¿Qué necesidad tiene el Partido Popular de entrar al trapo de la moción de censura, o incluso de la cuestión de confianza, si puede tocar la lira mientras arde el «sanchismo» en el fuego lento de la UCO? ¿Qué urgencia puede tener Génova en desviar la atención un solo milímetro de Ferraz y Moncloa, si nada hay que pueda hacer para imponer su voz sobre el ruido de las sirenas que ensordecen al PSOE? ¿Qué argucia táctica de Feijóo puede darle la puntilla a Sánchez en plena ciclogénesis explosiva de investigaciones judiciales?
La respuesta es la misma para las tres preguntas: ninguna.
La legislatura no va a descarrilar. No aún, en todo caso. De Game Over, nada. Pero el PSOE sufre su mayor crisis en ocho años ocho, que ahora se cumplen. Al calvario moral y sentimental del caso Zapatero se unió ayer el shock político y orgánico del caso Leire, con todas sus ramificaciones a cuestas: de Cerdán a la empresaria Carmen Pano y de la SEPI al factótum andaluz Zarrías. Y hoy debuta con picadores en la Audiencia Provincial de Badajoz el «hermanísimo» David Sánchez.
El equipo de Alberto Núñez Feijóo ha entendido que le toca hacer tres cosas: invocar un cambio político regenerador para el futuro, comer palomitas y esperar. Todo movimiento en falso está de más. La tentación de llenarse de balón y machacar al Gobierno a comparecencias y debates parlamentarios está ahí de nuevo, pero esta vez Génova no pica el anzuelo. Cree que lo mejor es que los socialistas se recuezan en su propio caldo judicial. De moción, nada. De pasarse de frenada, nada. Sólo pedir elecciones. Y señalar a los socios. Y aguardar.
Este es el análisis que hacen para EL MUNDO fuentes de la dirección de Génova: «Políticamente, esto ya está visto para sentencia. Ya no pueden ganar este partido. O cae Sánchez o caen todos: él y sus socios. No hay más. Queremos elecciones, sí, pero si no las hay, esta degradación va a acrecentar la brecha entre la ciudadanía y el Gobierno. Cada día que pase, será peor. Que sigan, que sigan. La marca PSOE ya causa rechazo a los electores. Ya hemos tumbado dos ministros [Pilar Alegría en Aragón y María Jesús Montero en Andalucía] y los siguientes van a ser Diana Morant [en la Comunidad Valenciana] y Mónica García [en Madrid]. Y va a caer Emiliano García-Page [en Castilla-La Mancha], si esto sigue. No vemos posibilidad de una remontada del PSOE, más bien al contrario».
Entonces, ¿qué va a hacer el PP? La mayor urgencia de Feijóo es esperar, en la más fiel escuela tancredista de Rajoy. «Tenemos tiempo hasta las municipales. No vamos a perder ni un alcalde».
Queda el caso Hidrocarburos, la SEPI, el hermano, Begoña, Zapatero... No vamos a precipitarnos, vamos a leer el momento político, vamos a intensificar el desgaste y vamos a colectivizarlo en los socios. El foco no está en lo que haga el Partido Popular, sino en cómo los socios se desmarcan», explican en el equipo directo del líder de la oposición.
Ver, oír y no callar. Pero al trantrán. Sin exageraciones dialécticas ni tácticas. Ése es su plan. Todo lo que no sea eficaz, genera ansiedad en el electorado... y el enfado cotiza más al alza en Vox que en el PP. Sobre todo, en Cataluña y el País Vasco, que son los dos grandes objetos de deseo electoral de Feijóo. Hay que recordar que el bloque de Sánchez le sacó 14 diputados a la derecha en Euskadi y 32 en las cuatro provincias catalanas. La derecha necesita recortar cuatro en ambas comunidades para garantizarse sumar la mayoría en las próximas generales.
Por eso el PP señala al PNV y a Junts. Porque su apoyo a la moción de censura es hoy por hoy una quimera, y porque en Génova huelen cierta debilidad a largo plazo. «En Cataluña y el País Vasco hay un desgaste de los socios de centroderecha» de Sánchez, añaden las fuentes. «El PNV tiene un problema con EH Bildu y Junts, con Aliança Catalana. Hasta Rufián está incómodo. Que sigan», aguijonean en Génova.
Vox presiona porque prefiere que caiga Feijóo antes que Sánchez, pero a los populares ni siquiera les merece la pena exigir la comparecencia en el Congreso de los Diputados del presidente del Gobierno. Ni en el Senado, tan baqueteado ya (hoy comparece el perito judicial que investigó las cuentas y el rescate de Plus Ultra). «No vamos a pedir la comparecencia. Ni la cuestión de confianza. Las estrategias no se cuentan, se ejecutan, pero estamos encantados de que los socios caigan con él. O cae Pedro Sánchez solo o caen todos agarrados con él, y nos vendría muy bien».
Aunque al final, el futuro no es lo que pasa, sino lo que haces.