de dos ciudadanos a manos de los mercenarios del ICE forzó su cese, lo que no es decir poco en un organigrama gubernamental en el que sus componentes parecen competir en decir y hacer barbaridades, a imitación del jefe, insuperable en ese particular.Aquella foto fue interpretada por algunos como una muestra de su crueldad xenófoba, algo que a ella le importó lo mismo que un pimiento. Pero la vida, ay, es imprevisible y a veces se produce esa simetría mágica que llamamos «justicia poética». Y es que a la señora Noem se le ha colado en su hogar una desgracia cómica -a ella, tan épica- por la vía fotográfica: se han hecho públicas unas imágenes de su marido manteniendo chats sexuales en Internet con mujeres a las que paga por sus servicios, consistentes en soportarle sus alocadas fantasías de travesti, ya que el amante esposo se manifiesta en esos chats disfrazado de mujer, para lo cual se vale del recurso rudimentario de colocarse dos enormes globos bajo una camiseta muy ceñida, sin descuidar un ingenioso toque artístico: los nudos de los globos simulan los pezones.
Tras la difusión de esa afición y de esas fotografías, la belicosa señora Noem, paladina del movimiento MAGA, ha declarado estar «devastada», lo que no deja de resultar conmovedor en una sociópata que ha arrastrado al dolor, cuando no al horror, a millares de personas. Para paliar esa devastación, ha pedido al pueblo norteamericano que rece por su familia, aunque sin especificar si el marido sigue incluido en la unidad familiar o es ya un migrante de ella.
En uno de sus chats picantes, el marido travestido le preguntaba a su interlocutora: «¿Me pongo unos leggings?». Y, bueno, cada cual puede hacer con su imagen lo que quiera, pero, si está usted leyéndome, señor Noem, le daría un consejo: de momento no parece que sea lo más conveniente, pero si finalmente decide ponérselos, no use los de su mujer, porque igual se los ensancha y a ella le cae mal.
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